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La matemática como forma del arte

“La evolución de la forma” es el título de la exposición del artista que, el año pasado, había consagrado a Jorge Luis Borges sus trabajos en moiré, resultado de la experimentación con la óptica.

Hasta el 10 de julio podrá verse en el Centro Cultural Borges "La evolución de la forma", del artista venezolano-argentino Rafael Parra Toro, hoy uno de los máximos exponentes del arte óptico y cinético entre cuyos pioneros se destacó el recientemente desaparecido Gyula Kosice. "A esas dos corrientes", dice Parra Toro a este diario "yo añado una tercera, que es hoy la máxima expresión de la modernidad, y que es el arte digital. Allí está la gran diferencia entre las vertientes del siglo XX y el actual". Parra Toro es ingeniero y matemático, y ello también establece los fundamentos de su arte, que se basa en la técnica del "moiré (término de la óptica, que resulta en un patrón de interferencia que se forma cuando se superponen dos rejillas de líneas con un cierto ángulo).

El año pasado, el artista combinó su homenaje personal a Jorge Luis Borges con su propia técnica en la exposición llamada "Moireph", combinación de las palabras "moiré con "aleph", ese punto concentrador del universo en la fantasía borgeana. La nueva muestra, agrega, "es un trabajo más enfocado en el desarrollo de la forma con el uso del moiré. Se trata, en verdad, de lo que podríamos definir como un error controlado. El moiré resulta de un error. Por ejemplo, cuando en las transmisiones de televisión la camisa rayada es mal decodificada por la cámara: es un principio óptico, y sobre él trabajo. Sobre la ilusión óptica, el movimiento y la digitalización".

Maestros

Entre sus maestros, Parra Toro menciona en primer lugar a Alexander Calder, el artista de Filadelfia precursor de la escultura cinética; luego a otro artista de vanguardia enrolado en la misma corriente, su compatriota Jesús Soto, y por último a otro venezolano, Carlos Cruz Diez, un referente del op art que reside en París desde los años 60. Parra Toro, de 39 años, pertenece a la generación que integró el videojuego como una forma más de videoarte (él mismo desarrolló juegos web en plataformas móviles). La muestra está compuesta por 18 obras, algunas de gran formato (2 x 1 metro) y otras de un metro por un metro, curaduría del crítico italiano Massimo Scaringella y producción y coordinación de la Fundación Tres Pinos.

Parra Toro reside en nuestro país desde hace varios años y declara que se siente argentino por adopción. Sobre Venezuela, declara que "cuando se viven situaciones tan terribles, lo que aflora es la cultura como refugio para la angustia", aunque no hay, agrega, "persecución a artistas. Pueden perseguirse a algunos artistas que además tengan clara actividad política opositora, pero no por sus expresiones en el arte. Hoy hay mucha expresión artística en mi país natal, es la respuesta a lo que ocurre".

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