Opiniones

Inteligencia económica: una clave para la recuperación

No importa la época, no importa la condición, importa la necesidad.

La evolución del siglo XXI se encuentra signada por los grandes avances tecnológicos y por la irrupción y/o intensificación de nuevos marcos de disputas y generación de amenazas a la seguridad de los Estados. En tal sentido se destacan cada vez más las guerras económicas y las cuestiones asociadas al ciberespacio (ciberseguridad, ciberdefensa) en detrimento de los conflictos clásicos de enfrentamiento total (la guerra clásica en la concepción de Clausewitz), donde existe un objetivo político y un enemigo claramente definido. En los mencionados ámbitos y particularmente en la arena económica, más allá de marcados liderazgos configurados en el sistema internacional, es una guerra de “todos contra todos”.

Tanto la seguridad económica como la ciberseguridad requieren actualmente de una especial atención por parte de los Estados, por cuanto los ámbitos de la Seguridad y Defensa Nacional deben ahora analizarse a partir de un encuadre superador al de su definición tradicional, limitada al objeto único que implica un ataque de una potencia extranjera.

De este modo, la creación de instituciones públicas especializadas, espacios de encuentro y concentración de esfuerzos que traten de manera rigurosa los temas mencionados, son vitales para enfrentar el presente y futuro con una mayor preparación: se trata de generar herramientas para un mejor análisis de la realidad (siempre compleja), que permitan una mayor anticipación de los escenarios y, por ende mayores márgenes de maniobra ante la ocurrencia de los sucesos.

En lo que concierne a ciberdefensa, la materia estaría siendo abordada desde una visión tradicional de seguridad y defensa, considerando la propia especificidad de esta nueva amenaza. Así, se está generando un acervo de conocimiento que permitirá encarar estos desafíos de mejor manera. No parece tan claro el panorama en lo concerniente a la seguridad económica.

De acuerdo con los expertos franceses en la temática, la seguridad económica es la materialización de una política estatal dirigida a proteger y promover los intereses estratégicos de una nación. En su aspecto defensivo, la seguridad económica incluye las actividades de protección del patrimonio, delimitación de perímetros industriales y tecnológicos críticos y la lucha contra las actividades de inteligencia económica extranjera. Desde una perspectiva ofensiva, se manifiesta en el apoyo al desarrollo internacional de las empresas.

La referida materialización es llevada a cabo a partir del desarrollo de procesos de inteligencia económica, entendida esta como el conjunto de acciones coordinadas de investigación, tratamiento y distribución de información para tomar decisiones en el orden económico.

Considerando la permeabilidad que tiene nuestro país a distintas corrientes de pensamiento originales del mundo desarrollado, se han ido incorporado tibiamente los conceptos de inteligencia competitiva, inteligencia económica e inteligencia de negocios, tanto desde la academia como desde las instituciones de distintos Estados, organismos internacionales, etc. No obstante, aún no parece cristalizarse colectivamente la importancia que estos conceptos tienen para el desarrollo nacional, y los esfuerzos por difundir su utilidad se presentan dispersos.

Así, podemos considerar que se ha avanzado en la creación de programas puntuales dentro de diferentes organismos públicos. Desde la Agencia Argentina de Inversiones y Comercio Internacional se ha creado Buy Argentina, con funciones relacionadas a la facilitación de negocios, inversiones y comercio internacional, continuando la idea original de la Fundación Exportar, precursora en este ámbito de la inteligencia comercial. Desde la actual Secretaría de Ciencia y Tecnología, en 2007 el entonces MINCyT impulsó la creación del Programa VINTEC, de vigilancia tecnológica e inteligencia competitiva que, con relativo impacto y difusión lleva adelante el servicio de Antena Tecnológica, pionero en nuestro país en informes sectoriales de inteligencia emanados de un organismo público. También existe una red de universidades que han desarrollado capacidades de vigilancia tecnológica, incluso en sociedad con organismos municipales tal cual es el caso del RADAR VTIC UNAJ-Berazategui, que monitorea distintos sectores económicos de impacto a nivel local-regional.

Más allá de estas iniciativas, que se presentan limitadas localmente, sesgadas a industrias, negocios y/o regiones específicas, la realidad económica actual exige compromisos mucho más profundos respecto del análisis estratégico nacional, y en tal sentido los esfuerzos deberían articularse desde un centro común: la globalización es una realidad que no da treguas, la competencia económica entre Estados existe y se muestra cada vez con mayor intensidad y de diferentes formas, motivando a un abordaje integral de la cuestión, abierto a los distintos actores, colaborativo, consensuado en una misma línea de acción.

