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Hughes: "Cuando has logrado los objetivos y no hay nada más que aportar, es tiempo de retirarse"

Eva Hughes es una de las mujeres más influyentes en el mundo de la moda. En una entrevista a solas con estilo á repasó su carrera, su recorrido y su experiencia en el mundo de los negocios.

Escuchar a Eva Hughes es simplemente hipnótico. Nacida en San Sebastián, España, se mudó a México a los 11 años y luego a Miami, lugar que considera su casa. Sin embargo, mantiene el acento como si nunca se hubiese ido de su tierra natal.

Con más de 20 años en el mundo editorial y de la moda, llegó a ser la CEO de la prestigiosa revista Vogue, hasta que decidió dejar el cargo para convertirse en su propia marca a través de trabajos de consultoría para empresas y recorrer el mundo dando charlas de inspiración y liderazgo.

Periodista: ¿Cómo fue el camino desde sus inicios hasta ser la CEO de Vogue?

Eva Hughes: Fue largo. Quizás no tanto en años, porque si tú cuentas 20 años el total de mi trayectoria no son tantos. Pero la intensidad de cada año fue interesante. Yo comencé con 24 años como directora de una revista de moda en Miami. Fue por destino porque yo iba para hacer una entrevista para becaria y salí de la junta como directora de la revista, sin tener ninguna experiencia. La dueña de esa revista vio algo en mí que ni siquiera yo misma había reconocido ni sabía. Y entonces ahí empieza una carrera con lo que siempre para mí ha sido un gran hobby que son las revistas y el contenido. Quién iba a decirme a mí que esa niña que se sentaba en el comedor de su casa recortando revistas, con pegamento, tijera y bolígrafo, soñando, divirtiéndose, mientras el mundo podía estar colapsando a su alrededor pero ese era su refugio, que eso finalmente se iba a convertir en mi trabajo. Y cinco años después me viene la oportunidad de convertirme en la directora de Vogue para toda la región, para México y América Latina, desde Miami... imagínate que recibes la noticia de que te quieren en la dirección de Vogue. No sé qué sentimientos pueden tener otros, pero yo sentí varios: nervios, emoción.

P.: ¿Y qué siguió a partir de ahí?

E.H.: Fue un gran proyecto. Fui directora de Vogue por 10 años, estableciendo el producto en diferentes mercados. Con muchísimo trabajo; con horas y horas de esfuerzo. Si hablas con la gente que trabajaba conmigo todavía se recuerdan mis viajes, porque yo no paraba. Me levantaba a la mañana y no paraba hasta las 2 de la mañana, o hasta el día siguiente. Y claro, todo eso trae un desgaste. Te vas desgastando y no te das cuenta. Nueve años después de ser directora de Vogue, me mudo a México porque era importante establecer el producto allí, y a los seis meses me hacen la propuesta de ser CEO de la compañía. Al principio dije que no quería hacerlo, no me veía como CEO. No era uno de mis planes, ni mis sueños. Me explicaron por qué me necesitaban, cuáles eran los objetivos, por qué creían que yo era la persona correcta, y entonces ahí decidí que asumía la responsabilidad. Estuve como CEO durante 5 años en los que se alcanzaron los objetivos de la compañía. Pero llega un momento en que tú tienes que saber que algo tiene expiration date (fecha de vencimiento), cuando has logrado todos los objetivos, cuando ya no hay nada más que tu puedas aportar. Ahí es tiempo de retirarse. Y también de buscar otros caminos. Yo ya tenía una zona de confort, donde ya no estaba con el mismo entusiasmo, ni presionándome a mí misma, retándome a mí misma a buscar otras cosas.

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P.: Dejó un cargo muy codiciado y ahora emprendió un camino diferente; ¿cómo la encuentra esta nueva etapa?

E.H.: El mundo de ser entrepreneur es maravilloso, caótico, y te puede sacar de los nervios. Pero es maravilloso. Esta nueva etapa me encuentra muy bien. Es una mezcla. Hay momentos en los que dudas de ti mismo. ¿Puedo hacerlo? ¿Quiero hacerlo? ¿Puedo sostener el encontrar mi propio camino? Hay una seguridad que te ofrece trabajar para un corporativo. Pero para mí creo que llega el momento de descubrirlo. ¿Cómo puedo decir que voy a inspirar a alguien o que la gente me diga que las inspiró, si yo no sé combatir mis propios miedos? No sería factible. Ha sido una experiencia maravillosa, de grandes aprendizajes, y me siento muy bien de haber tomado esta decisión.

P.: Es raro escuchar de usted que en algún momento tuvo dudas...

