Espectáculos

"Hipnosis": una muestra que atrae hasta a los peatones

El artista misionero cultiva formatos simples como círculos, rombos, prismas, grillas y cuadriláteros con disposición visualmente magnética.

Las pinturas de “Hipnosis”, una muestra retrospectiva del artista misionero Tulio de Sagastizábal, ocupan la vidriera curva de la esquina de Arroyo y Esmeralda en el nuevo espacio que acaba de inaugurar la Fundación OSDE. Los colores de las obras atraen desde lejos la atención de la gente. Y, el barrio, colmado desde hace décadas de galerías, anticuarios, casas de diseño y remates, suma ahora un buen centro artístico.

Al ingresar a la sala, comienza a percibirse la sensación hipnótica que adelanta el título de la exhibición. Cualidad acaso determinada por el placer de pintar formatos simples como círculos, rombos, prismas, grillas y cuadriláteros. Geometrías dispuestas con sencillez que coinciden con los colores rosados, celestes, verdes; llamativos azules, rojos intensos, violetas y amarillos. La paleta es decididamente luminosa y alegre. De Sagastizábal explica el quehacer de la pintura. Allí están los homenajes ocultos, los trapecios de la torre “Infinito” de Brancusi, la complejidad de los ejercicios de Pettoruti y los meses de trabajo que –observa- le llevó acabar una enorme pintura un poco alocada, porque el ojo del espectador trata de encontrar el centro sin poder hallarlo. Con diversas estrategias, el artista mantiene la gracia desde el principio al fin de un recorrido que, culmina este mismo año y se remonta hasta 1974.

Hay una serie de pinturas que palpitan. Al acercarse para observarlas se advierte que cada diseño geométrico contiene el gesto del artista, la huella del pulso tiene como resultado un leve cinetismo. “Habitualmente, y desde hace tiempo, me gusta pensar que mis obras son fruto del largo deseo de construir las imágenes como un modo de escribir”, señala el misionero. Si bien De Sagastizábal es un estudioso de los misterios de la imagen abstracta y los secretos de la atracción visual, hay cierta inocencia en sus obras que atrapa al espectador. Si se observan sus cuadros es posible descubrir algunas irregularidades. El trazo del pincel deliberadamente imperfecto al deslizarse sobre la tela, le otorga a las obras una cualidad personal. El efecto se percibe como la respiración del artista, como algo orgánico que habita los cuadros. A simple vista se advierte que las formas tienden a expandirse, como las rayas que fuerzan la verticalidad para encontrar una suave curvatura.

Hay una serie que alude al movimiento. El cinetismo, sin embargo, permanece en estado latente, suspendido, esperando para inflamar las ondulaciones. Y más allá del fenómeno óptico, de la contracción y dilatación de la pintura y su palpitar siempre ilusorio, están los desplazamientos detenidos. Hay óvalos, a punto de caer por la tela o, cintas que tratan de entrelazarse. Cada pintura es una búsqueda hacia el corazón del arte abstracto.

Recorrido

El recorrido de la exhibición termina en una etapa figurativa, cercana a la posmodernidad italiana, juguetona y sensual. Luego, simplemente, con la eliminación de la narración y los personajes, el artista ingresa en la abstracción. “Aunque, figurativo o abstracto, el relato siempre está” asegura De Sagastizábal. Y vale la pena recuperar sus ideas por una doble razón. En primer lugar, por el importante lugar que ocupa como docente formando a las nuevas generaciones; en segundo lugar, porque esta retrospectiva muestra la vigencia y los alcances de la pintura sensible. “Mi deseo” –explica el artista-, “es reafirmar, para mí mismo en particular, una supuesta constante de mi producción en la propia lectura de los mecanismos de trabajo: que no hay ninguna predilección por figuras particulares de la narración visual, sino que todo el esfuerzo y el placer están puestos en el entusiasmo que provoca el gesto de pintar”.

Las obras demandan una mirada prolongada, como si el objetivo fuera atrapar al espectador en la trama. Casi parece un juego y, sin darse cuenta, el observador se deja enredar por esas engañosas formas mínimamente alteradas. El secreto de la “hipnosis” reside en las imágenes aparentemente inocentes que inducen un cierto sopor meditativo, provocan el estado que describe Proust cuando habla de “los largos sueños que siguen a mi sueño”. Los cuadros abren las puertas a un vagabundeo del espíritu, entonces, las pinturas cobran verdadera vida.

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