Espectáculos

Impresionó a Venecia un film sobre los funerales de Stalin

"Funeral de Estado", de Sergei Loznitsa, fue el título más comentado de la jornada hacia el término de la Mostra.

Venecia - El festival empezó con fuerza y hacia la mitad se desinfló. De los tres films italianos en competición ya se han presentado dos, y salvo alguna sorpresa con el que falta (“La mafia non é piú quella di una volta”), o el del cierre, es probable que la “selección italiana” quede “fuori della coppa”. Las historias de las tres películas italianas de la competición tienen lugar, total o parcialmente, en idéntica ciudad, Nápoles. Se puede en parte comprender esta coincidencia, ya que dos tratan sobre la mafia. Pero que la tercera, “Martin Eden”, también transcurra allí es sorprendente teniendo en cuenta que la obra original en que se basa es inglesa. La decisión del director Pietro Marcello de trasladar la clásica obra de Jack London al sur de Italia parece algo forzada, así como que el personaje sea encarnado por Luca Marinelli, de igual procedencia. Inclusive es algo confusa la evolución de Eden, quien de marinero no instruido pasa a ser un pseudointelectual con un cambio ideológico que lo lleva del socialismo al individualismo.

“The Painted Bird”, basada en un libro de Jerzy Kosinski y del realizador checo Václav Marhoul, está ambientada en la Segunda Guerra Mundial. Su personaje central es un niño judío, cuyos padres lo entregan a una mujer católica para salvarle la vida. A lo largo de casi tres horas irá pasando de mano en mano y sufriendo numerosos martirios (sexuales, violencia física, torturas) hasta finalmente ser rescatado por soldados rusos, en plena retirada nazi. Las bellas imágenes en blanco y negro y un elenco internacional con nombres conocidos como Harvey Keitel, Udo Kier, Stellan Skarsgard, Julian Sands y Barry Pepper no logran compensar el manifiesto deseo del realizador de incomodar al espectador con escenas gratuitas de extrema crueldad. Baste como ejemplo una en que un campesino le arranca literalmente los ojos a un hombre que se ha acostado con su esposa y dos gatos juegan con dichos órganos. Se ha comparado injustamente a esta obra con la maravillosa “Venga y vea” de Elem Klimov, con la cual sólo comparte la época en que transcurre. Una curiosidad es que ninguno de los actores antes citados se expresan en su idioma, ya que aquí se ha utilizado una lengua “intereslávica”, especie de esperanto de Europa del Este. Pese a las reservas expresadas, no debería descartarse que gane un premio y sería lamentable, pero no descartable, que se lleve el León de Oro.

Fuera de competición se ha visto “State Funeral” (Funeral de Estado), del prolífico Sergei Loznitsa, y de lo mejor del Festival. El director de “Maidan” y “Austerlitz”, logra en su nuevo documental rescatar material del funeral de Stalin, fallecido el 5 de marzo de 1953. Como señaló a este cronista Anton Dolin, notable crítico ruso, la mayoría de las imágenes del film son inéditas, y su banda sonora incorpora no sólo tramos de obras clásicas famosas como la Quinta y Sexta sinfonías de Tchaikovski y la Marcha fúnebre de Mendelssohn, sino otros enfáticos sonidos. El comienzo es impresionante cuando muestra el ataúd de estridente color rojo en que se encuentra el cuerpo de Iósif Stalin. Su muerte, como se explica detalladamente fue producto de una hemorragia cerebral e infección pulmonar. Es probable que nunca, en toda la historia de la humanidad, haya habido tantas coronas florales como las que llenaban la Plaza Roja. Y lo mismo vale para la inmensa multitud y la cantidad de representantes extranjeros que se agolparon en la vecindad del Kremlin. En el momento en que el cuerpo es introducido al mausoleo, que en esa época fue “compartido” por Lenin y Stalin, se escuchan los discursos de Malenkov, el siniestro Beria y finalmente Molotov. Y quien los presenta es Nikita Khrushchev, en pleno ascenso en su carrera.

Al finalizar el documental tres carteles comentan que 27 millones de personas murieron en el Gulag durante el gobierno de Stalin, en 1956 fue condenado el culto a la personalidad y cinco años después (1961) se quitó el cuerpo de Stalin del Mausoleo que hoy a la entrada sólo exhibe el nombre de Lenin. Con ese final Loznitsa fija su posición, luego de la exhibición de imágenes que hablan por sí solas.

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