Opiniones

Fortalecer la educación para reducir la pobreza

Un antiguo refrán sostiene que “no hay peor ciego que el que no quiere ver”, por eso es necesario prestar atención a los resultados, recientemente publicados del Operativo Aprender realizado el año pasado. Esta prueba fue un verdadero censo escolar, ya que abarco 19.600 escuelas en todas las provincias y más de 570 mil alumnos del sexto grado primario. La información de este operativo es esencial para entender las posibilidades de nuestro país en las próximas décadas en este difícil y competitivo siglo XXI. Este operativo se concentro en dos asignaturas: lengua y matemática, con resultados dispares cuando se comparan con los del año 2016, ya que mejoraron los resultados en lengua pero al mismo tiempo, empeoraron los de matemática.

El 43 % de los alumnos exhibe conocimientos en matemática que no supera el nivel básico, pero atención esta cifra es un promedio nacional que encubre importantes diferencias. Lo primero que llama la atención de estos resultados es que existen amplias desigualdades en los conocimientos de los alumnos no solo por tipo de escuela (estatal o privada), sino también por nivel socioeconómico de las familias. La diferencia es grande cuando se comparan los conocimientos de aquellos alumnos de escuelas privadas que tienen un alto nivel socioeconómico, con aquellos alumnos de nivel socioeconómico bajo que asisten a escuelas estatales.

Los resultados de este operativo son un llamado de atención por sus desigualdades, ya que nada menos que el 57 por ciento de aquellos alumnos de escuelas estatales y que, además se ubican en el nivel socioeconómico bajo tienen conocimientos en matemática que están por debajo del nivel básico, pero en el otro extremo, es decir entre aquellos alumnos de nivel socioeconómico alto, que acuden a escuelas privadas este nivel de insuficientes conocimientos se reduce a apenas 15 %. Estas amplias desigualdades en los conocimientos por tipo de escuela (estatal o privada), pero además por nivel socioeconómico de las familias de los alumnos se registran en todas las provincias.

La desigualdad educativa corresponde a tres factores, a saber: nivel socioeconómico de las familias, provincias y carácter estatal o privado de la escuela primaria. Es hora de asumir esta preocupante realidad ya que estos datos no son para el archivo, sino para que la comunidad educativa (docentes, familias y autoridades publicas) los tomen en cuenta para encarar las acciones requeridas para avanzar hacia una escuela no solo de calidad sino también socialmente inclusiva.

En el siglo XXI las desigualdades educativas y la pobreza están vinculadas, comencemos por notar que la pobreza se concentra entre los niños, ya que cada dos niños uno es pobre, esto compromete nuestro futuro. Es cierto que la pobreza afecta a la tercera parte de la población, pero esta proporción descendía entre quienes habían completado la escuela secundaria, mientras trepaba a la mitad entre quienes no la habían completado. La pobreza afecta principalmente a quienes no pudieron avanzar más allá de la escuela primaria, y además carecen de los conocimientos básicos, como lo ha puesto en evidencia una vez más este último Operativo Aprender.

Un buen sistema escolar asegura altos niveles de conocimientos a sus alumnos, pero no se puede simplemente agotar en esto, sino que además debe apuntar a eliminar aquellas desigualdades en los niveles de conocimientos de los alumnos que dependen del nivel socioeconómico de sus familias. La tarea no es fácil, ya que todos sabemos que la pobreza y la indigencia se concentran en quienes tienen una escasa escolarización, por eso es grave que los conflictos laborales con cierre de escuelas se concentren en las escuelas estatales, donde acuden la mayoría de los niños pobres.

Los pobres son hoy más que pobres transitorios, ya que en muchos casos son familias enteras, que por más de una generación han estado excluidas del difícil mundo del trabajo de este siglo. Cuando la pobreza es coyuntural, si se pueden encontrar soluciones de corto plazo con planes sociales, pero cuando la pobreza es estructural como la que padecemos, son necesarias otras líneas de acción que apunten a la raíz del flagelo de la pobreza con exclusión social. De la pobreza no se sale con subsidios, que son útiles pero no alcanzan, el requisito mínimo es la escolarización completa de los adolescentes.

Es grave que este Operativo Aprender nos muestre que el nivel de conocimientos de los niños depende en nuestro país del dinero que tienen sus padres, así nos alejamos cada vez más de un país no solo con justicia social, sino también con un crecimiento económico sostenido. Un buen sistema escolar asegura altos niveles de conocimientos a sus alumnos, pero además apunta a eliminar las desigualdades en los niveles de conocimientos de los alumnos que dependen del nivel socioeconómico de sus familias. La pobreza y la indigencia se concentran en quienes tienen una escasa escolarización, pero nuestra escuela no está ayudando a quebrar el círculo negativo de la reproducción intergeneracional de la pobreza.

Abatir la pobreza y la exclusión social exige una educación que haga más equitativa la distribución del capital humano. La realidad nos muestra que los adultos que hoy son pobres y excluidos no terminaron ayer la escuela secundaria, por esta razón debemos lograr que mañana sus hijos se gradúen en escuelas de buen nivel educativo, sean estatales o privadas. Sin inclusión educativa no podremos abatir una pobreza que hoy es laboralmente excluyente.

El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.

Dejá tu comentario