Edición Impresa

La inflación “natural” en Argentina duplica la que se vive mes a mes

No hay nadie en Argentina que no esté muy disconforme con las cifras de inflación mensual. Integrantes del propio Gobierno se han expresado repetidamente disconformes y ahora hay amenazas concretas de subas en las tasas de interés. Ni que hablar de la opinión de banqueros, ejecutivos de empresas y de la propia población lega en materia de conocimientos económicos pero claramente víctima principal de los guarismos de inflación.

Ya van doce años en los que la inflación está cómodamente instalada en los dos dígitos anuales, y, usando la "inflación Congreso" para los años en que los datos del INDEC estaban "sucios"; en once de esos doce años los índices no bajaron del 20% anual de inflación, llegando a picos de más de 50% anual en un par de casos en los que hubo maxidevaluaciones.

Lo primero que hay que preguntarse entonces es porqué hay tanta disconformidad si estamos más bien en la regla que fuera de ella. No es que nos hemos despertado de golpe en un país que no tenía inflación y pasamos de un solo tirón a uno en el que los precios suben en promedio a un ritmo del 2% mensual. Pero dado que el Gobierno influye en las paritarias presionando para que los aumentos máximos de salarios no superen el 15 % este año es comprensible el clima popular displacentero frente a la posibilidad de perder diez puntos porcentuales de poder adquisitivo en solo un año.

Sin embargo, es necesario tener en cuenta que las principales variables macroeconómicas que influyen en la tasa de inflación de un país no son otras que el déficit fiscal, la tasa de emisión monetaria y la tasa de devaluación.

El déficit fiscal consolidado del Estado, incluyendo al Banco Central, supera el 9 % del PBI, más allá de la publicidad que Economía intente dar a sus cifras propias de déficit que solo engloban una pequeña parte del mismo: el déficit operativo del Tesoro, al cual hay que agregar los intereses de la deuda del propio Tesoro que más que se duplicaron en solo un año, y los abultados 400.000 millones de pesos de déficit cuasifiscal del BCRA nada menos que unos u$s20.000 millones anuales-, que amenazan con aumentar fuertemente dada la reciente amenaza de Federico Sturzenegger de aumentar los rendimientos en caso de que los guarismos de inflación de mayo no bajen. Y la verdad es que con esas cifras de déficit solo podrían bajar por arte de magia durante un mes o dos para volver a trepar en forma importante tras un transitorio remanso.

El segundo componente que incide en la tasa de inflación de manera determinante es la tasa de emisión de base monetaria, que en las actuales circunstancias, debería cambiarse por la tasa de creación de pasivos monetarios del Banco Central, dado que la generación de Lebac, Leliq y pases pasivos no es otra cosa que emisión. Este guarismo se encuentra cómodamente instalado por encima del 25 % anual y depende el mes supera con creces el 30% anual, por lo que tampoco por el lado de la política monetaria podemos esperar un descenso importante en la tasa de inflación. Es necesario recordar cuando se habla de política monetaria que la tasa de interés es en Argentina altamente inefectiva para luchar contra la inflación por el bajo componente crediticio que existe dentro del PBI argentino.

Por ello, tanto por el lado del déficit fiscal como por el lado de la creación de pasivos monetarios del BCRA la tasa de inflación del 25% anual actual está más que justificada. Puede decirse que si el Estado no refinanciara parte de su deuda mes a mes usando nuevos instrumentos de deuda, y hubiera que financiar todo el déficit con lisa y llana emisión monetaria, Argentina estaría padeciendo una tasa de inflación de al menos el 50 % anual que es la tasa natural de inflación que el país debería padecer con su nivel de déficit fiscal.

Queda un último factor generador de inflación que dista de ser el menos importante: la tasa de devaluación. Desde el Banco Central se han levantado voces muy críticas del cambio de las metas inflacionarias del 10% al 15% que ocurrieron en diciembre pasado. Se dice en el ente rector de política monetaria que esa ha sido la causa de las actuales presiones sobre el precio del dólar y de una buena parte de la alta tasa de inflación del primer cuatrimestre de 2018 conjuntamente con las tarifas públicas.

Pero lo cierto es que la inflación no es ni de lejos el único problema económico de la Argentina. Probablemente tampoco sea el principal: el déficit de cuenta corriente de balanza de pagos se encuentra en una cifra récord de 5,5% del PBI y no actualizar el valor del tipo de cambio equivale a aumentar ese déficit que asume cifras muy peligrosas. Así, por evitarse un par de décimas de inflación mensual el país no puede correr el riesgo de caer en una crisis de sector externo dado que las variables de las cuales depende la estabilidad de la balanza de pagos son en principio dos: el acceso al crédito internacional, que parece ser últimamente más caro y escaso, y el valor real del dólar que ha quedado muy desactualizado. En tal sentido, haber sincerado al menos un poco la meta de inflación ayuda a descomprimir es cierto que no demasiado, pero algo a fin de cuentas las presiones devaluatorias que podrían tornarse incontenibles a medida que siga transcurriendo 2018.

¿Es alta la tasa de inflación en Argentina entonces? La respuesta que cae de madura después de analizar el déficit fiscal, la tasa de emisión monetaria y de creación de pasivos monetarios del Banco Central y la tasa de devaluación indican que no. Que incluso podría ser bastante más alta. Dado que la emisión estaría por encima del 50% anual si no hubiera acceso a tomar deuda, la tasa de inflación natural de este modelo económico no es menor a esa cifra.

El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.

Dejá tu comentario