Coronavirus: los cantantes líricos quieren ser escuchados

Espectáculos

Diálogo con Gustavo López Manzitti sobre el grave cuadro de situación y la unión que han formado. La ópera, el género más golpeado, se debate contra la falta de respuestas en ámbitos públicos y privados.

Richard Wagner definió a la ópera como la “obra de arte total” ya que integra en sí el resto de las otras artes, música, teatro, poesía, pintura, danza y, en los últimos años y según la puesta, también cine. Pero, justamente por esa complejidad, una catástrofe como el coronavirus la afectó más que a todas las demás. A diferencia del teatro de prosa, no puede pensarse en la representación de una ópera en streaming (más allá de ver videos de viejas funciones, lo que se hizo siempre).

La pandemia, en consecuencia, tuvo efectos más fuertes entre los cantantes líricos, que son artistas contratados para funciones específicas y no cuentan, como los músicos de orquestas o coros estables, con salarios garantizados.

Gustavo López Manzitti, uno de los tenores más prominentes de nuestro medio, estaba por viajar a México en marzo para cantar “Tristán e Isolda” cuando sobrevino el virus. Dialogamos con él:

Periodista: ¿Qué otros contratos tenía, en el país y en el exterior, para el resto del año?

Gustavo López Manzitti: Hubiera sido un año interesante artísticamente. De las propuestas confirmadas, además del “Tristán” en México y algunos conciertos, tenía “Aida” en Brasil, dos “Tosca”, una en los EE.UU. y la otra en el Colón, donde también cantaría “El oro del Rin”.

P.: ¿Sus contratos fueron honrados por las instituciones que lo contrataron?

G.L.M.: No en todos los casos, y las comunicaciones fueron variadas o no existieron. Por ejemplo, de México me dijeron que planeaban reprogramar “Tristán” para enero de 2021. El Teatro Colón me envió sendos e-mails que otros colegas también recibieron, declarando que tuvieron que tomar la difícil decisión de no realizar la producción tal y cual, y que en la medida de lo posible se irían reprogramando esos títulos pero que todo es muy incierto. De los otros lugares aún no tuve noticias. De todas formas es oportuno aclarar aquí un punto referido a nuestros contratos en la Argentina: salvo contadas excepciones, no están disponibles para la firma hasta poco tiempo antes de iniciar la producción de que se trate, o durante la misma, o incluso luego de haber cantado las funciones. Es lo habitual, y lo que también contribuye a dejarnos sin derecho a reclamo. Estamos siempre en una suerte de limbo contractual. Los cantantes recibimos propuestas para cantar algunas óperas o conciertos, y, haciendo referencia al término que utilizó en la pregunta, las honramos: invertimos tiempo y dinero en estudiar y preparar los roles y reservamos los períodos para ensayos y funciones. Durante estos períodos estamos “a disposición” del teatro, lo cual vuelve imposible realizar otra actividad que nos genere algún ingreso. De ahí en más, cuándo firmaremos los contratos y, peor aun, cuándo los cobraremos, son parámetros que están librados a indescifrables azares burocráticos. Entretanto seguimos pagando nuestro monotributo, trabajemos o no, además de ingeniárnoslas para, entre otras cosas, vivir.

P.: Las repeticiones de espectáculos online que hace el Colón en su website, ¿les generan a los artistas algún porcentaje?

G.L.M.: Ninguno en absoluto. Cuando firmamos contratos para ese teatro estamos aceptando la cláusula que le otorga al Colón todos los derechos de reproducción de nuestros trabajos, así como el uso discrecional de nuestra imagen y nombres.

P.: ¿Cuál fue la conducta de otros teatros líricos en el mundo, con respecto a sus contratados?

