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Jujuy reinauguró un museo emblemático

Trabajos de Remo Bianchedi y Aída Carballo conviven con espléndidas pinturas locales.

Jujuy - El Museo Regional de Artes Plásticas Calilegua está de estreno. El bello edificio blanco con su nuevo entrepiso, su galería y sus columnas centenarias fue remodelado con la ayuda de la comunidad local y de los alumnos y maestros de la escuela técnica y la de oficios, para resguardar un patrimonio de 300 obras. En la población de la selva jujeña, los antiguos almacenes de la empresa Ledesma con techo a dos aguas fueron cedidos a principios del siglo XXI en comodato al municipio con el fin de albergar el museo, que se fundó en el año 2003. Hoy, la empresa invirtió un millón de pesos para refundar la sede, y a la fiesta de apertura llegaron para celebrar artistas, funcionarios, ejecutivos y gestores culturales, junto a un público que disfrutó del arte.

Leonor Calvó, a cargo del área de Cultura de Ledesma y delegada en Jujuy de la Academia Nacional de Bellas Artes, invitó al presidente de la Academia, Alberto Belluci, un conocedor genuino del tema, para explicar qué es un museo y cuál es su misión. Belluci describió una institución enraizada en la tradición.

La historia del Museo Calilegua se remonta a 1998, cuando con el apoyo del municipio local se realizó el primero de los alrededor de 20 Encuentros Nacionales de Artistas Plásticos. La colección madre del Museo, integrada por la producción de ese taller municipal, cobró forma cuando los descendientes del artista Nicasio Fernández Mar donaron 159 obras. Entre ellas figuran obras de Remo Bianchedi, Aída Carballo y un grabado de Víctor Rebuffo, además de las pinturas con identidad local de Medardo Pantoja.

En la selección sobresale un paisaje del jujeño Brígido Aban, quien, desde un punto de vista de altura, pinta un mundo colorido pero inestable. El salteño Mario Vidal Lozano exhibe una pintura clara y abstracta, visualmente ligada al universo de las civilizaciones aborígenes. Las máscaras, las formas antropomórficas o zoomórficas y la profusa vegetación de la yunga aparecen en gran parte de las obras y revelan el mestizaje de un arte que es producto de una herencia cultural común a los habitantes del Norte argentino.

La política cultural es materia ineludible. En la fiesta de Calilegua, los políticos Ester Díaz, Elsa Flores y Diego Valdecanto comprometieron sus esfuerzos para gestionar el Museo, mientras María Elena Elizondo, nombrada presidenta de la Asociación de Amigos, presentó un extenso programa de actividades y apeló a la ayuda de sus futuros patrocinantes. Bellucci acabó su discurso mencionando el papel que cumplen varios de los museos jujeños y expresó su preocupación por el destino -que no está firme todavía- de la Fundación Hugo Irureta en Tilcara. Así arreciaron las demandas de la representante del ICOM, sobre las carencias de los museos del Norte. Y la felicidad de los discursos se cruzaba con las tensiones. Juan José Cánepa y Sergio Zago, artistas de la primera hora, presentaron el libro “Una morada para las musas”. El texto de Cánepa documenta paso a paso los encuentros y el arribo de las obras al Museo. Finalmente, el directivo de Ledesma, Vicente Amadeo, puso en palabras las expresiones de deseos de los miembros de la comunidad de Calilegua.

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