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Gilberte Beaux, o de cómo vivir 100 vidas en una única vida

La empresaria, banquera, petrolera y política francesa, que a sus 90 años se declara "campesina" por las dos estancias que tiene en la provincia de Corrientes, también fue directora en París de la revista "L'Express".

Se declara campesina porque a los 90 años tiene un par de estancias en la Argentina pero, en verdad, se trata de una activa industrial ganadera que antes fue banquera, petrolera, empresaria y política francesa. La autobiografía de Gilberte Beaux (née Lovisi), “Una mujer libre” (Libros del Zorzal), parece una novela de aventuras. La historia de una familia de prosapia que la guerra hace caer en la pobreza, de una chica sin estudios profesionales que pasa de asistente en un banco a dirigir una gran automotriz y más tarde una famosa empresa de ropa deportiva. Cuando estuvo al frente de la revista “L’Express” tuvo como colaboradores a Raymond Aron y Jean Francois Revel, entre otros. Dio testimonio de su visión empresaria en “La lección japonesa”. Dialogamos con ella.

Periodista: En Francia dicen que usted “encarna una época de la historia del capitalismo y del management en que era posible entrar en una empresa como dactilógrafa y llegar a dirigente de un holding internacional”.

Gilberte Beaux: Se daba entonces una situación especial. Había acabado la guerra y era complicado para las empresas encontrar gente capacitada. Yo tenía 17 años y entré en un banco judío, el Seligman, que estaba dispuesto a tomar a quien quisiera progresar. El banco era pequeño y yo participaba en muchas tareas porque siempre estaba disponible. Nada me permitía predecir que tendría tantas oportunidades. Era una chica pobre, sin título, que estaría entre ejecutivos egresados de prestigiosas instituciones académicas. Tenía que saber más. Fui al Institut Technique de Banque y en dos años logré el diploma de posgrado. Tuve suerte, fui avanzando. Pienso que hoy es más fácil para las mujeres capacitarse y, si se logra entrar en una empresa, avanzar. Aunque las mujeres, en el mismo puesto, tienen que demostrar más que los hombres.

P.: Usted ha tenido algo más que suerte. Ha sido financista, banquera, petrolera, dirigió Fiat, Adidas, secundó al primer ministro Raymond Barre y ahora es campesina.

  • B.: Me gusta lo que he hecho en mi vida. Creo que la intención de “Una mujer libre” es señalar que la palabra “imposible” no existe y que todo puede suceder si se tiene voluntad y se goza de buena salud. Escribí este libro para mostrar que podemos cambiar completamente de negocios, empezar de nuevo. Yo pasé de trabajar en un banco a manejar una empresa de autos desde las finanzas. Enfrentar el mundo financiero fue siempre una lucha, no es algo nuevo, lo nuevo son las herramientas que ofrecen inmediatez, cercanía. Y ahora soy una campesina. Me gusta vivir en Corrientes, en la estancia que fascinó a mi marido, haber formado allí una pequeña compañía ganadera. En Rincón de Corrientes tengo las estancias de crianza, y en América, en la provincia de Buenos Aires, la estancia de engorde. Dos tipos de estancias que llevan la producción del nacimiento al frigorífico y la exportación. En algún momento tendría que escribir sobre eso.

P.: Muchos de sus múltiples trabajos la llevaron a inesperadas aventuras, como cuando con chaleco antibalas tuvo que ir a discutir con jefes guerrilleros...

  • B.: Eso fue en Basic, la empresa petrolera de un canadiense, que una vez más Jimmy, mi querido James Goldsmith, con quien formamos una “pareja de negocios”, me mandó a dirigir. Así fue como me convertí en petrolera en Guatemala. Resulta que teníamos pozos en Petén, al norte del país. Los guerrilleros querían impedir nuestro trabajo. Tuve que entrar en conversaciones, eso es otra novela. Fui a México a hablar con la cúpula de la guerrilla: Si quieren tomar el poder no tienen que, para eso, destruir lo que ayuda al país. Basic no solo extrae el cuarenta por ciento del petróleo que necesita Guatemala sino que hace carreteras, centros de salud, amplia poblados, el desarrollo atrae trabajadores. Pude convencerlos después de tres tensas horas.

P.: Otra de sus aventuras fue su participación en el intento de que la Argentina se adueñara secretamente de las islas Malvinas.

G.B: Fue una idea muy ingeniosa del millonario argentino Paco Cappozzolo, con quien Jimmy Godsmith y yo manejamos la venta de estancias de la empresa Bovril en la Argentina. Paco se dio cuenta de que la mayoría de la actividades de la isla grande estaban concentradas en la Compañía Falkland, que cotizaba en la Bolsa de Londres, la que reunía el correo, el banco, los puertos, los terrenos para ganado, las principales tiendas. La idea era: si no se pueden tener las islas, se puede tener la compañía más grande. Era empezar a compartir las Malvinas. Paco habló con el ministro Nicanor Costa Méndez. Fue un diálogo de sordos, finalmente nos dijeron que el gobierno iba a considerar la propuesta y si colaboraba en ella. Eso fue a comienzos de 1982. Hubo idas y vueltas. En Inglaterra sostuvimos que la compra la haría la empresa de Sir Goldsmith y un acaudalado empresario argentino; los ingleses se dieron cuenta, y una empresa inglesa compró antes que nosotros la Falkland por diez millones de libras, un precio absurdo, sólo para que no cayera en manos argentinas. Nuestra propuesta había llegado a oídos de Margaret Thatcher. El 2 de abril se inició la Guerra de Malvinas. Fue una oportunidad perdida.

P.: “Un día ya no tenés suficiente música para hacer bailar la vida”, anota citando a Celine, pero a los 90 años es una activa estanciera.

  • B.: Esa frase tiene que ver con mi labor política junto a Raymond Barre, a quien no he dejado de admirar y recordar. Me hubiera gustado ayudar más a mi país desde la política pero me convocaron los negocios empresarios, negocios que no dejé de lado aún entonces porque siempre los tuve cerca. Por caso Barre me hizo conocer el Foro de Davos donde los poderosos del mundo se reúnen anualmente a discutir los temas candentes económicos y políticos. Recuerdo el discurso de Helmut Kohl tras la caída del Muro de Berlín donde estableció la unificación de las dos Alemania. El éxito de Davos ha llevado a considerar sus conclusiones como la “Biblia del año”, y no fue siempre el caso. Recuerdo los pronósticos del aumento continuo del dólar y resulta que comenzaba a bajar al mes siguiente. Es acaso ya el momento de repensar el foro o…que pase al olvido.

P.: ¿Qué está escribiendo ahora?

  • B.: Nada. Pero acaso escriba ese libro que le dije sobre la industria del campo en la Argentina.

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