Cartas manuscritas de jóvenes desesperan a complotados de Morón

Judiciales

Oscar Aguirre (cuando era menor se lo ubicaba con el seudónimo «Gabriel») llegó sigilosamente en diciembre pasado a los Tribunales de Morón y entregó una carta suya manuscrita explosiva: expresó allí que desistía de su abogado patrocinante, Juan Gallego, y de ser «particular damnificado». Era el único acusador que quedaba en tal carácter, porque antes el otro, el menor con seudónimo «Ezequiel», se había ratificado al decir ante un juez que se prestó a acusar al sacerdote Grassi de corrupción -en el deplorable programa de «Telenoche», por « Canal 13» de «Clarín»- porque una «doctora Inés me hizo la cabeza». No se sabe todavía si era alguien de «Clarín» o una ayudante de un psicólogo cercano a «Gabriel».

La carta de «Gabriel» produjo desesperación entre los complotados del fuero penal de primera instancia de Morón que habían armado la trama contra Grassi, más los directivos de «Clarín» que con sus programas por TV con engaños le habían dado amplia difusión.

Por si esto fuera poco, también llegó a la Justicia de Morón (en jueces superiores que no actúan en camarilla) una carta, también manuscrita, de otro menor, y hoy adolescente, que había sido falsamente incluido por «Telenoche» de «Clarín» (le hicieron un montaje con declaraciones aisladas inducidas) como presuntamente corrompido por el religioso. Ese joven, de El Calafate, Santa Cruz, hace tiempo negó todo pero el juez de allí no cerró el expediente, esperando el juicio de Julio Grassi, como corresponde. Esta carta fue también de impacto: el joven santacruceño expresó que no resolverse su situación ante una versión falsa le ocasiona hoy serios problemas en su actual adolescencia.

Frente a una falsedad armada contra Grassi, que se les derrumba, comenzaron las reacciones. Una de éstas fue del abogado
Juan Pablo Gallego, que perdió el patrocinio de «Gabriel» y quedó fuera del juicio. Trató de presentarse él como «particular damnificado» en lugar del renunciado « Gabriel» y con suavidad los jueces le dijeron que era «un error jurídico». No era audiencia pública sino de presentación de pruebas, reservada procesalmente a las partes, o sea defensa y fiscales acusadores. Gallego -uno de los más virulentos atacantes de Grassi, quien más lo vilipendió por televisión y difundió información del caso no correcta, que sobre todo tomó «Clarín»- trató de que fuera parte damnificada Casacidn, uno de los tantos entes que también preside Estela de Carlotto, como la «Comisión por la memoria» de Verbitsky. En esa audiencia privada de partes, obvio, no correspondía. Al fallarle eso, denunció que se cambió la fecha de la audiencia preliminar cuando él mismo la difundió en diciembre sobre que ese trámite se realizaría el 22 de febrero. El fiscal general de Morón Nieva Woodgate y cabeza más visible del complot contra Grassi en su inicio, también comenzó a moverse. Buscó una denuncia y ordenó a su fiscal Rita Bustamante abrir una causa contra nada menos que los 3 jueces del tribunal que deberán juzgar en juicio oral a Julio Grassi el 3 de julio y donde el mismo fiscal general deberá ir a declarar. Es incomprensible pero es así. Todo Morón es a base de intimidar magistrados.

Por eso se dice que el fuero penal primario de esa localidad del Gran Buenos Aires es parodia. La denuncia para abrir una causa contra los jueces que, a su vez, juzgarán al sacerdote por el complot, proviene del abogado Juan Gallego, el despechado que se quedó sin «Gabriel» como cliente y el que tiene un ente que preside Estela de Carlotto y que querría quedarse con la Fundación de Grassi. La fiscal que intervendrá contra los 3 jueces del Tribunal Oral, bajo supervisión de Nieva Woodgate, es Rita Bustamante, otra acérrima enemiga de Grassi y también deberá declarar ante los 3 jueces pero, por ahora, los investigará. Bustamante es la misma fiscal a la que le ordenaron realizar dos veces el interrogatorio al padre Grassi por graves irregularidades en el primero que constataron los jueces de cámara de Morón. Además Bustamante fue quien le respondió al sacerdote que preguntó de qué lo acusaban y con qué pruebas. Le dijo: «Lea 'El Proceso' de Kafka» (un laberinto judicial donde el acusado nunca supo de qué lo acusaban y murió sin saberlo). Recuérdese que otro del grupo de Nieva Woodgate, el juez «de garantías»
Humberto Meade -un hombre que figuraba como «desaparecido» y no lo estaba ni intentó corregir eso porque dijo que «lo honraba»- fue desplazado de la causa Grassi por prejuzgar.

Posteriormente aunque todo parezca una comediase ordenó detener en su domicilio a la jueza de menores Dra. Cristina Landolfi para llevarla como testigo en una causa que ella misma había denunciado. Claro, Landolfi ganó el cargo de jueza de menores que
Meade y los de Morón aspiraban para su ex colaboradora Ravela Godoy y allí nació «el caso Grassi», por una disputa de cargos. La jueza Garmendia de La Plata rechazó por grave incorrección la actuación de la fiscal Rita Bustamante por esa detención y aconsejó una sanción para ella. En vez de sanción hoy investiga jueces.

Es entonces cierto y no exageración, Morón es un «Macondo judicial».

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