Economía

"La convertibilidad fue un desastre"

Uno de los sellos distintivos de la década del '90 fue el fuerte incremento de las importaciones. La contrapartida de ese masivo ingreso de productos extranjeros fue una pérdida de competitividad de las empresas argentinas. Juan Carlos Lascurain, que en la actualidad es presidente de la Asociación de Industriales Metalúrgicos de la República Argentina (ADIMRA), era por aquel entonces vicepresidente PyME de la UIA, propuso un análisis completo del Plan Cavallo aplicado a partir de abril de 1991. En diálogo con ambito.com explicó que "la convertibilidad hay que analizarla desde el momento de su creación hasta su caída". Y enfatizó que en el país "nadie quería hablar de la convertibilidad". "Ni siquiera en el peor momento se trató de salir" del 1 a 1, rememoró.

Tras resaltar la recuperación del sector metalúrgico a partir de 2002, el empresario metalúrgico reconoció que el alza de costos es una preocupación "como tantas otras" y defendió el uso de las licencias no automáticas como una forma de "administración del comercio que utilizan todos los países". 


Periodista: ¿La convertibilidad fue la medida adecuada para frenar la hiperinflación?

Juan Carlos Lascurain:
La cuestión es desde el lugar en que se lo analice. Para el sector metalúrgico fue un plan que tuvo consecuencias muy negativas. Me parece que lo del freno de la inflación es algo que no tiene mucha sentido discutirlo. El tema es qué pasó después, cuando tenías a un país que no quería hablar de algo que era obvio. Nadie quería hablar de lo que era la convertibilidad, todos barrían debajo de la alfombra y hablamos cuando terminamos con los 30 muertos en 2001. Pero la realidad es que nosotros planteamos claramente nuestra visión cuando fuimos a Washington al Banco Interamericano de Desarrollo; treinta días antes del corralito dijimos lo que pensábamos del modelo y en qué circunstancias estábamos. Y se dio así porque el Estado estaba desfinanciado y porque el país no puede funcionar con un seguro de cambio como el que había y con una tasa de interés que la verdad era bárbaro venir del exterior a colocar dinero con un interés del 15% en dólares. Me parece que esto tampoco tiene posibilidad de una gran discusión. Después habrá cuestiones que son más bien de ideología como puede ser si estuvo bien la implementación del sistema de AFJP, entonces en ese punto algunos podemos tener diferentes visiones.

P.: ¿Domingo Cavallo dice que hasta el año 1999 los industriales no se quejaban? ¿Coincide con esa apreciación?

J. C. L.:
No, depende. Creo que hay un déficit de Cavallo que sigue manteniendo al día de hoy: no escucha. Si él piensa que no se quejaban se olvida que los industriales le dijeron lo que pensaban ya en el año '95, lo que pasa que no escucha.

P.: ¿Lo que sostiene el exministro de Economía que las quejas comenzaron cuando Brasil devaluó?

J. C. L.:
Ese es otro tema. Cuál era la convertibilidad, no existía. Cuando ibas a Miami con $ 100 no te lo cambiaban por u$s 100; la moneda argentina más fuerte que el dólar, era una mentira. Me da la impresión que la convertibilidad es un hijo de Cavallo que ni siquiera se animó a desarmarlo en el momento en el que se caía todo a pedazos o bien trabajó para otros sectores a los que les fue funcional. Ahora cuando nosotros fuimos a Estados Unidos algunos dirigentes de la UIA lo señalaron claramente. Dijeron "nosotros ya le dijimos que esto no tiene soporte". Y en esa reunión estaba el BID, la Reserva Federal y el Banco Mundial, en un encuentro convocado por Enrique Iglesias (N. de la R.: por entonces presidente del BID).

P.: ¿La convertibilidad no le dejó nada positivo a la industria?

J. C. L.:
Es posible que lo positivo haya sido el primer impulso que dio. Pero no se puede pensar que una industria se va a volver competitiva porque le manejás una determinada variable como puede ser el tema salarial. En la industria nosotros pensamos como metalúrgicos que no tenemos futuro si tecnológicamente no estamos actualizados sino invertimos en innovación. En ADIMRA estamos trabajando en ese terreno. Cuando nosotros fuimos a hablar con el viceministro de Economía de la época Carlos Sánchez (N. de la R.: segundo de Cavallo) él nos dijo 'a mí no me importa cuánto salen las cosas, a mí me importa que la gente tenga los más barato'. Me parece un razonamiento importante, pero pregunto: ¿tenés la plata para comprar lo más barato si no tenés trabajo?

P.: ¿Cómo afectó el 1 a 1 a la industria metalúrgica?

J. C. L.:
Una de las más afectadas junto con la textil y la del calzado, fueron sectores muy castigados. Lo segmentos de mano de obra intensiva son los que primero sufrieron las consecuencias, después tenés otros sectores. La convertibilidad hay que analizarla desde el momento de su creación hasta su caída. Este es el análisis, porque ni siquiera en el peor momento se trató de salir de la convertibilidad, ni siquiera en el momento de la devaluación del real.

P.: ¿Por qué cree que en la gente la convertibilidad tuvo tanta aceptación?

J. C. L.:
Como ya dije, nadie quería hablar del tema hasta que estalló. Ahora no estalló porque la boicotearon, sino porque de afuera dijeron "a estos no le podemos dar un peso más porque no pueden hacer nada". En la Argentina, el campo ni la industria eran negocio, nadie podía pagar nada, excepto algunos sectores de servicios, esta es la realidad. Por eso digo que algunas cuestiones las podemos discutir desde el punto de vista del pensamiento. Pero yo hago este análisis: ¿cómo salió la Argentina a partir del 2001, quién puso la plata, quién socorrió al país como hicieron con Grecia? Nadie hizo nada, salimos con nuestra plata.

P.:¿Cómo analiza la salida de la convertibilidad?

J. C. L.:
No fue la salida de los primeros días de enero de 2002 sino que fue la salida del "corralito". Ahora después de eso no está la plata para devolverle los ahorros a la gente y los bancos te dicen que no responden por las sucursales de la Argentina, entonces te das cuenta que hubo una trampa.

P.: ¿Hay quienes sostienen que hoy el tipo de cambio real está al nivel de la convertibilidad?

J. C. L.:
Sí, porque se computan los costos internos. Pero hay factores que son distintos a los de aquella época. Hoy la Argentina hace un esfuerzo enorme para mantener el tipo de cambio y los otros países, por lo menos los del G-20, todos están dejando caer su tipo de cambio por un problema de crisis. Ahora tampoco la Argentina puede hacer maravillas con el tipo de cambio, ninguno de nosotros está esperando un salto importante del tipo de cambio.

P.: ¿Qué fue la convertibilidad para la Argentina?

J. C. L.:
Un desastre. Posiblemente si se hubiera salido en un momento determinado hubiese sido otra cosa.

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