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Ferrero: "La investigación en cannabis siempre enfrentó obstáculos"

Paola Ferrero, doctora en Ciencias Biológicas, integra un proyecto que busca evidencia científica sobre las aplicaciones medicinales. Pero su tarea enfrenta la falta de financiamiento y el prejuicio de sus colegas.

Paola Ferrero es doctora en Ciencias Biológicas. Es investigadora del Conicet, con desempeño en el Centro de Investigaciones Cardiovasculares “Dr. Horacio E. Cingolani” en la Facultad de Ciencias Médicas de la UNLP. Además, es profesora de Farmacogenética en la Universidad Nacional del Noroeste de la provincia de Buenos Aires (UNNOBA).

Entre sus actividades actuales figura la dirección de una línea de investigación básica en donde utilizamos a la mosca de la fruta llamada Drosophila melanogaster como modelo genético para estudiar enfermedades humanas. Este proyecto está vinculado al Centro de Investigaciones Cardiovasculares y a la UNNOBA. También dirige una línea de investigación traslacional en enfermedad de Chagas, en asociación con el hospital de Alta Complejidad El Cruce.

Con todo este bagaje académico, Ferrero se sumó a un proyecto de investigación y búsqueda de evidencia científica sobre el cannabis y su aplicación con fines medicinales. Sobre este aspecto dialogó con Ámbito Hemp.

Periodista: ¿Cómo se inició la investigación y la extensión en cannabis?

Paola Ferrero: Entre varios proyectos de investigación que tengo, el estudio del cannabis surge por iniciativa del Dr. Marcelo Morante en el año 2016, próximo a la sanción de la Ley 27.350 que abriría la posibilidad para hacer investigación, generar evidencia científica y poder tener un mejor contexto para tratar de resolver las necesidades de las personas con dolencias, para quienes el cannabis era la mejor alternativa o la única opción.

P.: ¿Qué ritmo de avances han logrado hasta ahora?

P.F.: La realidad es que la investigación en cannabis, aún después de la ley, siempre estuvo obstaculizada. Y muchas veces por el prejuicio de los propios colegas que no consideraban que fuera un tema de los llamados “pertinentes”, para investigar.

Pese a los obstáculos y sin financiamiento específico para el proyecto, publicamos el primer trabajo en ciencia básica sobre efectos cardíacos de los fitocannabinoides en nuestro modelo animal, con el fin de seguir estudiando luego por qué se producen esos efectos.

P.: ¿Qué cuestionamientos han recibido sobre este trabajo?

P.F.: Para muchos, podrá parecer “no pertinente” porque no es un ensayo clínico en humanos. Pero todo medicamento que existe en el mercado desde la industria farmacéutica debe pasar por etapas de investigación básica o preclínica porque es en esa instancia en donde se sabrá cómo actúa en los tejidos, cómo se metaboliza, si hay efectos letales, subletales o de otro tipo, antes de testearlos en pacientes.

Desde ese lugar, la investigación básica es importante y no se debe descuidar, sobre todo en temas de los cuales no hay mucha información previa aún en otros países. Esto es hacer ciencia en función de las necesidades sociales porque constituye una plataforma para el diseño de ensayos clínicos. Aun así, la realidad es que los pacientes no pueden esperar los resultados de estos ensayos y se están tratando con cannabis y sus derivados, a veces con seguimiento médico y a veces no. En la medida en que el sistema político y científico nos deje hacer ciencia, los podremos ir acompañando y orientando a medida que se genere más conocimiento.

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Investigadora. Paola Ferrero.

Investigadora. Paola Ferrero.

P.: ¿En qué consiste la base del proyecto?

