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Inusuales imágenes del país de 1969 a 1975

«Memoria para reincidentes» (Argentina, 2012, habl. en español). Guión y dir.: V. Bruck, G. Jaime, J. Gabino. Dcumental.

Cinco años de recopilaciones y entrevistas les llevó a Violeta Bruck, Gabriela Jaime y Javier Gabino desarrollar este documental con imágenes inhabituales de 1969-1975, rescatadas de viejos noticieros de Canal 9 y otras fuentes que en muchos casos recién vuelven a salir a la luz. No por ello el trabajo hace ostentación de sí mismo. Incluso tiene la humildad de proponerse sólo como unos sencillos apuntes para avivar el recuerdo de quienes transitaron aquellos años, y señalar ciertos hechos a quienes hoy sólo conocen una versión retórica de los hechos. Lo hace desde una perspectiva de izquierda ajena a la oficial, tomando episodios hoy olvidados, que en su momento dieron mucho que hablar: la toma de fábrica con directivos rehenes en la Córdoba «clasista» de 1969, donde llegó a mediar el entonces ministro de Economía Aldo Ferrer, reclamos de 1974 en un astillero del Tigre y una fábrica de San Isidro, resueltas con una intervención a cargo de la Triple A, pedidos de elecciones gremiales de los metalúrgicos de Villa Constitución que Isabelita consideró complot antinacional y resolvió enviando cien Ford Falcon bien cargados, y entre medio «el viborazo» de 1971, el «rodrigazo» que implicó una devaluación del 150% y aumento de 180% en combustibles en pleno invierno del 75, y otras minucias.

El material de archivo ilustra y corrobora anécdotas de viejos militantes de entonces, que también mencionan picardías, miedo escénico frente a miles de compañeros, el rechazo general de los obreros a la guerrilla, los tiempos de ilusión y las traiciones peronistas, del Gran Acuerdo Nacional a los «dirigentes sabios y prudentes». Duele ver galpones desolados donde antes había empresas, y también da cierta ternura saber qué fue de la vida de famosos independientes como Gregorio Flores, líder del Sitrac a quien vemos flaco, enérgico, de bigotazo negro y cuello amplio en los noticieros, y ahora es un viejo risueño de barba blanca que pasea por el barrio obrero con su buen compinche, el petiso Francisco Páez. En su mejor momento, lograron que el propio gobierno militar ordenara el reintegro de siete delegados. Poco después, cuando las aguas se habían aquietado, fuerzas de seguridad invadieron las fábricas y empezó otra historia. Al menos están vivos.

P.S.

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