Espectáculos

Kike Ferrari: "Los caminos conducen siempre a Borges"

Para el autor, su nuevo libro "Todos nosotros", mezcla la novela de aventuras, el policial y la ciencia ficción.

La preparación de un crimen que se cometerá en el pasado por un grupo de punk rock de los años 80 es el centro de “Todos nosotros” (Alfaguara) la nueva novela de Kike Ferrari. Su deportación de los Estados Unidos en los 90 lo llevó a contarlo en World Literature Today, ha publicado “Operación Bukowski”, “Lo que no fue”, “Nadie es inocente”, y “Que de lejos parecen moscas” novela por la que recibió el Premio Memorial Silverio Cañada a la Mejor Opera Prima Criminal en la Semana Negra de Gijón, fue rápidamente traducido a diversos idiomas y se convirtió en subterráneo autor de culto. Sigue siendo empleado del subte de la línea B. Dialogamos con él.

Periodista: ¿“Todos nosotros” es una novela de iniciación, una novela negra, una de ciencia ficción o la de un grupo porteño de rock de los 80?

Kike Ferrari: Los géneros, como todas las cosas, nacen, se desarrolla y mueren. Tienden a agotarse. Así surge un movimiento, del que soy sólo un componente, de cruzar los géneros. Esa hibridez probablemente en algún momento decante y forje un género nuevo que todavía no sabemos muy bien qué es ni qué forma tiene. Hay algo de lo que Paco Taibo llama “surrealismo sub socialista”, mezcla de novela de aventuras, policial y ciencia ficción. De eso que Piglia llama la “ficción paranoica”, en la que nadie sabe muy bien qué está pasando.

P.: Su novela comienza con un homenaje a Arlt, que fundó la novela conspirativa en la Argentina, sigue con otro a Macedonio Fernández y concluye con uno a Borges.

K.F.: Borges es muy raro que no esté en los que escribimos de éste lado del mundo. Nos puede llegar de forma directa o indirecta. El que fue a inspirarse en Bolaño está abrevando en Borges. Los que van a Piglia están abrevando en Borges. En algún momento ese circuito se completa y se llega a Borges. En mí, Borges es una referencia inevitable. Pero en mi cosmovisión literaria Arlt es más central que Borges. Como ese River-Boca de nuestra literatura no es mío, cuando llegue eso estaba liquidado y pude aprovecharme de las herramientas de los dos. En Arlt leo el complot, la conspiración, las falsificaciones, las personalidades difusas, el lenguaje anacrónico, el extrañamiento del lenguaje. Hace años Eloisa Cartonera me publicó “Postales rabiosas”, un conjunto de textos que había escrito para un fanzine. En uno sostengo que Arlt escribe desde el futuro. Cuando Arlt habla de nosotros, esos nosotros no existen. Él no tenía contemporáneos. Los contemporáneos de Arlt vinimos después, estamos escribiendo hoy. O fueron los sobrevivientes de los márgenes, como Discépolo desde el tango o Piazzolla cuya música no era la del Buenos Aires de aquel momento sino la de hoy.

P.: En “Todos nosotros” dialoga con “La segunda muerte de Ramón Mercader” de Semprún y “El hombre que amaba los perros” de Padura.

K.F.: Esas novelas me dieron libertad para escribir. Años atrás hubiera tenido que explicar muchas cosas sobre el asesinato de Trotsky. Hoy quien llega a mi novela sabe quién es Ramón Mercader. Escribí seis capítulos desde la voz de Mercader porque supongo que el lector sabe de qué estoy hablando. En Semprún, como en Bolaño, encontré los caminos alternativos de la historia, ese irse para regresar. Una tensión con el tiempo, que lo estira y comprime según las necesidades del relato. Busqué que la idea del viaje en el tiempo, que está en el contenido, estuviera también en la forma, en las múltiples versiones, los cotilleos, las informaciones fragmentarias.

P.: En tiempos de Menem, la banda punk Edgard Allan Trotsky planea un crimen que cometerá en el pasado.

K.F.: Intenté sincretizar una serie de intereses míos y probablemente de mi generación. Los años 80 y los 90 no fueron lo que pareciera haber quedo en la memoria, baterías electrónicas y superficialidad pop. Los Twist, Virus, Zas. También fue Sumo, Los Redondos, Todos Tus Muertos, el Parakultural y las Bay Biscuits, los discursos delirantes de Chabán en Cemento. Esos son mis “todos nosotros”, que no son todos. No empecé la novela tratando de contar eso sino que me di cuenta que eso estaba siendo contado. En realidad quería dar otra versión de la máquina del tiempo, y lanzar una serie de hipótesis que permitieran cierta confusión en la que no se sabe si los hechos suceden en la realidad o en la imaginación de uno de los protagonistas, en la película que realiza uno de los personajes o en la locura de otro. Después me di cuenta que estaba escribiendo sobre la amistad, las lealtades, la identidad colectiva.

P.: ¿Una de sus inspiraciones fue la película “Terminator”?

K.F.: Quise hacer obvio que estaba escribiendo una historia que ya había sido escrita. El viaje al pasado para modificar algo que va a cambiar el futuro. Algo contrario a la máquina del tiempo de Wells. Tiene que ver con el Bradbury de “Las doradas manzanas de sol” y alguien pisa una mariposa en el pasado y al regresar el mundo es gobernado por el nazismo. Es el temor cuidadoso que tienen los protagonistas de “Volver al futuro”. Es en “Terminator” el sicario que va al pasado a cometer un crimen para que los humanos no se enfrenten con los cyborgs. De allí surge la epifanía trotskista del gordo Felipe Caballero –un guiño a Philip K. Dick- de viajar al pasado a matar a Mercader antes de que mate a Trotsky. Le surge cuando drogado se pasa en continuado “Terminator”. Delirio que remite al de un líder trotskista argentino con los platos voladores y los salvadores aliens comunistas. Hoy sabemos que más que el fin del capitalismo lo que puede ocurrir es el fin del mundo. El grupo de loquitos de la banda de rock Allen Trotsky se prenden en esa locura y planean un crimen que desenmascare el estalinismo y así mover el tablero del comunismo internacional.

P.: ¿En que está ahora?

K.F.: Viendo que sucede en Google con el tráiler de “Proyecto Coyoacán”, la película documental sobre el proyecto de Felipe Caballero, film de la que se cuenta en el libro a medida que se está realizando. Si un lector curioso se le ocurre buscar le va a saltar ese tráiler que está puesto hace una año, y la novela salió hace un mes. Es como el juego Borges con “Tlon, uqbar” y la Enciclopedia Británica. Bueno, y estoy procrastinando, en la vagancia previa a ponerme a escribir la próxima novela, que mientras está en la cabeza está buenísima.

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