"ParaAnormales": embellecer la realidad a través del teatro

Espectáculos

El argumento está inspirado en un hecho real: la expulsión de un colegio de un chico con Asperger, por confabulación de los padres y la directora.

“Los que hacemos teatro tenemos la expectativa en el aplauso del público, la necesidad de aceptación, de ser queridos. Eso denota algo de inseguridad”, admite Daniel Veronese, autor junto a Matías del Federico de “ParaAnormales”, que será uno de los estrenos de verano del Multiteatro Comafi.

La historia parte de un caso real: hace dos años trascendió la noticia de un grupo de padres que hizo echar del curso a un compañero de sus hijos que tenía síndrome de Asperger. La directora se unió a ellos y entre todos armaron una estrategia para comunicarle la noticia a la madre. En la ficción, un giro modifica el desenlace que tuvo lugar en la vida real: el chico fue expulsado.

Con producción de Sebastián Blutrach, el elenco está integrado por Carlos Portaluppi, Paola Barrientos, Marina Bellati, Gonzalo Suarez, Laura Cymer y María Figueras. Dialogamos con Veronese y Del Federico, también socios en autoría de “Bajo terapia”, éxito durante varias temporadas.

Periodista: ¿Cuáles son los temas de la obra?

Matías Del Federico: La falta de empatía, la dificultad de ponerse en el lugar del otro, qué pasa cuando no hay aceptación, siempre tomado desde la comedia. El disparador fue un artículo periodístico sobre un grupo de padres que quería echar de un colegio a un chico con síndrome de Asperger y la directora que tomó la decisión de sacarlo. Llegó el chat en el que esos padres festejaron la decisión.

Daniel Veronese: En cuanto al título juega con ciertos fenómenos paranormales que suceden en la obra y que llevan adelante la escritura dramática, y por otro lado algo tan en boga como poner en duda la normalidad. Cómo empieza a asomar la diversidad y el hecho de ser distinto, aceptado como algo normal.

P.: La escribieron a cuatro manos . ¿Cómo fue el proceso?

M.D.F.: Esta obra me había quedado en el cajón y en el afán de escribir algo juntos se la pasé a Daniel, le gustó, empezó a reescribir, luego hicimos la versión definitiva los dos, en los ensayos seguimos corrigiendo.

D. V.: Matias es un bicho raro en el terreno del teatro; puede ceder, compartir, hasta que apareció este material. Empecé a añadirle cosas, luego lo iba completando él, nos fuimos pasamos el texto, fuimos editando. Rara vez lo que proponemos al otro no le interese; casi no hemos discutido sobre la escritura, se puede decir que escribimos a cuatro manos pero cada uno desde su lugar.

P.: ¿Por qué un “bicho raro”?

D. V.: Los actores, directores, actores, todo lo que involucre labor artística, tenemos una mirada sobre lo que hacemos embelesada, nos enamoramos de lo que hacemos y a veces es difícil modificar esa mirada. En mi caso soy bastante permeable a las críticas, sé lo que quiero, por dónde voy y él es completamente así, una persona muy abierta y tenemos humor parecido. A veces ser director es ser además psicólogo, padre, amigo, familiar. Ser director es mucho más que una obra. Matías tiene bien manejada su inseguridad porque el 99% tenemos esa inseguridad, sino no haríamos esto.

P.: Del Federico, ¿vio el teatro de Veronese de los ‘80 y ‘90 por caso, “Opernhouse” o “Mujeres soñaron caballos” ?

M. D. F.: Soy de Santa Fe, recuerdo con mi grupo de teatro, donde mi viejo dirigía, que siempre nos mostraba textos de autores, Veronese era uno de ellos. Es un grupo de teatro familiar que persiste allá hace más de 50 años. Cuando quedó mi obra “Bajo terapia” en el concurso Contar y me dijeron que Veronese la iba a dirigir fue muy fuerte. Fue retocando el texto y para mi como un taller de escritura, cómo agrega, saca, cómo piensa. Así que “Bajo terapia” la escribí para ese grupo amateur de mi pueblo, que tiene 7 mil habitantes. Conocía a Mauricio Dayub, quien me insistió para que enviara la obra al concurso. Y ganó.

P.: Son de los pocos autores nacionales que tienen un lugar en la calle Corrientes, ¿a qué lo atribuyen? ¿Por qué no hay más autores nacionales en el comercial y abundan tantos en el off ?

M. D. F.: No escribo para el comercial, escribo obras que me interesen, me interesa el humor y entiendo que eso me acerca más al comercial.

D. V.: El comercial es el teatro con un productor que pone el dinero, arma la companía y decide qué obra se hará, en qué teatro y cuánto sale la entrada. Si no funciona lo baja. En el independiente no hay expectativa de vivir de eso, si se hace es por placer estético teatral, eso permite tener temporadas más bajas, si no va gente buscar la forma de llevarla, además se necesita menos gente para que funcione. El comercial hace unos 15 años tenía a Alcón haciendo “Lear”, había obras de Tennessee Williams, Pinter, Miller, y con el tiempo esa cartelera se fue transformando, la gente busca más comedia, se persiguen resultados, el teatro comercial va viendo qué funciona. Se ha logrado replicar lo que sucede en Broadway, Madrid o Londres y a la vez también nos miran a nosotros y se llevan cosas que aquí funcionan. A nivel internacional hay una réplica de los éxitos más seguros. Hay un formato que los españoles han encontrado y funciona. En el independiente hay mucho material y eso habla bien del teatro. En ese circuito no importa si hay actores conocidos, para el teatro comercial hay que pasar cada vez más barreras, sobre todo en los últimos 15 años. Los productores eran de dejarse tentar por obras más artísticas, hoy van más a lo seguro. La boletería manda.

P.: ¿Cuál es esa fórmula que encontraron los españoles?

D. V.: “El método Gronholm” fue de las primeras que dirigí en ese sentido y me fascinó. Tiene que ver con los obstáculos a sortear para acceder a un trabajo, tiene humor, está bien escrita. Después llegaron otras similares en cuanto al tema del dinero, de la utilización de la humanidad para lograr ciertos fines, con desenlaces que parecen unos y son otros, donde alguien es engañado. El dinero, la necesidad de sobrevivir, el poner un negocio que al final va mal, este conjunto neoliberal de acciones que quitan dignidad a la persona, a la familia. Los españoles pasaron hace diez años lo que nosotros hace 20 con el corralito y al respecto hicieron mucho teatro. Es raro saber qué quiere ver la gente, es una loteria el gusto del público.

M. D. F.: No hay método para saber qué puede gustar a la platea, para escribir tiene que haber algo que me surja, no puedo escribir algo que no me nace, no escribo por encargo. Mis obras son comedias más allá de que el fondo sea serio. Desde ese lugar entiendo que mis textos entren en ese circuito.

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