Opiniones

Inteligencia artificial: el otro lado de la guerra tecnológica

Huawei lanza Ascend 910, el chipset de AI (inteligencia artificial) más avanzado en la actualidad. Este lanzamiento de la tecnológica china contempla una complementariedad al despliegue del 5G.

Entre Estados Unidos y China, más allá de las restricciones comerciales que impone el primero, las listas negras y los tweets de Donald Trump, respondidos por el gobierno de Beijing con una devaluación del yuan y el incremento de aranceles, la gran pelea de fondo que se continúa disputando es por el dominio tecnológico.

En este sentido, el “campeón nacional” Huawei desafía en nombre del Reino del Medio y lanzó su último chipset de AI (inteligencia artificial), declamando prestaciones superiores que sus iguales norteamericanos, producidos por Qualcomm y NVidia: de acuerdo con Eric Xu, actual presidente rotativo de la compañía, el Ascend 910 duplica la performance del Nvidia V100, atribuyéndose la calidad de líder en su rubro.

Desde el punto de vista de la geopolítica de la tecnología, el contexto que rodea el lanzamiento del Ascend 910 contempla una complementariedad al despliegue del 5G (y a la disputa asociada por conquistar los distintos mercados). Así, se prevé que el dominio de la tecnología embebida en los equipamientos de las redes móviles 5G permitirá controlar la malla de conexión de las telecomunicaciones globales, y quien domine las conexiones controlará (o al menos condicionará) las comunicaciones. En cuanto a la AI, la capacidad de desarrollo y producción de tecnología “core” permitirá saber cómo “piensan”, interpretan y procesan la información los diferentes dispositivos de uso cotidiano en el hogar, en la calle, en la fábrica, en la escuela, en un vehículo de transporte: quien domine la tecnología de AI controlará (o al menos condicionará) la captación de datos, creación y producción de información.

Actualmente, dentro de un mercado con un valor estimado para 2023 de u$s 43,3 mil millones, el liderazgo en desarrollo y producción de AI lo detenta Estados Unidos. Entre los jugadores clave fabricantes de chipsets de AI se destacan las empresas norteamericanas Qualcomm (QCOM), NVIDIA (NVDA), Intel Corp (INTC), Apple (AAPL), Alphabet (GOOGL), Amazon (AMZN), IBM y Micron Technology (MU). Se agregan a este listado las firmas MediaTek Inc (2454-TW), taiwanesa, y Samsung Electronics (SMSN), de Corea del Sur, mientras que desde China se suman Huawei y las compañías identificadas con las sigla BAT: Baidú (BIDU), Alibabá (BABA) y Tencent (700-HK), caracterizadas particularmente por las fuertes inversiones que han realizado en el entorno AI a partir de la creación de empresas especialmente dedicadas. Hay mercado y demanda potencial para todas: robótica, smartphones, sistemas de seguridad, vehículos, deep learning, redes neuronales, cloud computing, reconocimiento facial y procesamiento de lenguaje natural entre otros usos de la AI.

En cuanto a las estrategias de liderazgo, más allá de la lógica norteamericana siempre dominante de impulsar los mercados y fomentar la competencia entre los distintos actores, la administración Trump ha lanzado en febrero de este año la llamada “American AI Iniciative”, preocupada particularmente por mantener el predominio en la materia. Se espera de la “Iniciativa” no solamente que facilite la I+D sino también que genere confianza, capacite laboralmente a las personas involucradas y proteja los intereses, la seguridad y los valores nacionales.

Concretamente, la “Iniciativa” no especifica aún una suma concreta de fondos asignados, y más allá de su positiva consideración por parte de los especialistas, no hay detalles sobre cómo se va a desenvolver el programa en la práctica, como tampoco hay plazos para la implementación de las iniciativas involucradas. En tal sentido, se ha señalado que el plan contiene “todos los elementos correctos", pero también que aún es "aspiracional”, sin detalles y que no es “autoejecutable".

En cambio China aparenta tener mucho más claros sus objetivos (o los explicita de manera más clara): tiene actualmente un ambicioso plan de desarrollo de capacidades en core AI, el corazón de la inteligencia artificial, caracterizadas por el desarrollo de hardware y software básico, deep learning, chips y sensores e investigación aplicada, lo que en números triplicaría los RMB 150 mil millones (u$s 21 mil millones) que se esperan facturar en este particular sector para 2020, llevándolos a RMB 450 mil millones (u$s 63 mil millones) para 2025. El hito buscado es transformarse en líder mundial (por sobre Estados Unidos) en 2030.

La expectativa de China en aventajar lo antes posible a Estados Unidos en el dominio de la inteligencia artificial se sostendría principalmente en el tamaño de su mercado interno y en la ausencia (al menos aparente) de cuestionamientos éticos y sociales que pueden traen aparejadas las aplicaciones de AI. En cuanto al primer punto, China es líder en robótica y dispositivos móviles, ambos grandes usuarios de AI, aún con un gran potencial de expansión doméstica.

El gigante asiático también lidera el mercado de aplicaciones para videovigilancia y reconocimiento facial, ya muchas de ellas de utilización actual en escuelas, estaciones de trenes y otros espacios públicos. El uso de AI en la vigilancia, monitoreo y seguridad públicas, así también como el empleo de robots, tanto en el ámbito civil como militar, generan posiciones más refractarias en democracias liberales como las occidentales, incluida la norteamericana (en comparación con la sociedad china), dando lugar a un avance más medido en la aplicación de las tecnologías y, por ende, un crecimiento menos acelerado de la demanda.

El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.

Dejá tu comentario