Espectáculos

Furriel: "HBO piensa en el guión, después en los intérpretes"

Desde el domingo se lo verá en la segunda temporada de "El jardín de bronce", que transcurre en el clima opresivo y violento de los barras bravas. Su personaje, dice, tiene puntos en común con el que hizo en "El hijo".

“En HBO todo comienza por el guión, en cambio en nuestra televisión primero piensan en actores que tengan química, y después inventan la historia”, dice Joaquín Furriel, protagonista de “El jardín de bronce” cuya segunda temporada se estrenará el domingo a las 21 por esa señal de cable, a más de 70 países.

Furriel atraviesa un presente profesional inmejorable: protagoniza “Hamlet” en el Teatro San Martín (en versión de Rubén Szuchmacher y Lautaro Vilo) con entradas agotadas que equiparan el fenómeno al de 1984, cuando “Galileo Galilei”, de Brecht, con Walter Santa Ana, dirigida por Jaime Kogan, se había convertido en éxito inesperado. “Hamlet” logró llevar en 39 funciones 37 mil espectadores, más que cualquier obra del circuito comercial. Y el mes pasado el actor estrenó en cine “El hijo”, de Sebastián Schindel, aún en cartel.

“Jardín de bronce”, creada por Gustavo Malajovich y Marcos Osorio Vidal, está dirigida por Pablo Fendrik y Hernán Goldfrid, coproducida por Polka y cuenta con actuaciones de Luis Luque, Norma Aleandro, Julieta Zylberberg, Gerardo Romano, Mario Pasik, Alan Sabbagh, Claudio Tolcachir, Romina Paula, Daniel Fanego y María Fernanda Callejón, entre otros. Dialogamos con Furriel.

Periodista: ¿Cómo es trabajar para HBO? ¿Que diferencias encuentra con una tira o unitario local?

Joaquín Furriel: La diferencia está en los recursos. Además, el gran trabajo de HBO, con Polka en este caso porque coproduce, es de guión. Se sentaron a pensar por dónde podían seguir las historias y los personajes; de hecho, los libros escritos por Gustavo Malajovich y Marcos Osorio Vidal son sólidos y HBO no introdujo modificaciones. Esa es la manera de trabajar de esta cadena, todo empieza con los autores, lo más importante es si tienen algo que contar, después llegan los directores, y al final entramos los actores. Pasaron cinco meses para que decidieran si el protagonista iba a ser yo. En cambio en las tiras locales a veces piensan primero en qué actores son populares y gustan al público, o cuáles tienen química entre ellos, y después se inventa la historia.

P.: Hay dos líneas argumentales fuertes en la segunda temporada: la sospecha de la identidad robada con una hija que no es biológica y el poder de los barras bravas, ¿se buscó adrede la temática argentina?

J. F.: La primera temporada funcionó bien en muchos países, entre otras cuestiones, por la fuerte impronta argentina, con temas como la identidad o los conflictos oscuros con los barras. Esto se refuerza en esta temporada porque quien ayudó a mi personaje a encontrar a su hija fue Doberti, quien sacrificó su vida, y eso hace sentir responsable a mi personaje, es mucha carga para él. Y sin querer comienza a transformar su vida gris y poco atractiva con la búsqueda de un caso en un ambiente hostil como es el de los barras.

P.: Hay algún punto de contacto entre el padre que interpreta en la serie con aquel que hace en el film “El hijo”?

J. F.: Sí, ambos son solitarios, construyeron vínculos muy disfuncionales con su entorno. En la película mi personaje no se dio cuenta la mujer que tenia al lado y en la serie pasó algo similar en relación con su hija, uno se pregunta cómo nada les llamó la atención, parecen no estar muy atentos a lo que pasa a su alrededor.

P.: A propósito de Hamlet, ¿qué tiene de peculiar esta puesta de Szuchmacher?

J. F.: La versión de Szuchmacher y Vilo es lúcida, pero lo primero es la obra. Esta versión logró convocar mucha gente que nunca vio teatro, abrió la apuesta a todo público y no necesariamente habitué del teatro. Szuchmacher dice que Hamlet es el actor, a mi me parece que me llegó a una edad y un momento en que tengo cierto recorrido y puedo tomar decisiones. Reconozco también mi popularidad, fruto de mi trabajo de tantos años. Es un Hamlet de estos tiempos, es como yo actúo, yo digo el ser o no ser pero lo estoy viviendo, no hago artificios, no lo digo a modo de obra clásica, no hay en el escenario un actor diciendo esos grandes textos sino un personaje que padece y habla de esa manera, no es un momento dramático, me acerco al público, los miro y juntos pensamos en esas ideas que Shakespeare planteó hace 400 años y siguen vigentes. Buscamos que todo el público lo entienda en su gran dimensión.

P.: Llenar la Martín Coronado de casi mil butacas es un hito que no ocurría desde 1984, ¿a qué lo atribuye?

J. F.: Tenía todos los deseos puestos en esta obra, hace mucho que quería hacerla y era un proyecto con Szuchmacher que le acercamos a Telerman y eligieron producirlo. Pensé que iba a funcionar bien pero no imaginé que sería un fenómeno. La gente me dice o que la vio o que no consiguió entradas, y hablo de diferentes niveles socioculturales. De las 39 funciones hubo 37 mil espectadores. En el San Martín empezaron a vender entradas para después del receso de dos semanas que haremos y se agotaron en tres horas las entradas para dentro de tres semanas.

P.: Pasa por un presente profesional inmejorable, ¿cómo ve a la distancia los graves temas de salud que lo aquejaron?

J. F.: Cuando tuve el accidente en el que me fracturé la espalda jugando con mi hija estaba muy acelerado, con mucho trabajo haciendo tira diria y obra de teatro, había engordado para la tira de Campenalla y me lastimé, la saqué barata porque me llegaron a decir que podía quedar cuadripléjico. Después vino el ACV que es más difícil de entender y me dejo en silencio. A partir de ahí tomé decisiones que me llevaron a otras elecciones profesionales y desemboqué en el que soy ahora: presenté “El hijo” en cine, “Hamlet” en teatro y “Jardín de bronce” para 70 países.

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