Opiniones

La muerte de las bandas de flotación: BCRA corriendo detrás de la curva

Lo único constante es el cambio, y más en tiempos electorales y de elevada incertidumbre respecto a la capacidad de pago de la deuda soberana, una situación que arrastra a todos los mercados de activos de riesgo locales a la baja.

Cuando en la jerga de los mercados se dice que el Banco Central está corriendo detrás de la curva, se ilustra la situación de que la máxima autoridad monetaria se encuentra envuelta en la trampa de los mercados que la obligan a seguirles el ritmo a ellos, y no al revés. Se supone que un Banco Central tiene la misión de preservar el valor de la moneda, de despejar dudas respecto a los meses que vienen y a imprimirle menos volatilidad al mercado cambiario.

Pero evidentemente, lo único constante es el cambio, y más en tiempos electorales y de elevada incertidumbre respecto a la capacidad de pago de la deuda soberana, una situación que arrastra a todos los mercados de activos de riesgo locales a la baja.

El faltazo de Guido Sandleris a la cumbre de banqueros centrales de América del Sur en Colombia demuestra lo preocupado y comprometido que está con el plan monetario y la búsqueda de estabilidad cambiaria.

En un nuevo cambio de reglas (autoimpuestas), el BCRA acaba de decretar la muerte de las bandas de flotación con la posibilidad de intervenir el dólar cuando se le antoje. Ya por debajo de la cota inferior se había comprometido a no hacerlo más, y ahora la novedad es que no hace falta esperar que supere el límite superior de $ 51,445 para poder vender dólares.

Ese poder de fuego eleva de u$s 150 millones a u$s 250 millones diarios las intervenciones. El BCRA puede intervenir tanto en el mercado de futuros (como lo hizo en más de una ocasión en abril) como en el mercado spot de manera discrecional ahora. Los montos y frecuencia dependerán de la dinámica del mercado: esa es precisamente la función de un banco central, y cuanto menos anticipables sean sus movimientos, mejor.

El FMI dio el visto bueno y entramos en una nueva etapa. La de poder ejercer la discreción para calmar a la “bestia”, más en un momento de mayor demanda por parte de empresas al acercarse el fin de mes para cerrar posiciones calzadas y de ahorristas para transformar sus devaluados pesos (17% este año) en moneda dura.

En estos días, las ventas de dólares a minoristas ascienden a entre 2 y 2,5 millones, pero irá en aumento a corto plazo. Y no hace falta ver largas colas en las casas de cambio, porque “cambia, todo cambia” (salvo la preferencia por el dólar, la cual permanece intacta entre los argentinos como una obsesión a lo largo de las últimas décadas): aproximadamente tres cuartas partes de las operaciones de los minoristas se hacen por medios digitales. Incluso muchos ALyCs se encuentran compitiendo e intermediando en forma digital, además de que las casas de cambio pueden ahora convivir en los mismos locales con las ventanillas de pago de servicios a la calle, entre otros rubros.

La demanda por cobertura aumentó, al tiempo que la demanda de pesos se derrumbó, y no hay nada peor que un país no tenga una moneda porque las decisiones de política monetaria terminan siendo estériles. A modo de ejemplo, cuando se sube la tasa de interés el dólar no baja o la demanda de depósitos no crece (recordemos que la tasa de Leliqs ya se encuentra de nuevo en 74%, ya en el máximo en décadas). O cuando se bajan los encajes de los bancos comerciales, ese efectivo disponible no es demandado por parte de los agentes económicos como empresas y particulares bajo la forma de préstamos.

Si bien los inversores le dieron la bienvenida a las nuevas medidas con una fuerte baja del dólar, los mercados muestran una notoria debilidad de fondo, con una nueva caída del Merval este año del 18% en dólares y un súbito incremento en el riesgo país, que mina cualquier proyecto de inversión por lo prohibitivo del financiamiento privado. De ahí el derrumbe de precios de las obligaciones negociables de los emisores locales, ante el cierre de los mercados de deuda voluntaria a nivel internacional (mercados “OTC”).

El riesgo de default sigue presente en la curva de rendimientos soberana, que continuó empinándose en las últimas semanas y que posee un rendimiento mucho más alto que otras economías bastante complicadas también como Ucrania, Ecuador o Turquía.

Los seguros contra default, o credit default swaps (CDS) de Argentina también poseen una curva claramente invertida: hay que pagar más del 17% anual para cubrirse de que los bonos que caigan en default en algún momento de los próximos 12 meses no afecten a una cartera de inversión, como hacía mucho no ocurría.

No va a cambiar mucho hasta que no haya un poco más de certidumbre electoral, y es ahí donde se centran la mayoría de las dudas, luego del avance mostrado por Cristina de Kirchner en todas las encuestas, aunque siempre hablando de que aún faltan cinco meses para las elecciones y existe una masa de 29% de votantes indecisos que serán objeto de las próximas campañas por parte de las distintas fuerzas políticas.

Tampoco veo que el Anses o algunos bancos oficiales puedan por sí solos cortar con el malhumor de fondo. Para eso sería necesario una señal clara con un programa de recompra por parte del Tesoro Nacional con el aval y plata del FMI de bonos en dólares más cortos como el Bonar 2020 por parte del Gobierno (tender offer).

Para poder predecir la suerte de los mercados en las próximas semanas, a las señales políticas que muestre el Gobierno se deben sumar los cambios en materia de política económica y lo que vayan mostrando las encuestas. Mientras tanto, a seguir bien conservadores en las decisiones de inversión que se tomen.

(*) Director de FinGuru

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