Testigos enfrentaron a secuestradores

Judiciales

Fue un acto casi heroico el de Ana María Nordmann y su esposo Eduardo Karavías. El matrimonio se plantó frente a los 16 acusados y sin dudar marcó a Martín «el Oso» Peralta y a Carlos Díaz como dos de sus secuestradores.

La pareja volvió a encontrarse con sus agresores casi tres años después de su secuestro extorsivo en Martínez. La memoria no les falló, pese a que «el Oso» Peralta (un sabedor de las trampas jurídicas) cambió rápidamente de lugar esperando desconcertar y hacer equivocar a sus acusadores. Pero ni la fiera mirada del «Oso» ni el inofensivo (en apariencia) rostro de «Carlitos» Díaz pudieron con el matrimonio Karavías.

Es más, Nordmann descubrió a otros de sus victimarios cuando su marido miraba uno por uno a los acusados y obligó al tribunal a tomarle testimonio nuevamente.

«Señor juez, reconocí a otro. Es la persona número dos de la fila; fue el que me puso la capucha», dijo. Se trataba de Gerardo Carmona. La defensa del imputado intentó desechar el testimonio de la mujer trayendo una declaración realizada en 2004. Pero la jugada le resultó mal. En ese testimonio, Nordmann también había individualizado a Carmona como su posible secuestrador, aunque no estuvo tan convencida como ayer.

La declaración del matrimonio Karavías, el primer secuestro por el que es juzgada parte de los 16 imputados, llegó luego de la declaración de la madre de Axel Blumberg.

Al describir su captura, Nordmann recordó que se hallaba junto a su esposo a bordo de un BMW cuandofue secuestrada el 8 de noviembre de 2003 en Corrientes al 1000, de la localidad de Martínez, cerca del Unicenter Shopping, la misma zona donde cuatro meses más tarde secuestraron a Blumberg.

«Yo me la vi venir, primero por el aspecto de las caras y después por las armas largas que sacaron», explicó Nordmann, quien dijo que inicialmente abrió las puertas del vehículo con intenciones de escapar, aunque cuando vio que su esposo se había quedado decidió quedarse con él.

«Uno de los secuestradores me dijo: 'Sáquese las alianzas que las necesito, yo me tengo que casar'», recordó.

Nordmann detalló que estuvo en al menos dos lugares de cautiverio; el primero, un desarmadero ubicado en Ruta 8 y Chile, de San Martín, al que reconoció en un video exhibido en el debate; y el segundo, una casa en Junín.

Sobre el cautiverio, dijo que uno de los captores simuló que iba a pasarle un cable con electricidad si no le daba el nombre de alguien a quien pedirle rescate, que la amenazaron con cortarle un dedo si su esposo no reunía un millón de pesos y que fue llevada en un auto cuando la banda cometía robos.

«Uno me acarició los dedos y le comentó a otro 'cuál te gusta más'», recordó la mujer al escuchar la negociación entre el ingeniero Juan Carlos Blumbergy los secuestradores en los que prometían enviarle como prueba de vida dos dedos de su hijo Axel.

Tras la crónica del secuestro, vino el primer reconocimiento, en el que los imputados se pusieron de pie y cambiaron el orden en el que suelen sentarse en la sala. Inmediatamente, Nordmann reconoció al «Oso» Peralta y a Carlos Díaz.

A Díaz también lo reconoció por una foto y lo identificó como « Carlitos» al escuchar los audios de las llamadas extorsivas que sus captores mantuvieron con su marido.

En el caso de Carmona -a quien no había reconocido en la instrucción-, Nordmann pidió volver a declarar luego de escuchar a su marido. Carmona fue el supuesto «arrepentido» que delató a la banda de Peralta por el secuestro de Nordmann y ayudó a los investigadores del crimen de Blumberg, aunque siempre dijo que en el caso de la mujer sólo intervino en el cobro del rescate y no de la captura.

Nordmann también identificó por los apodos de «el Gordo», «Chatrán», «el Gato» y «José» a otros de los captores. Por su parte, Karavías, presidente de la Sociedad Helénica Argentina, reconoció a Peralta como el delincuente que le pegó y tomó el volante de su BMW, y a Carlos Díaz como quien, en un primer intento de pago frustrado por la presencia policial, intentó cobrar el rescate.

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