22 de junio 2005 - 00:00

Cromañón: ex inspector comenzó a arrepentirse

La comisión legislativa que investiga el caso Cromañónescuchó ayer a un ex inspector porteño que aseguró que serecibían coimas de comerciantes.
La comisión legislativa que investiga el caso Cromañón escuchó ayer a un ex inspector porteño que aseguró que se recibían coimas de comerciantes.
«Eso era una joda», describió un ex inspector porteño ante la comisión de legisladores que investiga las responsabilidades del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires en el caso Cromañón.

«¿Podría ser más preciso con respecto al término joda?»,
solicitó el vicepresidente de la comisión, Martín Borrelli, al ex inspector Nicolás Walsöe.

El diálogo se produjo ayer, en el salón Juan Perón (ex Pasos Perdidos) de la Legislatura porteña, donde la comisión investiga cómo funcionaba el cuerpo de inspectores, para descubrir si hay responsabilidad del área en no haber controlado el local República de Cromañón donde se produjo el trágico accidente del 30 de diciembre pasado.

Walsöe reiteró durante su declaración -la que se hace bajo juramento- que a partir de diciembre de 2003 la dependencia no era lo mismo. Se refirió a la gestión, que por entonces, estaba a cargo de la ex subsecretaria de Control Comunal, Fabiana Fiszbin, procesada actualmente por presunto homicidio culposo en relación con el incendio del local bailable. El ex inspector opinó que «era una joda» y que era común el pago de sobornos.

• Explicaciones

Al responderle a Borrelli, Walsöe, explicó que el 23 de diciembre de 2003 debió abandonar una inspección en el barrio de Flores porque le pidieron que se dirija a la cancha de Argentinos Juniors. Dijo que el estadio debía inaugurarse el 26 de diciembre de 2003 y que a su criterio «25% de las obras no estaban terminadas» y que era riesgosa la habilitación. Como ejemplo dio que «no tenían gas y usaban garrafas que estaban junto a las calderas». Sin embargo, aseguró que fue presionado para firmar la habilitación por el día de la celebración.

En otro pasaje del interrogatorio, del que participó entre otros, el macrista
Alvaro González, el ex funcionario se refirió a varias inspecciones que había realizado a la cancha de Atlanta.

«Atlanta era mi karma»,
dijo en referencia a la cantidad de veces que había acudido allí hasta que, según contó, le revocan su contrato en el Gobierno de la Ciudad acusándolo, según dijo, de supuestamente haber cobrado una coima del titular del club.

«Yo hablé con el presidentedel club y me lo negó, que él nunca lo dijo»,
aseguró Walsöe, quien también afirmó que en una oportunidad lo habían enviado a clausurar la cancha de Boca Juniors, pero que no había ningún inconveniente para hacerlo.

«¿Cree que era para perjudicar a Macri?»,
infirió González y el ex inspector dijo que sí.

Luego, ante los legisladores, el ex funcionario sacó talonarios para labrar actas de inspecciones y fajas de clausura que conservaba desde que en mayo del año pasado lo desplazaran del puesto.
«Mire que coimero soy que tengo esto y si fuera como dicen los podría usar», explicó.

«Yo le aconsejo que devuelva esto por su seguridad»,
le recomendó Borrelli.

«¿En qué condición como empleado estaba?»,
preguntaron al arquitecto.

«Tenía un contrato basura»,
afirmó el hombre, con problemas en la voz tras una delicada operación quirúrgica. El arquitecto era contratado del Gobierno porteño, locaciones de servicios que le renovaban periódicamente.

Walsöe
integró la Unidad Polivalente de Inspectores (UOI) que a fines de 2003 reemplaza a la Dirección General de Inspecciones, un organismo conformado por empleados de la planta permanente del Gobierno de la Ciudad, que Aníbal Ibarra desarma acusado de «un focazo de corrupción».

• Aprendizaje

Durante dos meses, sin embargo, participó de un aprendizaje que compartía con aquellos inspectores permanentes.

Según el ex inspector, los locales bailables en infracción se debían clausurar una vez que terminaran de tocar todas las bandas,
«para evitar daños mayores».

Graficó que en un local sin habilitación en el barrio de Flores, la única salida era una escalera de ochenta centímetros de ancho y que «era peligroso hacer salir a 500 personas, «donde había muchos chicos drogados o borrachos», por ese lugar. También explicó que cuando se realizaba un recital «los organizadores pedían que fueran a autorizarlo».

Como ejemplo dio los espectáculos en el Luna Park o en el estadio de Obras.

«¿Era habitual la coima?»,
le preguntó Borrelli.

«Sí»,
dijo Walsöe y como ejemplo consideró que «es gracioso pero fuimos a un supermercado y quiosco que vendía alcohol a menores, y cuando íbamos a clausurar, la china que atendía nos dijo: 'Si yo ya pagué los 300 pesos'».

En otra inspección realizada al Club Vélez «un directivo de la empresa Entertainment Group, nos recibió diciéndonos: otra vez ustedes, manga de mangueros, ya han venido dos personas de parte de Fiszbin a pedir 50 entradas preferenciales».

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