Osvaldo Aguirre: "En la novela, los que tienen códigos son los delincuentes"

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Su nuevo libro acusa la influencia de Roberto Fontanarrosa y Ricardo Piglia, y sobre todo del género negro de cadencia rosarina.

Para un buen emprendimiento hay que saber invertir en personal, en materiales, en equipo y en tiempo de planificación: es lo que repite el jefe como si se tratara de una market reserch y no de un asalto. Esa es una de las tantas sorpresas de la novela policial de Osvaldo Aguirre “Leyenda negra” (Tusquets). Aguirre estudió Letras, es periodista, y ha publicado una treintena de libros donde hay poemarios, ensayos, investigaciones, cuentos y novelas. En “Leyenda negra” confiesa la influencia de Roberto Fontanarrosa y de Ricardo Piglia, en realidad lo que más se advierte es el influjo de la clásica novela negra en cadencia rosarina. Dialogamos con él sobre las diversas leyendas que contiene su novela.

Periodista: “Los verdaderos ladrones no roban por necesidad, los otros matan y se hacen matar”, dice uno de los protagonistas de su novela.

Osvaldo Aguirre: El delincuente que se vuelve leyenda tiene que tener algún rasgo positivo, que lo diferencie del resto. Algo que lo define es su relación la violencia. Un delincuente que procede con una violencia exasperada no puede ser reivindicado. El delincuente que no comete “injusticias”, que no agrede porque sí, se desliga del resto. Lo vemos en nuestra historia criminal. Robledo Puch no es una leyenda, no puede ser reivindicado por nadie. Lo opuesto es Jorge Villarino, “el rey de la fuga”, que robaba con armas pero no las usaba, que se escaba de la cárcel sin lastimar a nadie, fue un delincuente con carisma, que caía simpático. La violencia criminal por extrema pobreza, por desesperada adicción o por desmedido afán de lucro es lo que se da ahora en las pequeñas bandas narco criminales. El jefe de la banda de “Leyenda negra”, el uruguayo Dámaso Ferreyra, hace el asalto con un arma descargada, sin capacidad de hacer daño, esa audacia lo diferencia, lo pone en el universo de las leyendas negras. Al hablar de esas historias es común oír que los delincuentes de antes tenían códigos, que eran menos violentos, y que también los policías eran mejores, y que todo eso se pudrió. Yo busqué poner entre signos de pregunta esas ideas. En la novela hay una inversión, los que tienen códigos son los ladrones y no los policías que en vez de reprimir el delito se dedican a monitorearlo o simplemente a sacar provecho.

P.: Usted convierte al lector en alguien que escucha las deposiciones de un asaltante, una mujer, un abogado y un periodista.

O.A.: Quise que al leer se tenga que armar lo ocurrido a partir de diferentes voces. Descubrir que los testimonios no se entrelazan sino que se suman, se contradicen, tienen cabos sueltos, y considere lo que sucedió, los motivos, las traiciones, y sepa de la corrupción policial y judicial. Que sospeche si hubo un delator, que piense qué tienen que ver las mujeres del jefe de la banda. Es muy interesante el lugar que ocupan las mujeres en el hampa. Aparecen como agentes de perdición. Hay códigos ideológicamente muy conservadores, son como los últimos reductos de la masculinidad de gente que tiene negocios oscuros y puntos débiles. Me animó el cinismo del “abogado de delincuentes” con su mirada descarnada tanto de sus clientes como de la justicia.

P.: La historia está realmente “basada en hechos reales”.

O.A.: Parcialmente. Cuando hacía crónica policial en “La Capital” de Rosario conocí a un “profesional” del asalto de bancos que se llamaba Dámaso, al que bajaron en un “trabajo” de esos. “Leyenda negra” está basada un poco en su figura y en algunos hechos que efectivamente ocurrieron pero que no busqué reconstruir puntualmente. Lo que ocurrió en aquel asalto de los años 90 fue como el combustible para mi historia. Lo que me sirvió realmente fueron las muchas entrevistas que hice a diario como cronista policial a policías, delincuentes, jueces, damnificados. Ahí me impregne de las voces. Los distintos tonos con que contaban cosas tremendas. El lenguaje atravesado por la violencia tiene un ritmo basado en palabras inesperadas, reiteraciones, frases hechas, que le dan una cadencia muy particular.

P.: Este no es su primer policial en los 30 libros que lleva publicados.

O.A.: Tengo la trilogía “Los indeseables”, “Todos mienten” y “El novato”; son policiales históricos, situados en el Buenos Aires de la década del 30, que tienen como protagonista al famoso periodista de Crítica G.G.G., Gustavo Germán González. Salieron en la colección Negro Absoluto que dirige Juan Sasturain. Con Javier Sinay publicamos hace años “Extra”, una antología de la crónica policial argentina, desde fines del siglo XIX a la actualidad. Hace dos años publiqué “La oscuridad dentro de mí”, un libro de crónicas de cinco femicidios con testimonios de víctimas que sobrevivieron, familiares, sociólogos y psicólogos. Ahí entrevisté a Lucas Azcona, un femicida que tiene perpetua, que mató a la chilena estudiante de periodismo Nicole Sessarego. Lo interesante del caso es que el asesino no tenía ninguna relación con ella. Lo descubrieron gracias a una cámara de seguridad. Lo identificó una amiga, y lo entregó la hermana.

P.: ¿En qué está ahora?

O.A.: Editando “La bolsa y la vida”, un libro de relatos sobre bandidos sociales emblemáticos como “Mate cocido” o “El gauchito Gil”, aunque El Gauchito pertenece al grupo de los bandidos santificados que se convierten en objeto de devoción. En digital acaba de salir, acaso estimulado por la cuarentena, “El forense y el asesino” que lleva como subtitulo “Robledo Puch bajo la mirada de Osvaldo Raffo”, centrado en los diagnósticos de ese famoso criminólogo. Raffo tuvo una intervención decisiva como forense en la condena de Robledo Puch. Estoy revisando un libro de cuentos. Y trabajando en una novela que parte de Duque, el personaje más misterioso, más tenebroso, de “Leyenda negra”. Silvia, la amante de Dámaso, el jefe de la banda, desconfía de “ese Duque”. Y Silvia es bruja, lee las cartas y acierta en sus presentimientos. Puede, por caso, leer el pasado de los nazis del taller mecánico. He venido teniendo algunas propuestas para llevar mis libros al cine, ojalá con “Leyenda negra” eso se dé.

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