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La agonía de Van Gogh en la mirada de Julian Schnabel

El director de "Basquiat", que rodó hace 23 años, continúa su incursión en el cine biográfico con un artista ya prefigurado en aquel film.

La Asociación Amigos del Museo Nacional de Bellas Artes preestrenó ayer “Van Gogh, a las puertas de la eternidad”. El film del artista y director de cine Julian Schnabel, autor del guión junto a Jean-Claude Carrière, se interna en el drama de los últimos años del pintor interpretado por Willem Dafoe. Van Gogh viaja al sur de Francia en busca del sol y, allí, encontraría la muerte. Schnabel filmó “Basquiat” hace 23 años, la vida del artista negro y heroinómano que murió de una sobredosis. Dafoe hace allí una aparición fugaz y ya estaba presente Van Gogh. “La idea del genio desconocido trabajando en un desván es deliciosa. Van Gogh es responsable de poner ese mito en órbita y toda la historia del arte será un castigo por ignorar su vida”, dice en “Basquiat” René Ricard, crítico, en la vida real, de la revista “Artforum”.

Las eternas dudas de los artistas sobre el sentido de su trabajo, la angustia y también la felicidad de la respuesta, están expresadas con las propias palabras de Van Gogh. “¿Para qué podría ser útil, para que podría servir?”, dice el pintor. “Cuando enfrento un paisaje llano, no veo nada más que la eternidad”. Dicho esto, con un gesto de consubstanciación con la naturaleza, se acuesta en la inmensidad del campo a mirar el sol. La mirada de Dafoe perfora la realidad y así genera los momentos trascendentes de la película. Sus ojos delatan la percepción acaso excesiva del artista, el éxtasis que le provoca la belleza.

Schnabel muestra un mundo que se mueve, inestable, como el de Van Gogh. Buen pintor, el neoyorquino replicó las obras del holandés y le enseñó a Dafoe a manejar un pincel. La mejor demostración es la pintura de los “Zapatos”. Unos botines rústicos y gastados que tienen su historia. Martin Heidegger eligió este cuadro para reflexionar sobre la esencia misma del arte, sobre la posibilidad de revelarle al espectador, no ya la belleza del mundo, sino la verdad de las cosas. “En la ruda pesadez del zapato está representada la tenacidad de la lenta marcha a través de largos y monótonos surcos de tierra labrada, sobre la que sopla el viento ronco. En el cuero está todo lo que de húmedo y espeso tiene el suelo”. Este universo que abre la imagen de los “Zapatos”, parece describir las caminatas de Van Gogh (Dafoe) por los campos. “El cuadro habló”, concluye Heidegger. El arte es para el filósofo: “Un acontecer de la verdad”. En el film, el cuadro descubre el rigor del frío y la pobreza. En su célebre cuarto amarillo de Arles, Van Gogh cierra la ventana para que no se filtre el viento helado, se quita los zapatos, los dispone como modelo y come un pedazo de pan duro mientras prepara un radiante e intenso amarillo.

El capítulo dedicado a la amistad con Paul Gauguin descubre las visiones antagónicas de ambos. En un diálogo por momentos doloroso para Van Gogh, que defiende, en parte, su posición, Gauguin le critica la densidad de la materia, el óleo; luego, le dice que no debe pintar tan rápido. Y Van Gogh confiesa: “Necesito estar en estado febril y fuera de control para pintar”. Además, mientras Gaguin le dice adiós a la sujeción al modelo, Van Gogh reconoce la necesidad de tener el paisaje o las cosas frente a sus ojos para pintarlas y, en este proceso, “liberarlas”.

Gauguin se va, abandona Arles. Van Gogh que quería fundar una comunidad de artistas, se corta la oreja. Lo internan “con gente realmente loca”. Allí se abraza a su hermano Theo y le cuenta el miedo y el sufrimiento atroz que le provocan sus alucinaciones. La figura de Theo se agiganta y queda en evidencia su grandeza y el apoyo profesional y afectivo que impulsa la recuperación. Después de una recaída, pintaría bajo el sol de Saint Rémy de Provence, en apenas un año, “Los lirios”, “Jarrón con lirios”, “La Noche estrellada”, “Autorretrato”, “La habitación del pintor”. Entretanto, la obra realizada en Arles, como los “Girasoles”, era admirada y elogiada por sus compañeros en las exposiciones de París, mientras la crítica lo considera un “genio”.

El fin llegaría en Auvernes sur Oise, donde lo cuidaba el doctor Gachet. Van Gogh pintó casi 80 cuadros en los últimos 75 días de su vida. Teniendo en cuenta que durante los períodos de enfermedad no pintaba, hay investigadores que ponen en duda que se disparara un tiro. “No existe ningún testimonio, por eso hemos luchado contra esa leyenda. En ese momento Van Gogh pintaba muchísimo, casi un cuadro al día. No es muy creíble el suicidio, entre otras cosas ni se ha encontrado el arma», concluye el guionista. Schnabel agrega que el film es una ficción

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