Opiniones

Facebook redobla su apuesta política

Inauguró su División de Servicios Financieros llamada Calibra. Está bajo la dirección del ejecutivo David Marcus.

Todo indica que el próximo año Facebook lanzará su criptomoneda: Libra. Parece mentira que, hasta hace pocos meses, Mark Zuckerberg estuviera contra las cuerdas, simulando dar explicaciones públicas sobre el affair Cambridge Analytica. Lejos de amilanarse, Facebook redobla su apuesta política inaugurando su División de Servicios Financieros llamada Calibra, bajo la dirección del ejecutivo David Marcus.

El trabajo de Marcus es, hasta el momento, incluye reuniones, negociaciones y lobby con Bancos Centrales, agencias reguladoras e inversores. Por ahora, no hay bancos privados involucrados, lo cual parece lógico, porque, en principio, Libra intenta competir con ellos. Al respecto, Chris Hughes, cofundador de Facebook, sostiene que Libra será una especie de nueva capa corporativa entre los bancos centrales y los ciudadanos-consumidores.

De hecho, Facebook, a través de la citada División de Servicios Financieros, ha promovido la Asociación Libra, entidad con sede en Ginebra (Suiza) que nuclea varias empresas, tales como: Uber, Paypal, Spotify, Visa, Vodafone, entre otras. En principio, Libra depende de la Asociación Libra y no de Facebook que, en este esquema, es un asociado más.

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Libra: algo más que una criptomoneda.
Libra: algo más que una criptomoneda.

Más aún, Facebook asegura que no supervisará ni controlará diretamente a Libra, y que tampoco pretende convertirse en un banco. Según trascendió, Libra funcionará a través de una plataforma de blockchain que conectará a más de 100 organizaciones, y cuya supervisión estará en manos de la Asociación Libra. Esta entidad vigilará el funcionamiento y (se supone) respaldará la criptomoneda.

Desde Facebook aseguran que Libra será altamente sensible a las leyes antilavado. Es que esta nueva criptomoneda será diferente de las anteriores, en dos aspectos. Veamos.

En primer lugar, a diferencia del Bitcoin, por ejemplo, Libra estará centralizada. En el caso del Bitcoin cada individuo-transacción, de manera independiente, valida y verifica el cálculo (es decir, actualiza y valida el libro mayor global de débitos y créditos). En Libra el sistema de validación será coordinado mediante la intermediación de nodos supervisados por Libra (o por Facebook, eso no se sabe).

Además, para cumplir con la ley (especialmente con los protocolos antilavado) Libra tendrá que retener gran parte de los datos identificatorios de las personas. Esto no va del todo de la mano con la idea de que Libra sea una verdadera criptomoneda, puesto que, desde el nacimiento de este concepto, una de las claves ha sido que no se utilicen vínculos con la identidad real del usuario involucrado en las transacciones.

He aquí una paradoja: si Libra cumple con las leyes antilavado, como promete, dejará de lado el anonimato, y no será una criptomoneda; pero, si se inclina por parecerse a una criptomoneda estándar, incumplirá sus promesas de ajustarse a las leyes antilavado.

Cabe aclarar que, en relación con lo anterior, hasta ahora el Departamento de Justicia y el Buró Federal de Investigaciones de Estados Unidos están interesados en descubrir las estafas y lavado de dinero con Bitcoin, para lo cual, en muchos casos, contratan empresas especializadas como Chainalysis. Por sus características, el Bitcoin no tiene un sólo responsable, pero en el caso de Libra ¿será la Asociación Libra la que deba dar explicaciones? ¿lo será Facebook? Esto no ha sido del todo aclarado.

En segundo lugar, las criptomonedas y sus emisores no están obligados a constituirse como reservas de valor, por lo que no hay ninguna organización e institución que las respalde. Sus variaciones pueden ser enormes; lucrativas, sí, pero de alto riesgo. Libra, en cambio, nacería bajo el principio de constituirse como reserva de valor.

