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Gonzalo Gossweiler: "Lo virtual promete liberarnos de las barreras del espacio, y quizás del tiempo"

El autor presentó su libro de cuentos "Los hologramas no hacen compañía" (China Editora), historias que se nutren de la ciencia ficción para construir universos futuristas cargados de melancolía por los que transitan en soledad personajes adolescentes.

Con asombrosa imaginación, Gonzalo Gossweiler aborda en "Los hologramas no hacen compañía" historias que se nutren de la ciencia ficción para construir universos futuristas cargados de melancolía por los que transitan en soledad personajes adolescentes.

Los cuentos se destacan por los climas -muchos diáfanos a pesar de las situaciones límite que abordan- y las historias que con gran libertad y belleza desarrolla el escritor, en escenarios que fluctúan entre Tokio y Buenos Aires. En diálogo con Télam, Gossweiler (Lomas de Zamora, 1984) se refirió a su obra, publicada por China Editora, cuyos personajes remiten a imágenes de animé.

Télam: ¿Cómo surgió la atracción por lo oriental y la ciencia ficción?

Gonzalo Gossweiler: En mi adolescencia me crucé por casualidad con el primer episodio de la serie de animé "Evangelion" y eso desencadenó todo. Ahí confluyeron ciencia ficción y cultura japonesa. En el medio, miles de películas de ciencia ficción de Hollywood, de esas que hacen que hoy sea popular la nostalgia de "Stranger Things". Después las lecturas de los clásicos como Ray Bradbury, Isaac Asimov y Arthur C. Clarke. Pero no tenía predilección consciente por la ciencia ficción hasta que empecé un taller literario con Hernán Vanoli y de repente todo lo que escribía era dentro del género. Lo japonés me vino primero por la sonoridad del lenguaje en la música, después por el estudio del idioma y al final tuve que visitar ese archipiélago seducido por el cine, la literatura y la forma tan particular de Japón de ver el mundo, tan distinta y tan complementaria con la nuestra, como el ying y el yang.

T: ¿De dónde surge la elección por la realidad virtual y el universo de la tecnología?

G.G.: El abordaje sobre la evolución de la tecnología se vuelve ineludible en la ciencia ficción, esa ficción especulativa que suele preguntarse ¿Qué pasaría si en el futuro...? Uno se cuestiona hasta dónde llegará la tecnología que tenemos hoy en 10, 100, 1.000 años y un poco sueña y otro poco razona cómo avanzarán los dispositivos de comunicación, el transporte, la medicina, para aplicarlo al verosímil de una historia de ficción ambientada en el futuro.

T: El primer cuento hace referencia al tsunami y a las víctimas, pero al transcurrir en la costa del Río de la Plata me remitió a los desaparecidos de la dictadura.

G.G.: El inconsciente trabaja de maneras misteriosas. Muchas veces no sé de dónde sale lo que escribo. Otras veces es extrapolar al universo conocido, nuestro país, la ciudad, situaciones de otros lugares o épocas. ¿Y si un tsunami barriera la costa del Río de la Plata y causara una devastación mortal? ¿Qué protecciones se tomarían después de eso? ¿Se podría reconstruir la infraestructura en meses como en Japón? ¿Qué sería de las víctimas nunca recuperadas? Cuántas tragedias vivimos y no queda ni una lápida, ni un recordatorio y la memoria se pierde. Los japoneses sufrieron golpes durísimos y reconstruyeron su país cada vez. Nosotros también podemos.

Libro Los hologramas
El libro de cuentos Los hologramas no hacen compañía (China Editora, 2019).
El libro de cuentos "Los hologramas no hacen compañía" (China Editora, 2019).

T: En los cuentos hay melancolía, tristeza, pérdidas, muerte inclusive, pero a la vez un clima muy diáfano. ¿Cómo piensa la construcción de esos climas?

G.G.: Me pongo en la perspectiva de un chico o una chica en esa situación y trato de pensar y ver el mundo como ellos lo harían. Es un mundo más esquemático, menos ambiguo, que desde la madurez vemos como más simple, aunque no lo sea. Las pérdidas y la muerte son etapas que en la niñez nos afectan y movilizan el crecimiento. La tristeza y melancolía, tal vez, me hago cargo, es escribir de esa época desde la adultez y extrañar aquellos años.

T: ¿Qué le permitió trabajar la realidad virtual, una forma de llevar al límite la imaginación?

G.G.: Lo virtual te permite crear un mundo adentro de otro y respetar cierta racionalidad del marco, a la vez que no hay límites para ese submundo. De mil maneras distintas lo explotó Philip K. Dick en sus historias y luego lo adoptó como bandera el cyberpunk. El ejemplo más fácil de asimilar es tal vez el de Neo en la Matrix. Esa creación sirve para cuestionar los alcances de nuestra propia realidad. Sin llegar tan lejos ya hace tiempo empezamos a poblar Internet. Usar las redes sociales es una forma de proyectar nuestra personalidad en la virtualidad, de habitarla. Lo virtual promete liberarnos de las barreras del espacio, y quizás del tiempo.

T: Con ciertos personajes que aparecen como hologramas y la realidad virtual, ¿busca mensajes simbólicos? Por ejemplo, en "Vientos de Venus", ¿la raza extinta remite al holocausto?

G.G.: Lo simbólico es parte de una polisemia que se abre ante escenarios que no tienen punto de contacto con nuestra realidad. Entonces, como un mecanismo de protección, nuestra imaginación se aferra a la experiencia más similar que encuentra en nuestra memoria. Busco contar una situación de la vida cotidiana de un personaje que vive en un lugar y tiempo salido de la ciencia ficción, que tiene problemas propios de esa época, pero que siente como sentimos nosotros, porque en eso no vamos a cambiar en los próximos miles de años.

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