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La hora de los técnicos: arrancan las negociaciones con el Fondo

• SANDLERIS, PENA Y BAUSILI SE ENCUENTRAN HOY CON EL ITALIANO RICARDO CALDARELLI
Se especula con que el caso argentino sea para Christine Lagarde el más exitoso de su paso por el organismo financiero.

Para Argentina y el Fondo Monetario Internacional (FMI) pasó ya el tiempo de las declaraciones políticas. Los técnicos de ambos lados de la mesa comenzarán hoy formalmente en Washington a discutir la fórmula recomendada por la titular del organismo, Christine Lagarde, para acelerar la firma de un acuerdo stand by. Los enviados del Gobierno de Mauricio Macri llegarán esta mañana a los Estados Unidos, y por la tarde tendrán su primer encuentro directo con el responsable del caso argentino, el italiano Ricardo Caldarelli. A este funcionario le llegaron las instrucciones técnicas del mexicano director gerente del Hemisferio Occidental Alejandro Werner, que a su vez ya recibió los mandatos políticos de Lagarde para que, dentro de lo posible y legal, se aceleren al máximo las negociaciones para que haya un final feliz. Esto incluye cierta presión (la máxima posible dentro de las estrictas normas del organismo) para que el caso argentino sea un nuevo comienzo en la historia del FMI con el mundo occidental y sus problemas macroeconómicos.

Los negociadores argentinos confían en que los técnicos del FMI darán el aval al capítulo sobre el que más está trabajando el flamante ministro coordinador, Nicolás Dujovne. Según las expectativas locales, desde Washington habría un guiño importante en las metas de déficit fiscal que, al menos en un primer análisis, presentaría el Gobierno de Mauricio Macri y que ubicarían el desequilibrio primario entre 2,7% y 2,5% para este año. Incluso hay expectativas favorables para la predicción para 2019, donde obligatoriamente el déficit debería ubicarse cerca del 1,5%. Los números que Dujovne tiene en mente para el próximo año circulan por ese porcentaje.

El problema que ahora se avecina son otras metas más discutibles: las inflacionarias. La información que se está comenzando a pedir desde la sede del FMI en Washington apunta a saber por qué hubo distorsiones en las pautas de alzas de precios de 2018, cuál será el número final para este año y, fundamentalmente, cuáles son las metas que el Gobierno piensa incluir en el Presupuesto para 2019. El temor mayor es que el FMI presione para que el porcentaje para el próximo ejercicio circule cerca del 10%; una cifra que, obviamente, traerá polémica en el momento de debatirla en el Congreso. Según la visión oficial, este capítulo será el más complicado en los primeros encuentros formales y técnicos que inauguren las negociaciones formales entre funcionarios de línea del Gobierno argentino y del FMI. Igualmente desde Buenos Aires son optimistas, y aseguran que los números que se llevarán a Washington serán lo suficientemente sólidos como para convencer a los técnicos del FMI.

Para comenzar las discusiones, viajaron ayer el viceministro Guido Sandleris; el secretario de Hacienda, Rodrigo Pena (hombre clave en las negociaciones); y el secretario de Finanzas, Santiago Bausili. Enfrente estará el economista italiano Ricardo Caldarelli. Desde Buenos Aires la interpretación de esta buena voluntad tiene una razón política de peso: Lagarde ya dio la orden política dentro del Fondo de tener la mayor condescendencia posible ante el caso argentino. Sabe la exministra francesa que se acerca el final de su gestión en el organismo, y que en general el balance de su gestión es bueno. Para coronar su faena de reformulación del FMI, necesita un caso exitoso en su currículum. Y, para esto, Argentina sería un ejemplo ideal. Se trata de un Estado que entró en crisis luego de infinidad de avales del organismo y con el propio FMI señalado como en gran parte culpable del mayor golpe financiero de su historia. Si Lagarde lograra que se cerrara el stand by con la Argentina y que el acuerdo sea exitoso con el país, para la directora del Fondo sería una de las mayores victorias de su carrera dentro del organismo: el caso de un Estado que vence las tentaciones del populismo (con ayuda del FMI), lo que podría convertirse en un efecto contagio en una región (América Latina) donde el organismo es aún visto con justificados recelos.

Según lo que se dice en Washington, sirven (y mucho) los apoyos internacionales que el Gobierno viene recogiendo en los últimos días desde países con voto clave dentro del board. En especial se festejan las promesas de apoyo que recibió el canciller Jorge Faurie de parte de los cancilleres de Gran Bretaña y Japón, dos países que tradicionalmente votaron en contra de la Argentina y que llevaban la voz cantante en las filípicas contra el país en los años duros. Incluyendo los gobiernos kirchneristas.

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