Ambito BIZ

"Inversiones del sector pueden tener rol clave en aporte de divisas al país"

Raúl Fosco es un empresario argentino del sector agrícola. También es dueño fundador de Fildroy, una empresa uruguaya que ya cuenta con habilitación del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca del Uruguay para cultivar CBD para uso medicinal. Tiene un campo de 22 hectáreas en la zona de Maldonado.

Raúl Fosco es un empresario argentino que apuesta al sector agro y energías en el país. En tanto que en Uruguay ingresó al sector de cannabis medicinal. Participa de la flamante CamAICann (Cámara Argentina de la Industria del Cannabis) y es uno de los referentes empresarios que aporta su experiencia dentro del sector económico privado para favorecer marcos institucionales y regulatorios relacionados a la temática en todo el territorio nacional.

P: ¿Cómo fueron sus inicios en la industria del cannabis?

Raúl Fosco: En el año 2017 me voy con unos amigos a Punta del Este; éramos cinco o seis amigos que habíamos jugado rugby en nuestra adolescencia. En aquellos años nuestros cuerpos habían sufrido dolores de todo tipo en rodillas, codos, hombros; y hoy por hoy estamos pagando las consecuencias.

Estábamos de vacaciones y no podíamos caminar ni 5 cuadras. Hacíamos todo en auto. Como en Uruguay el cannabis está liberado, en las farmacias es fácil acceder a las pomadas, las cremas para los dolores y las gotas. Entramos a una farmacia a preguntar para que nos pudieran vender unas pomadas para aliviar los dolores de las hoy artrosis, porque fueron operaciones de rodillas hechas hace mucho. Pero no nos quisieron vender porque no éramos ciudadanos uruguayos, ni estábamos inscriptos en la nómina del padrón del ministerio de Salud Pública de Uruguay. Pero la farmacéutica se apiadó de nosotros y nos mandó a un GrowShop donde fabricaban.

Siguiendo con la historia, conseguimos las cremas, uno de los muchachos que nos atendía nos dijo que justo estaba fabricando para su madre que tiene también la rodilla con muchos problemas con artritis y nos dio de probar unos tarritos chiquitos y la verdad que fue fabuloso, a las 3 o 4 horas se nos pasó el dolor a todos. Todos estábamos muy asombrados.

Fue así como decidí entrar en la industria. Me dieron ganas de hacer algo con altruismo, mirar para atrás y sentir que ayudé a personas que padecen los mismos dolores que yo.

Tengo la suerte de conocer un poco el mundo, tengo cinco hijos viviendo en el exterior (Chile, Inglaterra y España), por eso he visto estas cosas hace muchísimo tiempo, y no puedo creer que en Argentina no avance la temática.

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Por ejemplo, el lift del laboratorio de la provincia de Santa Fe hace dos años importó 50 kilos de flores desde Uruguay para producir el aceite en el laboratorio de la provincia y no pudo. Seguimos todavía dependiendo de leyes que fueron hechas por el voluntarismo político pero sin ser aptas para lo que la industria necesita.

En Uruguay hay todo un proceso para la importación y exportación y un marco regulatorio de ingreso a la industria, donde el primer paso es SENACLAFT (la Secretaría Nacional del Lavado de Activos y Financiamiento del Terrorismo). Eso, en los proyectos que hay hoy en Argentina, no existe.

Nosotros sacamos las licencias en Uruguay, donde tenemos un campo en la zona de Maldonado de 22 hectáreas, y ahí estamos haciendo en este primer año la importación de las semillas. El campo ya está con el laboreo listo para ser cultivado y en mayo estaríamos levantando la cosecha, todo CBD para cannabis medicinal.

Esto no es un negocio, es una industria incipiente sobre todo en Argentina, y en el mundo te diría que también, aunque yo ya lo veo hace tiempo. Lo primero que vi en Palma de Mallorca por el año 2002-2003 es que ya se conseguían los aceites y las cremas. Y aquí, casi en 2020, seguimos en duda y queriendo comprobar científicamente si esto es viable o si tiene las cualidades que dicen que tiene la planta.

La planta tiene miles de cualidades. Pero aquí las limitamos solo para el uso con epilepsia refractaria. Pero es una planta muy bondadosa.

