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Impecable “Jenufa” cerró la temporada 2013 de BAL

"Jenufa", ópera en tres actos. Música: L. Janácek. Libreto: L. Janácek, sobre un texto de G. Preissová. Coro y Orquesta Buenos Aires Lírica. Puesta en escena: A. Heller-Lopes. Dirección musical: R. Fischer (Buenos Aires Lírica, Teatro Avenida).



Dentro de la temporada 2013 de Buenos Aires Lírica, que clausura esta producción, "Jenufa" es el mayor desafío y encierra un doble riesgo: la realización artística y la respuesta de la taquilla. Si la primera fue impecable, hubiera sido de esperar que la segunda resultara igualmente satisfactoria. Los claros en la platea en el estreno manifestaron lo contrario, algo lamentable para un monumento lírico del siglo XX, una obra cuya fuerza dramática y musical no ha perdido vigencia.

Dedicada por Leos Janácek a la memoria de su hija Olga, víctima de una muerte prematura y prácticamente entroncada con la tortuosa génesis de la ópera, "Jenufa" narra el drama en el seno de una familia de campesinos: tras el asesinato a manos de Kostelnicka, la sacristana, del pequeño hijo de Jenufa y Steva, el amor de Laca Klemen redimirá a la protagonista. El brasileño André Heller-Lopes planteó una puesta tan sobria como eficaz, poniendo el énfasis en una marcación actoral muy lograda, con un marco visual de poética belleza que enfatiza sus ideas y lleva las firmas de Daniela Taiana (escenografía), Sofía Di Nunzio (vestuario) y José Luis Fiorruccio (iluminación).

El aspecto musical es excelente (con excepción de algunas imprecisiones en la afinación de las cuerdas) tanto en lo vocal como en lo instrumental. A las órdenes del suizo-chileno Rodolfo Fischer,un elenco de primerísimo nivel, una orquesta eficaz y un coro muy bien preparado por Juan Casasbellas cumplen con los enormes desafíos que conlleva el lenguaje de Janácek. Dos performances descomunales se despegan del resto, y son las de quienes están a cargo de los papeles más importantes de la ópera: Daniela Tabernig, una Jenufa soñada en "physique du rôle", color vocal, expresividad y matices actorales, y Adriana Mastrangelo, una Kostelnicka desgarradora en su tortura interna y con toda la dureza exterior que el personaje requiere, portentosa en su canto y sus gestos; ambas hicieron del segundo acto un momento antológico en la lírica local.

Eric Herrero (Laca), Santiago Bürgi (Steva), Virginia Correa Dupuy (Buryja) y Norberto Marcos (Capataz del molino y Juez del pueblo) fueron muy dignos intérpretes en todo sentido y el resto del elenco completó con altura. La sencilla coreografía de Ignacio González Cano sumó atractivo a una versión que no merece pasar inadvertida en la actualidad, porque seguramente permanecerá en el recuerdo.

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