20 de enero 2005 - 00:00

Scilingo siguió negando lo dicho siete años atrás

Escuchar las declaraciones del ex oficial naval Adolfo Scilingo frente a la Audiencia Nacional de España justifica el veto que, fundado en exámenes psiquiátricos, interpuso la Armada en su momento para impedir su ascenso. Y que provocó una reacción mitómana. Ayer, Scilingo alardeó de su capacidad de inventar, según sostiene ahora, sobre los detalles de las torturas aplicadas en la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA) que ofreció en 1997 al juez español Baltasar Garzón, declaraciones que fueron reproducidas en la tercera sesión del juicio que se celebra en Madrid.

«Si quieren les describo cómo fue la Guerra Civil Española», se jactó el ex capitán de corbeta a preguntas de la fiscal, Dolores Delgado, cuya estrategia en el interrogatorio fue tratar de demostrar que era imposible conocer los detalles que Scilingo dio a Garzón sobre las torturas en la ESMA sin haberlas visto directamente.

El ex militar volvió a negar todo, alegando de nuevo que viajó a España para «contar la fantasía más grande del mundo para sensibilizar a la opinión pública y ayudar a Garzón. Incluso antes estuvimos ensayando» -dijo involucrando al inefable Garzón-, tras lo que el tribunal dio paso a las declaraciones del 8 de octubre de 1997 ante el juez.

«Llegué a la ESMA, al centro de operaciones más importante en la lucha antisubversiva. Llegué al centro de la guerra», relató Scilingo a Garzón en 1997, siguiendo la teoría de que la represión ilegal desatada por la dictadura se debió a una «guerra» con la guerrilla existente entonces.

«Mi idea -prosiguió- era tener participación en el grupo de tareas, pero me dieron el cargo de electricista de la ESMA.» El 23 de diciembre de 1976, según su relato, le dijeron que había un problema con los ventiladores -no con el ascensor, como sostiene ahora en el juicio-de la parte de la ESMA conocida como « capucha», lugar donde dijo se encontraban los prisioneros políticos.

«Al llegar allí, lo primero que vi fue una mujer embarazada. No quiero dar explicaciones», dijo en 1997, pero Garzón le pidió que entrara en detalles y describiera lo que vio.

• Tristeza

Scilingo dijo entonces que no quería ser «morboso, porque he tenido muchas críticas por ello», y relató que el estado de la mujer, «en avanzado estado de gestación, era de tristeza absoluta. Físicamente estaba bien pero anímicamente se encontraba destruida».

En ese momento se produjo una pausa en el interrogatorio, referido, según dice ahora el acusado, a que los abogados de la acusación y Garzón le pidieron que contara lo que «estaba
pactado».

También contó que el Padre Pablo (Pablo María Gazarri) se le acercó y le preguntó si podía pedir a sus jefes «que dieran una misa para los muchachos en Navidad». «Ese fue mi primer contacto con 'capucha'. Volví diez veces más en todo el año, por el tema del ascensor, que cada dos por tres se rompía.»

A preguntas de la fiscal sobre los detalles que dio a Garzón en 1997 sobre la mujer embarazada, Scilingo respondió ayer: «Yo
tenía que agrandar toda la historia porque ése era mi objetivo». El «olor nauseabundo» de la «capucha» dijo que lo sacó «de la prensa y de los libros. Yo nunca pude subir a ' capucha'. No subí ninguna vez», insistió.

«Yo no invento, cuento una novela», remató Scilingo, quien a preguntas sobre cómo sabía que las personas que eran lanzadas vivas al mar eran trasladadas desde la ESMA hasta el aeropuerto de Buenos Aires en vehículos con lonetas verdes, contestó que se inspiró en películas de la Segunda Guerra Mundial. «Si se leen los relatos de los sobrevivientes no estamos muy lejos de lo que ocurría en los campos de exterminio nazi», dijo.

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