Horacio Molina fue una voz atemporal
Figura fundamental en la música popular, fue también empresario y forjó la mítica serie de recitales de Vinicius de Moraes, María Creuza y Toquinho.
ños murió ayer el cantante Horacio Molina, cuya trayectoria, especialmente en el tango, lo convirtió en uno de los referentes de su generación. La noticia la dio a conocer ayer su hija, la actriz Juana Molina, en su cuenta de Facebook: "Hoy se murió papá. Justo el día del maestro. Papá, además de enseñarme el amor por la música y el consecuente baile, me enseñó a observar y asimilar, a criticar, viendo primero la viga en el propio ojo, a leer entre líneas, a ver más allá de lo que se ve y a desarrollar la intuición, la mejor manera de conocer el mundo". Juana era una de las dos hijas que tuvo el artista con la actriz Chunchuna Villafañe, la otra es la también actriz Inés Molina.

Nacido el 2 de septiembre de 1935, Molina se inició en el canto en los 60, al principio en géneros como el bolero, aunque no tardó en especializarse en el tango, donde encontró su mejor perfil, después de haberse presentado junto con Astor Piazzolla y Eladia Blázquez, entre otras figuras. "En la década del 70, cuando me fui a vivir a Europa, cambié mucho. Siempre canté dignamente, y siempre elegí buenas canciones, pero visto desde hoy no le creo al que era antes. Había encontrado un cierto oficio, pero estaba a 20% de mi potencial. Creo que ahora estoy cantando bien", le dijo a este diario en un reportaje publicado en 2005 cuando presentaba su disco "A pedido".

"Los años se sienten en el cuerpo, en el cansancio, en un esfuerzo mayor. Pero la ventaja está, en mi caso, en haber encontrado un camino que me permitiera mostrar mejor mi sensibilidad sin perder mi estilo", dijo también en aquella ocasión. "Me llevó tiempo encontrar esta salida. Esto es en parte un proceso lógico de la vida y la experiencia; pero también la exigencia que me plantearon productores y profesores en Europa que me hicieron mirar la música de otra manera".

También en los 70 Molina incursionó como empresario musical, cuando estuvo al frente del legendario La Fusa. Fue allí que convocó a Vinícius de Moraes, junto a María Creuza y Toquinho, para dar una serie de recitales en Mar del Plata y Punta del Este que terminaron por hacerse no menos legendarios. Hacia mediados de esa década su dedicación al tango ya sería total. "Siempre me inclino por la renovación del tango, en la medida que no sea repetir una vez más lo que ya hizo Astor Piazzolla", señaló.

"Yo no soy ni un dinosaurio ni un avanzado. Creo que encontré una manera atemporal de cantar; ni moderna ni antigua. Soy un porteño, nacido en Almagro, que vivió la mayor parte de su vida en Buenos Aires. De modo que, sin ser un tanguero acérrimo -de hecho, he estado muy ligado al jazz en mi juventud y sigo escuchando distintos tipos de música- mamé el tango en el aire. A la vez, como habitante de una ciudad cosmopolita, puedo disfrutar tanto de Troilo, de Gardel, de Goyeneche o de Fiorentino como del jazz, la música brasileña o la clásica. A lo mejor ya sería hora de dejar de lado las etiquetas. Cobián o Delfino, indudables tangueros, eran también conocedores de los repertorios internacionales y lo expresaron en su música. Títulos como "Fuimos", "Flor de lino", "Nieblas del Riachuelo" no pasarán nunca de moda; y me parece inclusive que están mejor ahora que antes", decía en aquellas entrevista con este diario.