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La ciudad es la oficina

En la actualidad existe un consenso sobre el rol que juega la creación y generación de conocimiento como motor de crecimiento y de competitividad de una economía. Las ciudades no son ajenas a este factor y continuamente promueven en sus distritos iniciativas que generen nuevos conocimientos, atraigan y potencien el talento local, la innovación y la actividad económica.

A través de la generación de espacios de coworking, incubadoras, labs o hubs, por ejemplo, algunas ciudades incentivan la generación de redes formales, informales o azarosas, físicas o virtuales entre sus habitantes, con el objetivo de favorecer la transmisión de información creativa importante. Estos ambientes colaborativos están cambiando la forma de trabajar en distintas compañías y organizaciones, redefiniendo el diseño y aprovechamiento del espacio físico y sus funcionalidades, así como también la forma en que nos desplazamos por una ciudad.

Estos lugares crecieron en los últimos años en ciudades como Nueva York, Londres, Barcelona y Tokio. Mientras que en todas las grandes ciudades de nuestro país se multiplican estos espacios, más que nada como iniciativa privada. Son sitios flexibles de trabajo donde los emprendedores o profesionales independientes comparten los servicios normales de una oficina: buena conectividad Wi Fi, salas de reuniones, impresoras, espacios comunes, inclusive a veces mesas de metegol o ping pong. Estamos asistiendo a un boom en la proliferación de estos ámbitos, sin embargo no todos son iguales. Los hay orientados a startups, a profesionales, a pequeñas empresas, freelancers, a fomentar la creatividad y el arte, al diseño y la producción de software, etc.

Pero estos entornos no sólo les permiten a sus usuarios la posibilidad de bajar los costos iniciales de arrancar una empresa y mantener una oficina con buen café. Los espacios de coworking brindan conexión interdisciplinaria y transorganizacional, con beneficios para la comunidad y el entorno. Les ofrece la oportunidad de complementarse y colaborar en proyectos comunes. Esta red genera flujos de conocimiento local que penetran entre los usuarios, compañías y organizaciones, a través de la rápida difusión de nuevas ideas, que a sus vez se retroalimenta y potencia la productividad de todos los actores cercanos de una ciudad.

La mitad de estos espacios en el mundo se encuentran en ciudades de más de un millón de habitantes. Sin embargo, en Estados Unidos, hay una tendencia a la multiplicación de comunidades de co working en localidades pequeñas. El 15% de los espacios abiertos el año pasado en ese país se encuentran en ciudades de 20.000 habitantes o menos. Ellas están viendo al impulso de este tipo de iniciativas como un capital intangible que mejora su competitividad, las habilidades de sus habitantes y el mercado de trabajo local, tornándolas más atractivas para la inversión ya que impulsan sectores considerados estratégicos para el desarrollo económico y social.

En un mundo cada vez más urbano, las ciudades inteligentes que se destacan por su inventiva, potencialidad económica y calidad de vida, son aquellas donde sus habitantes son capaces de encontrarse más, colaborar y agruparse con otros talentos innovadores dentro de su ciudad como en otras.

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