Es decir, habría el compromiso por parte de la Asociación Libra de otorgarle reserva de valor a Libra mediante una canasta de monedas (dólar americano, euro, yen, entre otras). Esto implica que cuando un individuo cambia, por ejemplo, Euros por Libra, aumentan las reservas de la Asociación Libra, y al revés, cuando convierte Libra por Euros las reservas disminuyen. Así los miembros fundadores tienen que hacer un aporte de capital para constituir esa reserva y volver creíble a Libra.

En un principio Libra parece que operará en un vacío legal atinente a la política monetaria global. En ese tren, presentarse como una criptomoneda quizá sea una estrategia adecuada en la arena política de Whasington, si se toma en cuenta que Estados Unidos no tiene un marco regulatorio para las criptomonedas.

Aun así, tanto el gobernador de la Reserva Federal, Jerome Powell, como el presidente Trump no se han mostrado muy entusiastas sobre Libra. De hecho, el Jefe de Estado escribió en Twitter hace días, afirmando que las criptomonedas ayudan al narcotráfico, el lavado de dinero, y la volatilidad, y cuestionó su desarrollo destacando las virtudes de “la moneda más fuerte a lo largo y ancho del mundo, el dólar norteamericano”.

Y no sólo ellos, todo el establishment de los banqueros centrales y agencias reguladores europeas ven a Libra como un potencial riesgo sistémico o como un rival del sistema financiero global que estaría fuera de control.

Las razones para sustentar este temor son obvias: si de por sí cuesta mucho trabajo aislar una corrida y asegurar liquidez en una economía doméstica, imagínese Usted cómo controlar una corrida contra una moneda diseminada en gran parte de la geografía mundial. Los 2 mil 600 millones de usuarios de Facebook es una cifra lo suficientemente atractiva para iniciar el negocio, pero lo suficientemente escalofriante para saber que no hay posibilidad de que una entidad privada (en este caso, la Asociación Libra) puede asegurar la liquidez en caso de una corrida.

Aquí se abren dos preguntas cruciales: 1) ¿en caso de demanda masiva de liquidez los bancos centrales tendrán que salir al rescate? O bien: ¿quién -qué agencia reguladora de qué país- gestionará la quiebra?

El modelo de Libra es novedoso porque su modelo de negocio lo es. Pero, además, permite preguntarse qué van a entender los políticos que resulta necesario e imprescindible regular. ambas cuestiones carecen de simpleza y transparencia. Y me temo -para colmo- que están relacionadas.

Por ejemplo: en el caso del ciudadano que compre con Euros Libra renuncia, en este esquema, a obtener una tasa de interés. Por esta razón resulta válida la pregunta: ¿Por qué lo haría? ¿Acaso los bonos del Tesoro no son lo suficientemente seguros? Muchos piensan, junto con el Premio Nobel Stiglitz, que Libra podría servir para encubrir actividades ilegales o financiar campañas políticas por fuera de los marcos regulatorios vigentes.

Pero el argumento de Facebook va en una dirección políticamente correcta: Libra incrementa la inclusión y el acceso a servicios financieros de millones de ciudadanos que están fuera de los circuitos bancarizados. La promesa de Facebook es que Calibra, como billetera virtual, permitirá que Messenger, Facebook Markeplace, Whatsapp e Instagram se conviertan en plataformas en donde se puedan llevar a cabo transacciones con Libra. Ello aumentaría la inclusión financiera e incrementaría el bienestar de los ciudadanos.

Aunque Stiglitz trató de estúpidos a los potenciales usuarios de Libra, Mark Carney, Gobernador del Banco de Inglaterra, fue más cuidadoso, e incluso levemente optimista: Carney pronostica que si Facebook atrae usuarios “instantáneamente se volvería sistémico y tendría que estar sujeto a los más altos estándares de regulación”, dando por hecho que Facebook logrará atraerlos.

Por eso también sostuvo que miraba la propuesta de Facebook con la mente abierta, pero no con la puerta abierta. La cuestión, por ahora, es que los legisladores no pueden regular lo que no conocen, y Facebook juega muy bien ese juego. Retacea información. Gana tiempo y empuja.

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