P.F.: El proyecto de investigación vigente consiste en estudiar los efectos cardíacos de los cannabinoides en un modelo de enfermedad de Parkinson y en un modelo de epilepsia. En pacientes, los aceites productos de ciertas cepas de plantas atenúan los síntomas y reducen convulsiones. Ambas enfermedades cursan muchas veces con cardiopatías y además muchos anticonvulsivantes producen efectos nocivos en el corazón. Queremos estudiar en nuestro modelo cómo se modifican los síntomas y si hay efectos colaterales cardíacos. Así, la información que obtengamos servirá de referencia para futuros ensayos clínicos en donde los médicos deberán considerar que esos efectos podrían darse en pacientes y habría que prestarles atención. Este proyecto de investigación fue declarado de Interés Municipal por el Concejo Deliberante de la ciudad de La Plata.

P.: ¿Cómo financian estos proyectos?

P.F.: En la academia, los proyectos de investigación fundamentalmente se financian a partir de préstamos BID, otorgados por la Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica mediante el FONCyT. Hay diferentes categorías para la presentaciones que son revisadas por dos o tres pares evaluadores (científicos) y luego por una comisión (más científicos). Existen criterios sobre la base de los cuales se otorgan puntajes a los candidatos y luego se arma un ranking. Aquellos cuyo puntaje supere una línea de corte obtienen financiamiento.

P.: ¿Cómo se aplican esos criterios de valoración?

P.F.: Los criterios en estos casos muchas veces condenan a quienes lanzamos nuevos temas de investigación, porque enfatizan en resultados preliminares en el tema (publicados) y no en la experiencia del investigador. Utilizan criterios como el famoso índice H, que se refiere a la cantidad de veces que otros científicos citan las publicaciones de un científico. Pero esto es condenatorio para quienes trabajamos con temas muy específicos y los modelos de experimentación son poco habituales. Así, a mí -trabajando con Drosophila y en cannabis- no me van a citar otros científicos tanto como a alguien que trabaja en otros temas más generales o quien hace epidemiología. Y en ese contexto, lo que le importe a la sociedad que se investigue queda a un costado. Las modas científicas a veces no van de la mano con las necesidades sociales. Si yo trabajo en un tema del que no hay antecedentes científicos y no se pueden generar resultados preliminares porque para eso se necesita financiamiento, no tendré financiamiento. Entonces esto se transforma en un loop condenatorio del que es difícil salir. Entonces, los científicos que tuvieron dinero y publicaron porque lo tuvieron tienen más dinero. En este sistema, un científico que arriesga un nuevo tema queda desplazado por la fracción de la comunidad científica que toma las decisiones sobre qué financiar y qué no. Por ejemplo, el vaporizador que usamos para hacer experimentos fue una donación del Dr. Morante. Cuando quisimos comprar otro, la devaluación no lo permitió.

P.: ¿Qué aspectos complementarios tiene el trabajo?

P.F.: Desarrollé una base de datos de pacientes bajo tratamiento con cannabis para diversas patologías, ya que lo contemplado por la ley sólo aplica para epilepsia refractaria. En esta base, hay información sobre la historia clínica del paciente, la composición química del extracto que consume y la evolución de sus síntomas bajo tratamiento. Es una base libre, de la que el médico que quiera puede hacerse miembro e ingresar los datos de los pacientes que mediante consentimiento informado accedan a participar. Luego, nosotros procesamos los datos y armamos las estadísticas para que los médicos tengan un mejor contexto orientativo para tratar a sus pacientes. No es un ensayo clínico, pero es una forma de documentar la información que existe y puede ser útil ante una realidad que de todos modos se da, porque el paciente con o sin seguimiento médico muchas veces recurre al cannabis terapéutico. Entonces, es mejor ofrecerle seguimiento médico y que el médico tenga cierta información sobre cómo asesorar a su paciente.

En sus inicios, la construcción de esta base a nadie le importó y nadie la financió. Por lo tanto, en función de un emprendimiento privado, se pudo concretar. Ahora se están sumando profesionales para aportar información. De todos modos la base es libre y gratuita para los usuarios y será un punto de partida que permita diseñar ensayos clínicos orientados a futuro.

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