Así, no solamente deben concentrarse esfuerzos en mejorar las posiciones competitivas de nuestros productos y servicios tanto en el mercado interno como en el exterior, en lograr posicionarse en cadenas de valor globales, sino que también deben cuidarse nuestros activos estratégicos. Aquí puede leerse Vaca Muerta, el litio en el norte del país, los desarrollos tecnológicos nucleares, el desarrollo de la industria aeronáutica, las redes de telecomunicaciones, la industria automotriz, la industria alimenticia, el campo… Las circunstancias que se presenten para cerrar un negocio, posibilitar la llegada de capitales externos y/o adoptar tecnologías importadas, más allá de la oportunidad, deberían estar contempladas dentro de un plan de desarrollo de largo plazo que además considere la seguridad nacional. De otra manera, no existirá sustentabilidad y el anhelado crecimiento se tornará incierto.

El desafío que implican estas (nuevas?) amenazas a la seguridad nacional debería entonces encararse con una mirada circunscrita a la protección de nuestros intereses económicos estratégicos. Así, es menester un mayor involucramiento de actores estatales y privados en la complementación de una acción modernizadora y de fortalecimiento del análisis estratégico vinculado estrictamente con lo económico: necesitamos inteligencia económica.

En este sentido, los recursos estatales particularmente asignados a nuestro sistema de defensa nacional, deberían relacionarse inequívocamente con la protección de nuestra economía, propendiendo de manera estratégica a la generación de riqueza (y empleo) localmente y a la motorización del desarrollo económico nacional en general. Para ello, nuestro sistema de inteligencia, debería contemplar explícitamente la inteligencia económica.

La inteligencia económica no es de ninguna forma un concepto novedoso y ejemplos abundan. Así, un país como Estados Unidos ejerce continuamente sus capacidades en la materia, limitando por caso en la actualidad el ingreso de la firma china Huawei a su mercado de telecomunicaciones aduciendo cuestiones de seguridad nacional: temen tanto por la seguridad de la red como por la pérdida de competitividad de sus empresas del mismo rubro. Ya desde 1956, la CIA (Agencia Central de Inteligencia) definía los métodos y naturaleza de la inteligencia económica, remarcando entre sus objetivos el dominio de la geopolítica, la asistencia a los tomadores de decisiones y la generación de influencia.

Desde una óptica complementaria, Francia ha creado en 1997 la Escuela de Guerra Económica, que fue fundada a partir de la inquietud del Estado en la materia: desde la “Ècole” mantiene una red de profesionales de inteligencia económica que, entre otras actividades, sustenta la necesidad de recursos humanos especializados tanto para el propio Estado como para las empresas francesas. En tanto que otro modelo es China, que realiza sus actividades de inteligencia económica a través de su poderoso Ministerio de Comercio (MOFCOM) valiéndose de su red de oficinas consulares alrededor del mundo para recopilar información valiosa.

Así, más allá de la impronta de los diferentes paradigmas, en esta nueva etapa que se avecina en Argentina es deseable concentrar esfuerzos en una estrategia económica que explote la inteligencia como impulsor de desarrollo, y que exista un soporte institucional público que centralice y dirija los esfuerzos de todo un sistema de monitoreo. Las naciones más desarrolladas ya tienen este tipo de recursos en movimiento, contemplando la concurrencia de empresas privadas, cámaras de comercio, agencias de desarrollo, sistema financiero, agencias tributarias, ministerios de economía, defensa, aduanas, universidades, etc

En definitiva, el desafío es alcanzar unas capacidades acordes a los tiempos actuales a partir de la utilización de las herramientas adecuadas, aplicadas con la mayor precisión posible y en una dirección clara. Las líneas de acción deben hoy más que nunca apuntar a la preservación del interés nacional y a la proyección de nuestro país como una potencia media en el concierto internacional.

En tal sentido, bien vale la idea del “más vale tarde que nunca”.

(*) Analista de Relaciones Económicas Internacionales, Tecnología y Geopolítica. Director de ESPADE (Estudios para el Desarrollo).

El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.

Dejá tu comentario