Opiniones

La ministra Stanley se equivoca

Resulta "políticamente correcto" decir que mejorar la escolarización es el desafío más importante que enfrenta nuestro país. Esta es una verdad en el mejor de los casos parcial.

Mejorar la situación de los miles de familias argentinas que viven en la pobreza es el mayor desafío que enfrentamos como sociedad. Por supuesto, la dirigencia tiene un papel protagónico a cumplir en este tema.

Sin embargo, muchas veces los conceptos manejados por los dirigentes no son los más apropiados. Carolina Stanley, a cargo del área que por lejos recibe el mayor presupuesto de la Administración Nacional, resulta un caso que amerita atención. La ministra recientemente declaró: “Más allá de la dificultad de generar empleo hoy en la Argentina, sin secundario terminado y ninguna capacitación: ¿podés salir a buscar trabajo? ¿vas a conseguir trabajo? No”.

Lo que la ministra ignora es que en el mercado laboral existe posibilidad de incorporar trabajadores con escasa capacitación formal. En efecto, la decisión de incorporar o no un trabajador a un proceso productivo depende de la relación entre la productividad que este trabajador tiene, con el costo que el empleador debe afrontar para emplearlo. Trabajadores muy jóvenes, con escasa educación formal, y sin experiencia laboral, son los primeros afectados por legislación de salario mínimo, los impuestos al trabajo y la alta litigiosidad que caracteriza al mercado laboral argentino. En efecto, estos trabajadores pueden aportar trabajo productivo, pero este aporte es menor al costo que deben afrontar los empleadores. El resultado es desempleo para este segmento de la población.

Un mercado laboral rígido, con altísimos impuestos al trabajo y plagado de litigios condena, entonces, al sector más pobre de la sociedad, que es el que – paradójicamente - mayor asistencia requiere por parte de los responsables de la conducción del país. La resistencia de los sindicatos a toda flexibilización laboral tiene como objetivo elevar artificialmente los ingresos de los trabajadores sindicalizados (en general de ingresos altos) dificultando o impidiendo que los trabajadores desempleados, o de menor capacitación, compitan con ellos.

La ministra también ignora que una enorme mayoría de los “puestos de trabajo” no requieren un título formal sino habilidades, muchas de las cuales se obtienen en el propio lugar de trabajo. Como han demostrado varios estudios, el “aprender haciendo” complementa y aún sustituye en muchos casos a la educación formal. Es más, sentarse en un aula para cumplir el requisito necesario para seguir recibiendo un plan social posiblemente aporte poco o nada a la real capacitación.

Resulta “políticamente correcto” decir que mejorar la escolarización es el desafío más importante que enfrenta nuestro país. Esta es una verdad en el mejor de los casos parcial. El mayor desafío es incorporar al mercado laboral a los miles de individuos que están sub- o desempleados, permitiendo que mejore – a través del trabajo – no sólo la habilidad para desempeñar tareas sino también la concepción sobre el camino a seguir para el progreso personal duradero.

*Las opiniones expresadas son personales y no necesariamente representan la opinión de la UCEMA.

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