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Homenaje a Liliana Maresca a través de múltiples miradas

• LA ARTISTA, PIONERA DEL ARTE UNDER Y LA GESTIÓN CULTURAL, FALLECIÓ PRECOZMENTE EN 1994
La galería Rolf acaba de inaugurar esta exposición dedicada a la artista under, víctima del sida, que brilló en la escena under desde los tempranos 80.

La exhibición "Liliana Maresca: fotoperformances, registros y homenajes" acaba de inaugurar un nuevo espacio de la galería Rolf en Esmeralda entre Arroyo y el Bajo. Las imágenes de Marcos López, Adriana Miranda, Santiago Porter, Facundo de Zuviría, RES, Ludmila y Adrián Rocha Novoa, recorren gran parte de la trayectoria de una artista literalmente excepcional, registran sus objetos, esculturas, instalaciones, performances y fotoperformances. Entre ellas, el significativo retrato de López con el rostro de Maresca enmascarado, tomado en 1984 en las escalinatas del Museo Nacional de Bellas Artes, en una época que el Museo expulsaba a los artistas.

Maresca nació en 1951 y murió de SIDA en 1994, a los 43 años; brilló en la escena under de los tempranos 80 y sus pares la veneraron como artista y gestora cultural. La muestra está curada por Adriana Lauria. Pero faltan, en este recorte, las imágenes de Alejandro Kuropatwa y las que reserva el Museo de Arte Moderno porteño para una exposición del año próximo. Desde la retrospectiva, sus torsos realizados en 1983 con materiales de descarte, fragmentos de viejos maniquíes metalizados, enormes resortes o un caño de escape que configura una columna vertebral, prenuncian la enfermedad.

Marcos López retrató a Maresca con estos torsos colocados sobre su cuerpo desnudo, y volvería a fotografiarla diez años más tarde, también desnuda. Con un gesto tan cínico como seductor, Maresca aparece acostada sobre un inmenso collage que reproduce rostros de políticos y militares (Menem, Clinton, Videla) y María Julia Alsogaray incluida, envuelta en pieles. La serie "Imagen pública. Altas esferas" remite a la situación del país.

Luego del feroz ciclón hiperinflacionario de 1989, la sociedad aturdida había aceptado la privatización de los bienes públicos, se resignaba a perder la educación, la salud y a la precarización del trabajo. "El modelo no tiene alternativas", era el eslogan de esa época y se festejó el reparto con "pizza y champán". En una de sus escasas obras con tinte político, la performance de Maresca hablaba con tono burlón de la orgía de frivolidad y corrupción. Comenzaba la progresiva pauperización argentina que perdura hasta hoy. A través de su arte, la artista anticipó su propio porvenir desventurado, y el de la Argentina también.

Apenas si se percibían estas señales cuando en 1990 Maresca presentó su "Carrito blanco". Ella misma fue al albergue Warnes a pedir prestado un carro de basura que resultó idéntico a los que una década más tarde se multiplicaron por toda Buenos Aires. Para exponerlo como arte lo pintó de blanco. Su carro adquirió la jerarquía de una joya. Maresca calcó sus formas en pequeño formato en oro y también en plata, y montó las réplicas sobre un pedestal. Con éste y otros recursos, afianzó el estatus de sus obras de arte y se permitió trabajar libremente con basura, objetos de lo más simples o los dramáticos cajones malolientes de la Chacarita. La estética de la década del 90 está presente en sus obras y no envejece.

Pocos artistas como ella han dejado un registro fotográfico tan completo. El archivo revela la estrecha relación que existe entre su obra y su vida; entre una obra compleja que se abre a múltiples interpretaciones y oscila entre lo sensible, conceptual y político, y una vida que se consume aceleradamente, dedicada tanto a la propia producción como a gestar proyectos artísticos colectivos que ya son una leyenda, como "La Kermesse" o "La Conquista".

Para este último, según el texto de María Gainza: "Había más de cien artistas de todas las disciplinas embarcados en el proyecto, hasta la comparsa Mari-Mari de Gualeguaychú. Ella insistía en que el despliegue de La Conquista no tenía que producirse de manera lineal sino simultánea: América era el sujeto de la Conquista y los artistas podían responder a eso de miles de maneras. Estaba la instalación de Juan Pablo Renzi, que mostraba la tierra plana y los barcos cayéndose por los bordes; El Búlgaro, con unos monos famélicos jugando con espejitos de colores; Oscar Smoje, con los cuadros y objetos que evocaban los restos de una antigua civilización que habitó a orillas del arroyo Maldonado, en Palermo Viejo; Marcelo Pombo con su stand de arroz Bárbara".

Maresca realizó la instalación "El Dorado" con una pirámide que evoca un lingote de oro y una alfombra roja que conduce a un trono. A su lado, una computadora imprime estadísticas e intenta calcular los kilos de oro transportados a España en relación a los litros de sangre india derramada. [...) La mítica ciudad de El Dorado nunca fue descubierta, pero la búsqueda alimentó la avaricia y la imaginación de los europeos", concluye Gainza. Florencia Giordana, galerista de Rolft Art, lamenta que los expertos que asesoran al Ministerio de Cultura y organizan la onerosa y cuestionable gira argentina a ARCO, la Feria de Madrid, no seleccionaran su espacio ni a Liliana Maresca. Aunque la Fundación Exportar de la Cancillería financiará su presencia.

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