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Gestión oficial en EE.UU. para evitar aranceles al acero

• MACRI ENVIÓ UN EMISARIO PARA BUSCAR UNA SOLUCIÓN NEGOCIADA
El secretario de Comercio, Miguel Braun, viajó a Washington para reunirse con funcionarios del Gobierno de Donald Trump. Tiene tiempo hasta el martes para eludir recargos del 25% y 10% a las ventas de acero y aluminio.

El secretario de Comercio, Miguel Braun, llegó a Washington con la misión de evitar que el Gobierno de Donald Trump le ponga aranceles a las importaciones desde Argentina de acero y aluminio del 25% y el 10%, respectivamente. Un viaje que estaba pensado para reuniones habituales de agenda con organismos, se convirtió en una gestión oficial. Para ello tendrá que destrabar hoy encuentros con su par Wilbur Ross y con el representante de Comercio de ese país, Robert Lighthizer. Se supone que ambos tienen la llave para que se haga una excepción a un Gobierno amigo, de una medida general anunciada la semana pasada que afecta a varios en el mundo. Funcionarios del Gobierno ya no ocultan su fastidio ante lo que consideran como línea de acción incoherente de Trump con Macri. Incluso sostienen que de no obtener resultados favorables puede cambiar el curso de la relación comercial bilateral.

En un breve repaso por los conflictos recientes se puede mencionar que Trump había habilitado el año pasado el ingreso de limones argentinos a cambio de la entrada de cerdos norteamericanos al mercado local, tras la visita del vicepresidente Mike Pence, pero inmediatamente de ello impuso aranceles del 72% al biodiésel afectando un negocio por u$s1.200 millones al año. En medio de esa disputa rehabilitó a la Argentina en el Sistema General de Preferencias (SGP), mecanismo que dispone ese país para autorizar importaciones con arancel cero o muy bajos de países en desarrollo de productos que no se consiguen en ese mercado, que podría representar exportaciones por u$s500 millones. Al final, Trump decidió poner tarifa de importación al acero y el aluminio.

En rigor, la medida no es contra la Argentina en particular. Se trata de una decisión que se encuadra perfectamente dentro de las normas de la Organización Mundial del Comercio (OMC). Hasta ahora Estados Unidos tenía arancel cero a esos productos, y como todo bien industrial podría llevar al 35% el nivel de protección, al igual que la Argentina lo hace con los autos, por ejemplo. En problema es que la medida no fue anunciada con excepciones. Luego indicaron que quedarían fuera México y Canadá, los dos socios del NAFTA, mediante un mecanismo que se va a anunciar mas adelante.

Pero, en realidad, hoy por hoy la Argentina está afectada. En 2017 hubo exportaciones del complejo aluminio al NAFTA por u$s518 millones, y del complejo siderúrgico por u$s282 millones. Es poco dentro del total de exportaciones del país, y también escasamente relevante en el total de compras estadounidenses, pero politicamente significativo. El Ministerio de la Producción informó que las ventas argentinas representan sólo 0,6% del acero y 2,3% del aluminio de todas las importaciones que hace EE.UU. en ambos rubros.

El viernes mismo la Cancillería argentina y Producción enviaron sendas notas en la cual le plantearon a Russ y Lighthizer las razones por las cuales la Argentina debería quedar afuera.

Braun tiene tiempo hasta el martes para lograr su cometido. Está acompañado por el subsecretario de Comercio Exterior, Shunko Rojas, funcionario que decide, entre otras cuestiones, la aplicación de licencias no automáticas a las importaciones. Hoy los dos funcionarios tienen que recibir la confirmación de las reuniones y el miércoles estarán regresando a Buenos Aires. Del resultado de esos encuentros es probable que se termine el idilio de Macri con Trump y comience una relación mas áspera en el plano comercial. Pero saben que la administración republicana les va a pedir algo a cambio, si habilita el juego.

Por otro lado, el secretario de Comercio tiene agendada una entrevista con el titular de la Organización de Estados Americanos (OEA), el uruguayo Luis Almagro.

En tanto, Trump elevó el tono de la discusión con la Unión Europea, al acusar que ese grupo de "maravillosos países tratan muy mal a los productos de EE.UU." e incluso amenazó con imponer aranceles a los autos, lo cual afectaría a las alemanas BMW y Mercedes Benz. .

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