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La economía requiere de una reforma laboral bien pensada

Sin duda los preocupantes indicadores socioeconómicos jaquean las chances de desarrollo futuro del país. Sin avanzar en soluciones concretas en materia laboral será difícil reducir el nivel de desempleo.

Quizás ayer uno de los paneles de la Cumbre de AmCham más interesantes, controvertidos y esclarecedores fue el que abordó la temática de los desafíos del entorno laboral y los nuevos paradigmas en el mundo del trabajo. Sobre todo por la clara exposición de Laura Ge, asesora del Grupo Sancor Seguros y directora de Farmacity. Partió de la base que “el desafío no es la automatización, sino como adaptamos las competencias a las nuevas realidades” y señaló que “para el 2020, el 81% de las empresas necesitará mejorar las habilidades de su capital humano”. Ge advirtió que “la nueva economía creaba relaciones laborales, no contempladas en la legislación vigente” y que “las nuevas generaciones que ingresaban al mercado laboral tenían una visión diferente del trabajo”. Por ello explicó que los obstáculos al empleo formal exigían un cambio sustancial de los pilares del derecho de trabajo tradicional y se cuestionó cómo se estaban preparando las empresas para instrumentar herramientas adecuadas a las nuevas relaciones laborales.

Para dimensionar los desafíos por delante contó que “solo 1/3 de la PEA tiene empleo privado de calidad, el 50% del empleo es vulnerable, el 20% es empleo público, la tasa de desempleo se duplica en jóvenes y se triplica en mujeres jóvenes”. Esto se arregla, dijo, sin Estado demandante de empleos como última instancia, sin sistema regulatorio que elimine la competencia externa y con políticas de Estado que implementen programas de educación y capacitación.

“Se debe pensar en proteger al trabajador no proteger el trabajo”. Luego brindó claves para una reforma laboral.

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La Cuarta Revolución Industrial, enmarcada en la velocidad del cambio tecnológico generaba una brecha entre los que se adaptaban a los nuevos trabajos y los excluidos del sistema.

A esto se suma que las nuevas generaciones tiene otros intereses. Al respecto señaló que “las economías de plataformas no estaban contempladas en la legislación vigente”. Además, el talento es escaso y es clave para la competitividad y ya la relación laboral para toda la vida dejó de ser un valor.

A diferencia de lo que ocurría hace 50 años, hoy en día el modelo de construcción del conocimiento depende del trabajo en redes y la cocreación. Ello requiere diversidad de visiones y distintos ambientes y culturas organizacionales. Todo ello en búsqueda de incrementar competencias a través de diferentes experiencias laborales.

Los nuevos valores en la relación laboral ya no son la estabilidad, la seguridad y el largo plazo. Ahora son las vivencias, el aprendizaje cultural, ya no existen fronteras, la carrera es no lineal o secuencial, la flexibilidad horaria, y la posibilidad de licencias y pausas. “Ello requiere soluciones creativas en la legislación, adaptar las competencias de los trabajadores y adaptar nuevas modalidades en las empresas, como por ejemplo el teletrabajo”, explicó.

Ge destacó que la automatización no era un riesgo sino una oportunidad: el 86% de las empresas (según una encuesta propia) en Argentina planea aumentar o mantener su plantilla laboral como consecuencia de la automatización. Por ello el “desafío está en la formación de talento como clave para la competitividad” y brindó datos claves: para 2020 el 81% de las empresas argentinas necesitará mejorar las habilidades de su mano de obra, el 50% de los empleadores manifiesta dificultad para encontrar talento y el 70% de los empleadores argentinos deberá requerir habilidades pagando salarios más altos.

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