Edición Impresa

Invertir con la mirada puesta en la inclusión

Desde Nueva York.- Las inversiones de impacto son una nueva filosofía a la hora de hacer negocios. Es que este tipo de finanzas inclusivas son una forma de desplegar capital de impacto en los sectores vulnerables de la sociedad. Observar proyectos de inversión desde el punto de vista del beneficio que generan en la comunidad converge en grandes ventajas para los negocios y las personas. Aunque los expertos en materia de sustentabilidad e impacto afirman que las inversiones en finanzas inclusivas casi no existen en nuestro país, en la Argentina hay varias alternativas en las que los inversores colocan su capital de una forma responsable, buscando obtener resultados que van más allá de las ganancias. Quienes invierten en este tipo de proyectos pueden ser fondos de capital privado, individuos de renta ultraalta, inversores institucionales o grandes fundaciones. Éstos destinan parte de su capital a inversiones que buscan darles herramientas a personas que quedan fuera del alcance del Gobierno, de la filantropía, y del sector privado tradicional.

Según Natalia Mouhapé, ex Bamboo Finance, un fondo europeo que invierte en microfinanzas, "las finanzas inclusivas son una herramienta adicional que se tiene para suplementar o incluso mejorar el uso de los recursos de los otros actores en el campo y así poder solucionar problemas sociales, y aquellos creados por el bajo ingreso". Para promover estas prácticas, indica que "la inversión de impacto necesita tener un contexto similar a cualquier segmento de las finanzas para poder crecer, si las reglas del mercado son claras y el contexto macroeconómico es estable, el segmento va a desarrollarse y se volverá más sofisticado".

En nuestro país, ha surgido un importante grupo de empresas y personas que están promoviendo estas prácticas con cotidianidad en las industrias en las que se desempeñan. Recientemente se creó el Task Force -un grupo de trabajo constituido por bancos, incubadoras, fundaciones, fondos de inversión y organismos públicos- que busca impulsar estas estrategias de negocio a largo plazo tanto en la Argentina como en Uruguay y Paraguay. Una de las herramientas menos conocidas en la Argentina son los Bonos de Impacto Social o SIB por sus siglas en inglés. Un SIB es una herramienta que es utilizada por el Gobierno con la cual se encarga una tarea a gestionar a una organización que provee un servicio social importante para la comunidad. La financiación del proyecto proviene del dinero de inversores privados. La ventaja en este tipo de bonos es que si se llega a los resultados propuestos, el Estado les devuelve el capital aportado a los inversores más una suma en concepto de ganancias. De esta forma, la entidad que lleva a cabo la tarea con fines sociales tiende a cumplir su misión en el tiempo estipulado ya que es monitoreada tanto por el Estado como por los inversores privados que aportaron los fondos.

Para Amanda Feldman, directora de Impact+ en Bridges Ventures -fondo de impacto radicado en Londres-, "este tipo de proyectos genera incentivos para mejorar los programas de asistencia social que estas entidades proveen y estimula la innovación, la eficiencia y genera que el Gobierno obtenga un valor superior por el dinero público".

Feldman participó en la estructuración de un SIB en Inglaterra en donde inversores privados aportaron capital para ayudar a un grupo de niños a que terminaran sus estudios. Según la analista, estos niños lograron mejorar sus habilidades, la tasa de deserción escolar se redujo, aumentó su empleabilidad y hubo un beneficio para la sociedad a largo plazo. "Debido a que estos programas sobrepasaron sus metas de impacto, los inversores recibieron su capital inicial más un retorno y el Estado logró comisionar una segunda ronda de inversiones a un menor costo que el que se hubiese pagado si se hubiese gestionado desde el mismo Gobierno", afirmó.

El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.

Dejá tu comentario