Cuando irse se impone

Judiciales

Mariano Bergés es un juez de instrucción que dice entristecido que «mis colegas del Poder Judicial no me quieren». También expresa que no lo quiere la prensa. Inclusive tiene una causa judicial con este diario, por lo cual tenemos que limitarnos a veces por ser parte. Pero en verdad no hace falta ser jurista para darse cuenta de que lo que Bergés dispone son aberraciones jurídicas destinadas a ser revocadas. Una vez, en la época del «corralito», le puso una fianza de 10 millones de dólares a un banquero norteamericano para permitirle salir por unos pocos días al exterior. Es un monto de fianza que no existe en el mundo.

Ni a Bin Laden se la impondrían, porque cuando las acusaciones son tan graves directamente no se puede salir con fianza, por lo cual las que se imponen son siempre razonables.

Después , este insólito Bergés emprendió un sueño figurativo con el fútbol en niveles exagerados.

• Otra equivocación

La Cámara debió revocar una vez más sus decisiones, porque limitó el derecho constitucional del ciudadano a circular o ir a espectáculos sin tener condena. Esto fue para barras de Boca y para dirigentes del club Chacarita, como Luis Barrionuevo y Armando Capriotti.

Ahora cayó en sus manos el caso de
Silvio Soldán y su pareja Giselle Rímolo y Bergés, que siempre se equivoca exagerando hacia arriba, esta vez se volvió a equivocar pero para abajo: al hombre, el mencionado Soldán, lo consideró «partícipe secundario» y la Cámara de Apelaciones le enseñó que, de acuerdo con los elementos de prueba que evaluó mal Bergés, es «necesario» y que no hay asociación ilícita.

• Límites

Este juez de instrucción, de continuos equívocos graves, no se enteró del fallo de la Corte que impuso seriedad y límites en la locura judicial de considerar a casi todo hecho «asociación ilícita» (inició eso el juez Julio Cruciani con el caso Fassi Lavalle y se prendió luego el ex juez Adolfo Bagnasco, hasta llevarlo al paroxismo el juez Jorge Urso, reaccionando la Corte Suprema) y también aplicó mal esa figura. Es como si no se enterara de qué sucede con el cambio de jurisprudencia.

¡Basta, Bergés, basta! Hay que darse cuenta cuando uno no nació para determinada posición, en este caso ser un juez que dilata procesos con continuas revisiones de cámara y afecta así a ciudadanos.

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