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Europa intenta sortear las divisiones en pleno resurgir nacionalista

Pusieron en marcha un plan industrial y un ejército común para beneficiar la integración, en medio del crecimiento de China y el aislacionismo de EE.UU.

De Buenos Aires a Washington, Caracas o Londres, la grieta es lo que domina a la política actual. Pero hay otra macro grieta más profunda, geopolítica, que empieza a poner a Europa en una encrucijada histórica.

Atrapada entre el crecimiento chino irrefrenable y el nuevo aislacionismo estadounidense, Europa empieza a definir su nuevo rol para una unión que, aunque imperfecta, sigue siendo el proyecto de integración supranacional más ambicioso del planeta. En carpeta hay un plan industrial continental y un ejército común, ambos inéditos.

El 19 de febrero Alemania y Francia firmaron un “manifiesto” para una política industrial europea para el Siglo XXI. El texto de cinco páginas tiene algunos párrafos poéticos, come en el que se lee que “una industria fuerte es el corazón de un crecimiento sostenido e inclusivo”. Pero es en el fondo una reacción directa y contundente a la decisión de la Comisión Europea de rechazar, por cuestiones de competencia intra zona euro, la fusión de las unidades ferroviarias de Siemens y Alstom, las gigantes alemana y francesa.

El punto 2 del manifiesto es explícito al respecto: “Los principios de competencia son esenciales, pero las reglas actuales tienen que ser modificadas para que las empresas europeas puedan competir a escala global”.

Para Berlín y París hay algo claro: a nivel global no hay reglas que sean efectivamente aplicadas ni aplicables – ni va a haberlas en el mediano plazo. Ante eso, la burocracia de Bruselas puede tener los mejores ideales e intenciones, pero la realidad geopolítica se impone. Y en ella los Estados tienen que tener un rol protagónico en el desarrollo industrial.

Más incipiente pero no menos importante en términos simbólicos, dos países europeos hicieron este mes un movimiento concreto para unir sus fuerzas armadas. Alemania y Holanda

formaron el primer batallón común (Batallón de Tanque 414), un pequeño paso en una dirección que vienen promoviendo Angela Merkel y Emmanuel Macron para ganar “independencia estratégica” ante la amenaza de Washington, cada vez más concreta, de dejar de financiar a la OTAN, la alianza militar transatlántica que defendió a Europa desde la Segunda Guerra Mundial.

“Todo hablan de un Ejército Europeo, nosotros somos los pioneros”, dijo el teniente coronel alemán Marco Niemeyer, el comandante del batallón binacional.

Estos movimientos, forzados por la realidad tenaza que presentan China y Trump, llega posiblemente tarde. En los principales países de Europa están surgiendo movimientos peligrosamente de derecha, con porcentajes electorales todavía no mayoritarios pero expectantes.

Macron enfrenta una fuerte rebelión del movimiento amorfo de los chalecos amarillos, que en gran medida responde a los patrones de indignados que puede disparar para la derecha o la izquierda (Bernie Sanders o Donald Trump), pero que de cualquier manera son visceralmente nacionalistas (una particularidad que explica la extraña alianza entre la Liga Norte y el Movimiento Cinco Estrellas que gobierna Italia).

Merkel ya es un pato rengo, aunque en diciembre logró definir la sucesión en su partido, la Unión Democrática Cristiana (CDU), en favor de su delfín, Annegret Kramp-Karrenbauer, también mujer y también pro-Europa.

La debacle del “brexit”, sea finalmente “blando” o “duro”, es una buena oportunidad para que Europa replantee su papel en un mundo que ya no es ni de Guerra Fría ni de unilateralismo liberal conducido por Occidente, y en especial por Estados Unidos. En los próximos años veremos un creciente nacionalismo pan-Europeo o veremos a Europa caer en los viejos y conocidos nacionalismos nacionales.

¿Con qué se come todo esto desde nuestra parte del mundo? Ante todo, termina de poner en duda el intento obstinado del gobierno del presidente Mauricio Macri de mencionar la posibilidad de un acuerdo de libre comercio entre Mercosur y Europa como una posibilidad beneficiosa para la economía regional. Pero, por otra parte, abre una puerta para diseñar una estrategia de integración que busque sortear, a nuestro favor, la grieta creciente del mundo actual.

* Director – Contexto Consultores

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