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Inversión para la inclusión financiera

La banca argentina está llevando adelante un proceso de innovación tecnológica y digitalización sin precedentes. Los bancos son los que más invierten en infraestructura tecnológica en el país; representa más del 30 % del total estas inversiones, según la consultora internacional IDC. Esta revolución tecnológica-digital tiene como norte mejorar la experiencia del cliente, pero manteniendo aquello que caracteriza a los bancos: confiabilidad.

Los bancos están transformando sus sucursales físicas para mejorar la experiencia del cliente y complementar los servicios digitales. Actualmente ir a las sucursales es opcional; desde un teléfono móvil se puede abrir una cuenta (on boarding digital), hacer un depósito, gestionar un crédito, hacer pagos, comprar moneda extranjera, etc. Hoy todas las personas pueden llevar una sucursal del banco en su bolsillo.

Las nuevas tecnologías, los hábitos derivados de ella y aparición de proveedores no bancarios de servicios financieros (entre ellas las denominadas fintech) presentan retos a los supervisores bancarios: no inhibir la innovación, pero velar por la protección de los usuarios y mitigar los riesgos asociados a las nuevas tecnologías.

El Banco Mundial y el FMI (Agenda Bali 2019) señalan riesgos asociados a la actividad de las fintech. Se destacan los riesgos de integridad y seguridad de datos personales, riesgos para la estabilidad financiera y seguridad de los medios de pagos y, riesgos de lavado de dinero.

En Argentina, a diferencia de la mayoría de los países de la región, la operatoria de las fintech no está sujeta a regulación. El BCRA no ha dictado normas al respecto. Esto permite que existan empresas que provean servicios financieros y/o de pagos sin estar sujetos a regulación prudencial ni reglas mínimas de protección al usuario financiero. Una regulación adecuada, que provea seguridad a usuarios y que garantice igualdad de trato a los distintos proveedores de servicios financieros (sean o no bancos), es la tendencia mundial y una materia pendiente en Argentina.

El sector bancario argentino alcanzó una marca sorprendente: el 80% los adultos tienen una cuenta bancaria, tarjeta de débito y acceso a home banking. Este número revela la gran capacidad de los bancos de llegar a la población, esto tiene que ver con las inversiones realizadas por el sector.

Sin embargo “acceso” a los bancos no constituye por sí solo, inclusión financiera. La OCDE define inclusión financiera como el “acceso” y “uso” de productos y servicios financieros regulados.

En el caso argentino el problema está en el “uso”. Muchas cuentas se usan una vez al mes sólo para sacar por cajero la totalidad de los fondos. Las causas del bajo “uso” se vinculan a el gran tamaño de la economía informal, carga tributaria nacional y provincial excesiva a las operaciones bancarias, deficiencias de la regulación y la carencia de una política sistemática de inclusión financiera.

La alta proporción de adultos con cuentas bancarias y la inversión en tecnología del sector permiten ser optimistas en cuanto al futuro de la inclusión financiera en Argentina. El “acceso” a los bancos ya es una realidad, resta aumentar su “uso”.

Una adecuada regulación del BCRA y una política consistente de inclusión financiera permitirían una rápida mejora en la inclusión financiera. Es de esperar que las autoridades avancen en esa dirección, basados en las buenas prácticas internacionales.

(*) Presidente de ADEBA.

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