Política

Jornadas frenéticas luego de las que ya nada será igual

Marcos Peña y Nicolás Dujovne son los principales apuntados para los cambios en el gabinete. Se define el futuro del Gobierno.

Son jornadas de cambios permanentes, donde se está definiendo el futuro del Gobierno, la oposición, y, en consecuencia, del país. Es cuestión de tiempo que comiencen los cambios en el gabinete de Mauricio Macri. Los apuntados son Marcos Peña y Nicolás Dujovne. Este último defendió a capa y espada su creación, puesta en marcha desde abril del año pasado, cuando comenzó a negociar el acuerdo con el FMI: el déficit cero. Le costó convencer primero a Mauricio Macri y, luego, al resto del gabinete de la necesidad y conveniencia de esta política como garantía de la salida de la crisis que estalló en 2018. Fue su efectivo rol como principal negociador del acuerdo con el Fondo, basado en, ahora sí, conseguir un equilibrio fiscal consistente. El primer compromiso para este objetivo fue lograr el déficit cero para diciembre de 2020. El segundo, luego de la crisis de septiembre de 2018, fue para este 2019. Con los números acumulados hasta junio sobre la mesa (un primer semestre completo), estuvo a punto de lograrlo.

Teniendo en cuenta el desvío que le permitía el FMI, de 1% sobre el PBI para gastos sociales; la proyección de déficit para todo el 2019 era hasta ese mes del 1,5% . Y si no se hubiera aplicado el plan de anabólicos fiscales de abril (presionado el Gobierno por el radicalismo), habría estado muy cerca de lograrlo. En 48 horas todo quedó en el olvido. Dujovne defendió en la reunión del lunes pasado en la Casa de Gobierno la necesidad de respetar el acuerdo con el FMI, los compromisos fiscales y la política contractiva. Se peleó con casi el resto del Gabinete cuando propuso que el financiamiento de los cambios en Ganancias tengan un carácter explícito. Propuso que haya una incremento de 4 a 6 en las retenciones a las exportaciones a la soja, maíz y trigo, bajo el argumento de las ventajas competitivas que la devaluación del lunes les otorgaba a los productores primarios. Mientras exponía esta idea, otro ministro, Miguel Etchevehere lo desmentía vía Twitter.

Con estupor vio luego cómo avanzaban otras medidas con costos fiscales, y hacía números en su mente sobre cuánto se alejaba de aquel déficit cero. Habló esa noche con los técnicos del FMI, quienes le dejaron en claro que cualquier desvío fiscal de importancia haría peligrar la vigencia del acuerdo. En ese momento supo Dujovne que su tarea dentro del Gabinete de Mauricio Macri estaba cumplida. Como en todo proceso de crisis, como el que vive el Gobierno, se abrió una instancia nerviosa de cambios probables. No eran un hecho consumado anoche pero un razonamiento que corría por algunos sectores del Gobierno daba explicaciones claras sobre lo que estaba ocurriendo: “Sería sano que tras un proceso como este hubiera un responsable económico y uno político que se hiciera cargo de los errores”. No se trata de presiones sino de situaciones absolutamente consensuadas ante tareas y ciclos ya cumplidos, como se dijo mas arriba. Al mismo tiempo las dudas sobre el futuro se amplifican y no solo en Juntos para el Cambio.

Alberto Fernández habló ayer sobre el G-20, que es lo mismo que hablar sobre el mundo con el que el país, sea quien fuere que lo gobierne, deberá continuar relacionándose. “¿Qué mostró el G-20? Vino a comer canapés. No hubo inversiones. El mundo central nunca ayudó en nada a Mauricio Macri”, dijo ayer el candidato a presidente de Todos. Se apartó con eso de la línea de mesura que venía manteniendo desde el lunes. Quienes comieron canapés en Buenos Aires, entre otros 20 líderes de todo el mundo, fueron Xi Jinping y Vladímir Putin, si es que queremos evitar a Donald Trump, lo que a esta altura sería un problema. Tanto el chino como el ruso van a reclamarle cumplimiento de contratos, préstamos, exportaciones e inversiones al presidente que le toque tener a la Argentina desde el 10 de diciembre. No parece que vayan a estar contentos con la mención de ayer. Brasil es otro tema y con Jair Bolsonaro mucho más complicado aún. “No le voy a contestar más porque la unidad con Brasil es mucho más importante que Bolsonaro. Me he dado cuenta que eso puede lastimar el vínculo”, frenó ayer Alberto F. Es interesante recordar lo que, desde el Gobierno, había lanzado Mario Negri sobre este problema: “Brasil puede dormir sin la Argentina. Argentina no puede dormir sin Brasil”. Interesante apelación a la calma tras las declaraciones de Bolsonaro sobre la izquierda y el kirchnerismo. Por lo demás, ayer hubo yun giro definitivo en el candidato de Todos: Alberto F. comenzó a hablar como presidente, algo que parecía evitar hasta ahora, habida cuenta de que aún no existe una transición ya que no hubo elecciones. “El 10 de diciembre hay que llamar a empresarios y trabajar para lograr 180 días de tregua. Lo primero que voy a hacer es desdolarizar las tarifas para que esta devaluación no caiga en el bolsillo de los argentinos”, comenzó a decidir.

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