E.H.: ¿Por qué no iba a dudar? Cada uno es diferente. Puede parecer extraño porque quizás para cualquiera ser CEO es su sueño, y si se lo ofrecen, no dudaría ni un minuto. Pero ser CEO no era mi sueño. Y te voy a decir algo más: consideraba que la responsabilidad del cargo era tal que yo quería que la empresa contratara a la mejor persona para el puesto. No porque yo fuese la persona elegida iba a ser la mejor para sacar adelante la compañía. Ese sentido de la responsabilidad ante todo es fundamental. Porque antepones la compañía y sus necesidades por encima de tu propio crecimiento. De qué sirve ga- nar más dinero, de qué sirve tener más poder si no vas a hacer nada.

P.: Es una postura que no se ve a diario en las empresas...

E.H.: Yo, afortunadamente, he trabajado en compañías éticamente responsables, con un enfoque en los valores impresionante. He tenido una gran suerte de trabajar para personas, como te repito, transparentes, éticas, correctas, donde el trato correcto, de equidad, de igualdad, estaba por encima de todo lo demás.

P.: ¿Las empresas que no tomen ese camino no tienen futuro?

E.H.: Yo no sé si tienen futuro, pero yo no quiero trabajar con ellas (risas).

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P.: ¿Alguna vez sintió que por ser mujer tuvo más resistencia para crecer en el mundo empresarial?

E.H.: En cuanto a mi crecimiento no. Para mí nunca fue un tema de género. Cuando yo entré a trabajar en Selecta, era muy joven, sin experiencia. Tres años después, las dos personas, hombre y mujer, que trabajaban conmigo en la revista me confiesan que me habían dado tres meses de duración en la compañía, que no iba a lograrlo. En Vogue me pasó exactamente lo mismo. Entonces cuando ya tienes que estar luchando contra algo que va más allá del género, sino que sencillamente que por tu background, por tu falta de experiencia, la gente ya determinó que tú no vas a lograrlo, ser hombre o mujer es irrelevante. Entonces hay que sacar lo mejor de ti. ¿Y qué pasa? Si viene alguien y te hace un comentario que puede ser chocante o inapropiado, es que es parte de tu vida, luchas, te defiendes, construyes, y sales adelante. Entonces, para mí el género nunca fue un tema, aunque por supuesto que es algo importante. Es cierto que yo, a lo largo de mi carrera, he tenido juntas o reuniones que han sido desagradables, porque se ponía en tela de juicio que si por el hecho de ser mujer tenía la capacidad emocional de manejar equipos, o si tienes la capacidad de hacer el trabajo. Los hombres muchas veces tienen una forma de expresarse maravillosa, las mujeres también. Pero yo realmente a esa conversación no le doy tanta importancia. Creo que el verdadero empoderamiento de las mujeres está en las propias mujeres. Las mujeres debemos de construir una comunidad de empatía y de colaboración entre nosotras. Y no juzgarnos. Porque después, si eso se logra, el poder cambiar las cosas, el poder educar a los hombres, el poder educar a las corporaciones va a ser mucho más fácil. Si las mujeres estamos unidas en apoyarnos unas a otras. Eso sí, no comportarnos de forma aislada. Es decir, las mujeres tenemos que tener en cuenta al hombre, no puede quedar afuera de la conversación.

P.: ¿Cree que los movimientos feministas no están yendo por ese camino?

E.H.: No digo eso. Pero sí creo que puede llegar a generar en el hombre que está trabajando sentirse aislado, cuando él lo único que ha hecho es apoyar, nunca ha tenido un tema, y se puede sentir absolutamente aislado de la conversación. Al contrario, yo quiero que tú seas parte de esa comunidad. No que te sientas fuera.

P.: Algo que debería ser absolutamente normal...

E.H.: Pero es que si todos fuésemos normales, la vida sería muy aburrida (risas). ¿Qué es normal para ti?

P.: Tratarnos como personas...

E.H.: Tengamos respeto entonces. Tengamos educación. No creo en eso de que, por ejemplo, ahora haya que promover cinco mujeres por año, que sea un requisito, porque eso va a generar resentimiento en otras personas. Quiero que las personas sean promovidas por sus capacidades y talentos. Pero que nunca se deje de promover a alguien por género u orientación sexual o por lo que sea. Todo el mundo se merece una oportunidad.

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P.: ¿Cómo se lleva adelante un buen liderazgo?

E.H.: Eso es muy personal. Cada uno se lo tiene que responder a sí mismo. No hay una fórmula secreta, una receta de cocina que te pueden compartir. El liderazgo es algo que cada uno construye todos los días. Yo estoy segura de que tú eres un líder. Y te voy a decir dónde, porque la gente sólo se ve líder en un sitio, quiere ser líder en un ámbito laboral. Tú eres líder cuando te levantas por la mañana, te arreglas y sales por la puerta; cuando estás saludando al portero de tu casa o a cualquiera de las personas con las que tú interactúas, tú eres líder. Tú eres líder de tu propia compañía. La que no existe, la que tú no ves, pero eres tú. Entonces el liderazgo empieza no por liderar personas, sino por cómo te lideras tú a ti mismo. Y ese día eres líder.

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