G.L.M.: Diversas. Me comentaba el tenor argentino Santiago Ballerini que en EE.UU., por ejemplo, la American Guild of Musical Artists (AGMA), unión que representa a los artistas de Opera, Coro y Danza de ese país, ha hecho muy poco por ayudar a que se mantuvieran los contratos artísticos. Ateniéndose a la cláusula de force majeure, presente en estos contratos y avalada por AGMA, la mayoría de los teatros canceló y no pagó a los solistas. La Metropolitan Opera House hizo lo mismo y también dejó de pagar a los cuerpos artísticos preservándoles sólo los seguros médicos. Pero está el caso del barítono argentino Fabián Veloz, que tiene contratos en Hong Kong y Chicago, cuyas producciones aparentemente se llevarán a cabo.

P.: Ustedes han formado una primera agrupación formal de cantantes líricos en el país, algo que no tiene antecedentes. Cuéntenos cómo se produjo.

G.L.M.: Hubo un antecedente por los ’90 de una asociación que se llamó ACLA, Asociación de Cantantes Líricos Argentinos, que no prosperó. El movimiento actual surgió a causa de la situación de pandemia, que puso de manifiesto nuestro estado de indefensión. Estado que existe desde siempre entre los cantantes líricos, particularmente en la Argentina. Surgió específicamente de la pregunta de un cantante: ¿y ahora qué hacemos? Y a ésa fuimos uniéndonos varias voces. No somos una asociación ni tenemos alguna clase de estatus de agrupación formal por el momento; no somos representantes o delegados de nadie. Y su pregunta toca plenamente el núcleo de un asunto discutido constantemente, ¿qué define a un cantante lírico como tal? Podría extenderme sobre esto, y la única conclusión sería que el segmento de la población argentina que se dedica a esto es muy numeroso, riquísimo en posibilidades y sumamente heterogéneo, lo que debería constituir un orgullo y ser alentado. Pienso, por caso, en los cantantes jóvenes talentosísimos, en la formación de varios de los cuales estoy involucrado, en cuánto invierten en su futuro, y me gustaría que pudieran estudiar y trabajar en mejores condiciones que aquéllas en las que venimos haciéndolo desde hace mucho. El imaginario popular nos suele ver como seres encaramados al pináculo de la fama, cobrando sumas millonarias, y esa percepción es totalmente errónea. Muy pocas veces se nos ve como lo que somos, trabajadores, profesionales. Necesitamos entidad y derechos, poder negociar contratos justos, establecer claramente las condiciones mínimas necesarias para el desarrollo de nuestro trabajo, la ausencia de todo lo cual provoca que pasemos por situaciones como la actual. Para plasmar esos objetivos y llevarlos a cabo necesitamos unirnos.

P.: ¿Planean alguna forma de espectáculos por la misma vía?

G.L.M.: Es una posibilidad que venimos sopesando. Pero las características especialísimas del espectáculo de ópera, y también de la actividad concertística, vuelven imposible en estos momentos la presentación online a tiempo real, al menos hasta que se flexibilice la cuarentena y se dicten protocolos para reuniones. No es factible grabar videos con intérpretes conectados desde diferentes lugares a causa de la falta de sincronización inherente a las conexiones de red. Vi por ahí algún coro reunido físicamente cantando con barbijos, algunos cantantes acompañándose ellos mismos al piano y cosas así, pero lo que se hace en general es grabar videos cantando sobre una pista o sobre una filmación que antes haya hecho, por ejemplo, el pianista. Es una forma de arte diferente. Ahora bien, si en algún momento hubiera una flexibilización y pudiéramos reunirnos unos pocos en algún espacio, tal vez una emisora de radio que dispusiera de una sala, siguiendo los protocolos sanitarios pertinentes, la cosa sería más interesante, se podrían hacer conciertos al piano, tal vez sumar algunos instrumentos más, y esto se podría transmitir a tiempo real. Aunque veo muy difícil hacerlo con una ópera, no puedo imaginarme en estos momentos a los miembros de la orquesta, del coro, los solistas, todos compartiendo un mismo espacio.

P.: ¿La docencia online es la única forma de generar ingresos en estos momentos?

G.L.M.: Sí, al menos para los cantantes solistas que no tenemos cargos en organismos estables. Los que estamos en esta situación dependemos del acercamiento social para hacer lo que hacemos, y ahora se impone lo contrario, el distanciamiento social.

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