Phytoplant es una empresa española a la cual solicité una entrevista con el CEO, Stefano Mayer. Volví enamorado de la industria y de ese laboratorio. Quise automáticamente hacer algo parecido en Argentina, pero como no se podía opté por hacerlo en Uruguay. Nuestros capitales son argentinos, están integrados por muy poca gente, mi socio es Eduardo Falco, que vive en Barcelona hace 32 años, y es el propietario del campo; después estoy yo y están mis hijos que integramos la sociedad; y está una amiga que es María Beatriz Reche y todo el equipo de trabajo, ingenieros agrónomos y grow masters, que son los especialistas del cannabis.

P.: ¿Cómo ve su provincia, Santa Fe, con respecto a esta industria?

R.F.: Santa Fe está muy adelantada en el tema. El INTA, sobre todo en la localidad de Ángel Gallardo, está haciendo un experimental. La idea es traer la semilla, plantarla en al menos una hectárea para que el laboratorio estatal santafesino LIF pueda hacer el aceite de cannabis que van a recibir pacientes de epilepsia refractaria en el sistema de salud público.

La epilepsia refractaria es uno de los 500 problemas en los que el cannabis mejora la calidad de vida de los pacientes. Las patologías en las que tiene injerencia son muchísimas. Hay médicos en Santa Fe que no pueden salir al ruedo porque esto se ve mal, suena mal que estén con el tema de cannabis, aunque sea medicinal, por desconocimiento y desinformación.

Creo que tendríamos que hacer un marco regulatorio muy parecido al de Uruguay, si bien no es el mejor de todos. Creo que el de Alemania sería el tope de gama y nosotros no tenemos que olvidarnos que vivimos en Argentina y somos muy parecidos a Uruguay y estamos lejos de tener una cultura o una apertura de cabeza como puede ser la de Alemania, entonces tenemos que adecuarnos un poquito a tiempo y espacio.

P.: Además de las trabas y leyes desactualizadas, ¿qué otra problemática afecta a la industria?

R.F.: Una cosa importante es el impedimento o las restricciones financieras y bancarias que hay sobre todo en Uruguay. Es increíble que la norma esté aprobada, que haya leyes pero que los bancos sean tan reticentes a abrirte una cuenta bancaria, ya sea a una farmacia porque comercializa aceites o cremas o hasta a un productor agropecuario que lo que hace es sembrar y cosechar la flor de cáñamo industrial o cannabis CBD. El tema bancario es un tema muy complicado, ninguna empresa puede trabajar sin una cuenta bancaria, esto te obliga a trabajar con cuentas en el exterior. Espero que en Argentina eso no pase porque, sino va a ser un caos porque te obligan a comercializar productos y comprar insumos a través de bitcoin y generar cuentas en el exterior.

P.: ¿Cuál podría ser el aporte del sector frente al problema de divisas que tiene la Argentina?

R.F.: Es una verdadera pena que ante semejante avidez de divisas, las autoridades argentinas no hayan tenido en cuenta la proyección de ingresos al país que esta industria podría haber aportado, ya que moviliza inversiones millonarias en dólares.

Con esta nueva condición de la divisa americana, en la que los empresarios argentinos nos vemos complicados incluso para continuar nuestra operatividad en los países regulados dentro de la industria de medicinal, sólo desfavorece a los argentinos mientras que las empresas extranjeras siguen operando en el país en la temática de cannabis medicinal con una mayor capacidad de flujo de fondos.

P.: ¿Cree que es una Industria rentable?

R.F.: Se espera que el sector legal del cannabis genere 40.000 millones de dólares y más de 400.000 empleos para el 2021 en los Estados Unidos, según un estudio de la consultora Arcview que incluye compras directas por parte de los consumidores e ingresos indirectos para los productores y varios subcontratistas, así como el dinero gastado con empresas no afiliadas al sector, como los supermercados.

La proyección representaría un aumento del 150 % en los ingresos de 16.000 millones registrados en 2017, según el estudio publicado el día después de que el uso recreativo de la marihuana se legalizara en California. Arcview y su socio en la investigación, BDS Analytics, esperan generar 4.000 millones de dólares en impuestos dentro de tres años. Esto hablando exclusivamente del ejemplo de algunos estados de EE.UU., pero en términos de Sudamérica la industria promete un gran desarrollo económico para nuestras comunidades.

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