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La historia de Dellien: dejó el tenis, invirtió en una fábrica de hielo y recuperó su carrera

El tenista boliviano abandonó la práctica profesional por falta de apoyo económico e invirtió su último dinero en un proyecto familiar. "Me quedé sin nada y tuve que volver a vivir con mis padres. Toqué fondo, pero todas las cosas pasan por algo", contó en diálogo con Ámbito.

La carrera de Hugo Dellien pasó por picos tan altos como bajos. Este año logró asentarse entre los primeros 100 del ranking ATP, jugó tres de los cuatro Grand Slam y tuvo grandes actuaciones. Pero hace algunas temporadas, estuvo alejado del tenis, producto de problemas económicos y hasta una inversión que lo dejó sin dinero y lo obligó a volver a sus raíces.

Dellien nació en Trinidad, Bolivia, en 1993. Desde hace un tiempo vive en Buenos Aires para poder desarrollar su carrera tenística, que perfecciona junto a su entrenador argentino Alejandro Fabbri. Hoy, le asegura a Ámbito en el Racket Club donde se juega el Challenger local, está feliz por una temporada “muy buena en lo personal y en lo profesional. Tengo la satisfacción que el sacrificio hecho valió la pena”.

Sin embargo, no todo fue alegría en la vida del actual número 82 del ranking. A finales de 2015 abandonó la práctica profesional del deporte blanco por falta de apoyo económico, y su realidad cambió sustancialmente. Entonces, decidió que era momento de probar suerte con otra cosa y ver si podía revertir la situación.

“Invertí todo en una empresa de hielo en cubitos y no tenía más dinero para seguir viviendo. Como todo negocio, es un proceso de tiempo para empezar a ver la plata. Tuve que volver a vivir de mis padres. Para mí fue tocar fondo, lo sufrí muchísimo. Pero me hizo dar cuenta que no estaba haciendo lo que me gustaba”, argumenta, convencido, Dellien.

De sus palabras no queda ningún dejo de melancolía. Por el contrario, el oriundo de Trinidad -que este año enfrentó a Alexander Zverev y Daniil Medvedev, dos de los mejores jugadores de 2019- afirma que las cosas suceden por algo y no hay que desaprovechar las oportunidades que surgen.

“Todas las cosas pasan por algo y forman parte de una cadena. Hay que ver lo positivo y aprovechar todo lo que ocurre”, afirma el boliviano, ganador de cinco títulos Challenger, al tiempo que amplía: “Ese año me ayudó a valorar diferentes cosas, no tanto en lo deportivo, sino en lo personal, y me ayudó a madurar”.

La empresa familiar por la que apostó finalmente empezó a dar sus frutos y significó él principio de su renacer. En 2017 decidió volver a jugar y la Copa Davis le aportó el segundo envión: “La Federación me dio un adelanto para hacer la pretemporada. Era poco, pero me ayudó. La hice en México, con Eduardo Médica, un entrenador argentino que prácticamente no me cobró y me brindó su casa durante dos meses”.

Ganar su primer torneo Future tras la vuelta le significó un importante ingreso por haberse tratado de un certamen con u$s15.000 en premios. A partir de allí, “empezó una rueda. A los siete u ocho meses ya estaba cerca del puesto 280 y empezaron a llegar algunos sponsors y ahí creció todo más. Sin ayuda de ellos hubiera sido imposible”.

Actualmente, la fábrica de hielo sigue activa en Trinidad y la manejan los padres del jugador. Aunque su carrera ocupa el mayor tiempo, no se despegó del todo. “Cada vez que se necesita invertir en algo, trato de hacerlo. Es chica pero nos va bien, es buen negocio para allá, y ahora que genero dinero está bueno invertir hasta donde se pueda”, promete.

Los problemas económicos son una realidad concreta de una enorme cantidad de jugadores que intentan insertarse en el profesionalismo. Para Dellien la clave está en el reparto del dinero de cada torneo. “Los jugadores se llevan el 14% del dinero total. Si eso sube al doble, como es en todos los deportes, donde ganan un 40 o 50% de lo que genera el evento, podríamos empezar a mantenernos mucho mejor”, asegura.

“Llegar al top 100 es muy difícil, y no es que uno llega al top 100 y ya es millonario, hay que mantenerse tres o cuatro años. Podría dar mucho más de lo que está dando”, reclama.

Dellien describe que el tenis en su país crece muy de a poco. Desde la década del 80, cuando Mario Martínez llegó a ser Top 35, que no contaba con un jugador insertado en la primera línea. “A mí me gustaría ser parte de un despertar, que puedan creer en los tenistas y en los deportistas en general. En Bolivia no creen en los deportistas, no consideran que tengamos condiciones, y sí las tenemos”, cierra. Sabe de luchas y de no dar batallas perdidas, mientras sigue esperanzado con seguir alimentando su carrera.

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