Economía

La economía del Boca-River

• GLOBOS DE ENSAYO PARA TESTEAR A LA GENTE Y GENERAR UN OPTIMISMO "TRUCHO"
Desde el propio Gobierno se repite que para el año 2019 se persigue una tasa de inflación de entre 25% y 28%. Es necesario preguntarse entonces: ¿en qué quedamos? ¿Se van a segu

Hace aproximadamente dos meses, el Gobierno decidió realizar un cambio de enfoque y de accionar en materia económica. Eso fue lo que sucedió cuando se pasó de perseguir metas de inflación a metas de crecimiento en los agregados monetarios con la regla de la base monetaria creciendo al 0%. Sin embargo, no pasa una semana sin que se repita, desde el propio Gobierno, que para el año 2019 se persigue una tasa de inflación de entre 25% y 28%. Es necesario preguntarse entonces: ¿en qué quedamos? ¿Se van a seguir metas de agregados monetarios o de inflación? Porque no se registra ningún caso de Banco Central en el mundo que haya perseguido ambos objetivos a la vez, y, seamos sinceros, en el caso argentino de forma específica es probable que las dos cosas resulten incumplibles, dado que los agregados monetarios en buena medida determinan la tasa de inflación. Veamos cómo es el asunto.

En una nota del 22 de noviembre titulada "¿Por qué este plan puede hundirse antes del fin de 2019?", de este autor, se determinaba un déficit estatal total del 7,5% del PBI para 2019, aun suponiendo déficit operativo de 0% merced al abultado déficit cuasi fiscal y de intereses de Lecap para el próximo año (cerca de 4% del PBI, con suerte y viento a favor) y de 3,5% del PBI de déficit financiero del Tesoro. Ese déficit impacta de dos maneras posibles en la economía: o bien se monetiza, o sea, se genera base monetaria como efecto del mismo, o bien se financia, abultando el nivel de deuda pública. Lo primero no se puede porque es la "regla de oro" a la que por el momento se han atado las autoridades, y lo segundo no se puede hacer tampoco dado que en los mercados internacionales, debido a nuestro elevadísimo "riesgo país" no nos prestan. Por eso mismo es que sea porque se monetice o se financie internamente el déficit estatal va a implicar la necesidad de una demanda de activos en pesos -demanda adicional en términos reales, y no sólo en términos nominales- del orden del 7,5% del PBI para 2019. El lector está en lo correcto si concluye en este punto de que se trata de una suma elevadísima, dada la baja demanda de pesos que existe comparativamente en nuestra economía. Y una suma elevada que probablemente impacte directamente en algo muy cercano a la base monetaria: en los pasivos monetarios del Banco Central, cosa que invalidaría la meta de expansión cero de la base monetaria aun cuando en la contabilidad ésta se cumpliera. Sería sólo un mero dato estadístico y no un logro si ocurre. Ahora bien, este déficit impacta en forma directa en la tasa de inflación según cómo se lo financie: si es con pasivos monetarios del Banco Central, eleva la tasa de inflación presente. Si es con financiación voluntaria, vía endeudamiento, impacta en la tasa de inflación futura. En Argentina, dado el cortísimo plazo al cual se contrae deuda pública la tasa de inflación futura es cuestión muchas veces sólo de meses, como lo recuerda con claridad la bola de nieve de Lebac de 2016 y 2017 que mandó la tasa de inflación de 2018 a casi 50%. Por lo tanto, ¿en qué se basan las autoridades para establecer ahora como "objetivo agregado" una tasa de inflación de entre 25% y 28% para 2019? ¿Qué cálculos de compatibilidad con la política fiscal y monetaria se elaboraron para llegar a esos guarismos deseados? ¿Cómo se sabe que hay compatibilidad? La respuesta es sencilla: no se calculó nada, no se sabe nada, y se han lanzado cifras al voleo que son simples expresiones de deseos que no guardan ninguna compatibilidad con la realidad. Con un déficit estatal no financiado por el FMI del 7,5% del PBI y sin financiamiento externo más allá de unos cortos meses y sólo para renovar parte de las Letes, lo más probable es que la tasa de inflación de 2019 se ubique muy por encima de las cifras dadas a publicidad. Y esto tarde o temprano va a tener a su vez un efecto negativo en las

expectativas dado que el Gobierno "adormece" la mente de los operadores con benévolas predicciones, lo que a su vez impactará en los mercados retroalimen-tando expectativas negativas.

Cuesta creerlo, pero en materia económica el Gobierno viene comportándose como en el tema Boca-River. En un corto tiempo se pasa del mundo ideal de pensar en jugar con hinchadas locales y visitantes confraternizando alegremente y agitando coloridas banderas y con cánticos ingeniosos a disputar el partido en un escritorio de Asunción del Paraguay. Ni siquiera en un estadio sin público: sino entre cuatro tristes paredes con cuatro tipos extranjeros desconocidos sentados a una mesa en el Paraguay... Eso es lo que son las metas económicas en Argentina: sean de agregados monetarios o de inflación: globos de ensayo para ver si caen bien en la gente y se genera un optimismo "trucho" que a la postre es reemplazado por la desesperación y la también falsa creencia de que este país no tiene arreglo.

Si el Gobierno pretende ser serio y creíble debe dejar de lado estos "globos de ensayo". Y ello implica en primer lugar archivar definitivamente la nueva meta de inflación del 25% al 28% en el electoral, deficitario y desfinanciado 2019 y admitir que habrá que soportar la inflación que haya, sin lanzar ninguna cifra a la prensa. Y en segundo lugar, admitir que la meta de base monetaria creciendo cero es una meta muy fácil de vulnerar con el crecimiento de otros pasivos monetarios del BCRA como lo son, por ejemplo, las Leliq cuyo stock viene creciendo a muy alta tasa. Y admitir, de esta manera, que nos aguarda un 2019 en el mejor de los casos discreto en materia económica, y muy probablemente malo o muy malo porque el déficit estatal real es enorme aun cuando se cumpla la exigente meta de déficit operativo cero y la de base monetaria creciendo cero. Todo el resto es verso. Un verso similar al cuento chino de que en un Boca-River final de la Libertadores pueden cantar alegremente las hinchadas, juntas, de ambos equipos. Cuentos chinos en los que sólo parece creer nuestro Presidente, quien comete blooper tras blooper. Este último ya del tamaño del de De la Rúa, al aire, intentando salir sin poder del estudio de televisión de Tinelli. Terminan siendo estas las cosas por las que son recordados los gobiernos que obraron para el olvido. El recuerdo termina estando siempre presente.

walter.graziano@yahoo.com

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