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La clase política pasa factura a Moro: quiere que "sangre" aún más

Líderes del Congreso esperan más revelaciones de sus conversaciones para luego investigarlo. Muchos denunciaron los métodos de la Lava Jato.

Brasilia - Sometido a una fuerte presión política y judicial para que se aleje de su cargo debido a la revelación de los chats que mantenía con fiscales de la operación Lava Jato, que sugieren la comisión de ilegalidades que podrían llevar a la anulación de sentencias como la que emitió contra Luiz Inácio Lula da Silva, el exjuez Sergio Moro aseguró ayer que los “falsos escándalos” no frenarán su misión como ministro de Justicia.

Hackers de jueces, fiscales, periodistas y, posiblemente, parlamentarios, así como sus líneas auxiliares, o escándalos falsos no van a interferir en esta misión”, escribió Moro en Twitter tras divulgar una serie de cifras sobre criminalidad (ver aparte).

Moro, que como juez estuvo a cargo de la causa de corrupción conocida como Lava Jato y que dictó la sentencia contra Lula, quedó en el ojo de la tormenta esta semana luego de que el sitio web The Intercept diera a conocer unos chats que lo comprometen.

Las conversaciones filtradas ponen en duda la imparcialidad del exjuez, que coordinó con los fiscales la estrategia contra Lula.

La prensa dio cuenta ayer de crecientes presiones en su contra.

De acuerdo con el influyente diario Folha de São Paulo, referentes de “los principales partidos de oposición y siglas de centro han mantenido reuniones para decidir cómo actuar en el caso del escándalo de los mensajes (y) hay un consenso: hay que tener paciencia y esperar a que Moro ‘sangre’ todavía más antes de abrir una guerra total en su contra, creando una Comisión Parlamentaria de Investigación”.

Varios de eses partidos sufrieron la Lava Jato y sus métodos polémicos en carne propia.

En ese sentido, siguió Folha, la idea es “esperar nuevas revelaciones del sitio The Inercept Brasil, que publicó el domingo los primeros reportes”. “La expectativa es que nuevos mensajes empeoren más la situación de Moro”, agregó.

Ante ese clima, el ministro accedió a presentarse el miércoles próximo en el Senado para dar explicaciones sobre su aparente parcialidad en la condena que dictó contra Lula da Silva y que mantiene preso al expresidente desde abril del año pasado.

Del Senado depende su eventual confirmación como juez del Supremo, algo que había anunciado antes de este caso el presidente Jair Bolsonaro y que estaba previsto para el año próximo.

La polémica se incrementa en el propio Supremo, cuyos jueces debaten la crisis en privado y comienzan a hacer pronunciamientos públicos. La preocupación de todos es que la operación Lava Jato pierda credibilidad y que decenas de políticos y empresarios condenados comiencen a pedir nulidades.

Mientras, la prestigiosa Orden de Abogados de Brasil pidió su salida del Gobierno (ver aparte).

El sistema judicial brasileño establece que el fiscal debe investigar y luego presentar su trabajo al juez, que hasta ese momento debe ser totalmente imparcial. Pero la Lava Jato no funcionó así: Moro no solo asesoró sino que también presionó al jefe de los fiscales, Deltan Dallagnol, para que presente la acusación en contra de Lula aun cuando este dudaba de la solidez de las pruebas que tenía.

Según The Intercept Brasil, el entonces magistrado sugirió a fiscales de la Lava Jato cambiar el orden de las fases de la operación y otros procedimientos, algo estrictamente prohibido por la ley.

Ámbito Financiero

y agencias ANSA y Télam

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