Chiste de quinchos

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Vamos con un chiste de una profesión clásica.

Un joven abogado, que se iniciaba en la carrera y recién inauguraba su estudio, estaba muy ansioso por impresionar a sus potenciales clientes. Cuando vio que entraba un hombre al despacho (todavía no tenía ni secretaria) lo hizo esperar en la sala contigua durante más de media hora, y con el teléfono fijo decía en voz bien alta cosas como “Me va a tender que disculpar. Tengo tantos casos en los próximos meses que va a tener que consultar a otro colega“. O “Imposible. Mis clientes son muy importantes y me exigen atención absoluta. Si llegara a tener un hueco me contactaré con usted”.

Así, pasada esa media hora, le indicó al hombre que lo esperaba que pasara a su escritorio. Este así lo hizo y se quedó de pie.

--Venga, tome asiento --lo animó--. ¿Qué puedo hacer por usted?

--Nada --respondió el hombre--. Yo soy de la compañía telefónica. Vengo a habilitarle la línea.

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