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La Casa Blanca no perdona el daño que sufrió por WikiLeaks

La plataforma colaborativa se convirtió desde 2006 en un emblema del derecho a la publicación de verdades incómodas para el poder.

El arresto de Julian Assange llega después de diez años de desafíos a gobiernos y a servicios secretos de medio mundo, a menudo burlados por su sitio WikiLeaks. Algo que se logró después de que el periodista australiano llevara, durante mucho tiempo, una lucha sin restricciones en nombre de la libertad de información, la cual le valió también críticas por el uso de métodos muchas veces heterodoxos.

Pasaron casi 13 años desde que Assange lanzó su “revolución”, al crear en octubre de 2006 una plataforma digital para publicar archivos secretos obtenidos de instituciones oficiales de todo el mundo, y almacenados por un servidor oculto en Islandia.

Fue precisamente por WikiLeaks que reveló escándalos y verdades incómodas de todo tipo, desde las torturas de Estados Unidos en Irak y Afganistán a delicados secretos diplomáticos.

También incluyó el espionaje informático de los Estados Unidos, de alcance global y que afectó a importantes aliados de ese país, lo que abochornó a Washington.

Considerado como un héroe al servicio de la verdad por sus admiradores, Assange también fue criticado por quienes le imputan un comportamiento cínico.

En 2010 surgieron sus problemas legales, con acusaciones (y una orden internacional de arresto adjunta) por abuso sexual contra dos mujeres suecas.

En diciembre de ese año, el activista, que estaba en Londres, se presentó ante la policía y fue arrestado antes de ser liberado bajo fianza.

Pero después de perder la última apelación ante la Corte Suprema del Reino Unido para evitar la extradición a Suecia, en junio de 2012 se refugió en la embajada ecuatoriana y recibió el asilo político del entonces presidente Rafael Correa.

En mayo de 2017, las acusaciones contra él por parte del sistema de justicia sueco expiraron, pero no la orden de arresto británica, que se mantuvo en pie solo por razones procesales. La acción legal iniciada contra Assange siempre fue un pretexto para limitar su incómoda actividad y, sobre todo, para favorecer una extradición por parte de las autoridades estadounidenses.

El cambio de Gobierno en Estados Unidos, a partir de 2017, no modificó la situación. Si bien el presidente Donald Trump valoró que WikiLeaks haya difundido correos electrónicos “vergonzosos” del Partido Demócrata y del jefe de campaña de Hillary Clinton, John Podesta, el arresto del activista se convirtió en una prioridad.

Una posible solución al caso se había vislumbrado cuando Barack Obama todavía estaba en la Casa Blanca. Assange había prometido entregarse a las autoridades estadounidenses si el presidente saliente le concedía el indulto a él y a la militar estadounidense Chelsea Manning, como sucedió. Pero el periodista lo reconsideró y permaneció en la embajada ecuatoriana de Londres.

En este tiempo, algunos intentos de Ecuador y el Reino Unido de encontrar una solución de compromiso no llegaron a buen puerto. En octubre de 2018, Assange desafió en los tribunales al Gobierno ecuatoriano del presidente Len+in Moreno, primero delfín y rápidamente enemigo de Correa, por “violar” sus “derechos fundamentales como refugiado político”.

Las relaciones entre el fundador de WikiLeaks y las autoridades ecuatorianas empeoraron gradualmente y, hace unos días, Moreno acusó a Assange de haber violado las reglas de su asilo. Ese fue el preludio de la retirada del estatuto de refugiado y el arresto de ayer.

Agencias ANSA y AFP

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