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La nueva estrella bursátil

Tres años atrás, mientras se gestaba el inesperado triunfo del “brexit”, la Unión Europea reescribía toda una serie de reglas con el propósito manifiesto de hacer más transparente y justo al mercado de deuda del Viejo continente. La idea es que esto vendría con una avalancha de nuevas emisiones, especialmente en los papeles de alto riesgo, sobre todo luego que Londres le dio la espalda a Bruselas.

No, no fue así. Desde entonces y partiendo de casi cero The International Stock Exchange (TISE), una Bolsa casi desconocida de la pequeña isla de Guernesey (un paraíso fiscal con 63.000 personas en 65 km2, a 336 km de Inglaterra y apenas 26 km de la costa francesa) se convirtió -en desmedro de Dublín y Luxemburgo- en la receptora de casi la mitad de todas las nuevas emisiones de deuda de riesgo colocadas en Europa (los últimos datos disponibles son a septiembre del año pasado). La TISE es muy “nuevita”, aparece en 2013 cuando la Royal Court of Guernesey le dio al grupo la autorización para absorber la vieja Channel Island Stock Exchange, pero es recién en febrero/marzo de 2017 cuando luego de modificar las reglas del mercado y abandonar la vieja denominación que pasa a convertirse en un centro internacional. Hoy, en apenas dos años tiene más de 2.857 títulos listados (el año pasado agregaron 865, +23%) con un valor de mercado en torno a los u$s400.000 millones (la capitalización argentina: unos u$s 39.000 millones, el listado…mejor ni hablar), vanagloriándose de ser la primer Bolsa en listar un fondo de criptomonedas, fondos y un panel de empresas “verdades”, listar títulos con tecnología de blockchain, PIF (Private Investment Funds), etc.

Formalmente Guernesey pertenece al Reino Unido, pero es una entidad autogobernada, con la reina de Inglaterra como máxima potestad y cae afuera de la autoridad de la U.E. o Gran Bretaña, con los que tiene firmados una serie de acuerdos financieros. En la práctica es uno de los seis paraísos fiscales que regentea Isabel II (junto a las Vírgenes, Bermuda, Islas Caimán, Jersey y la Isla de Man), lo que hace que casi un tercio de todas las estructuras de evasión del mundo respondan al Reino Unido (se suman Mauricio y Bahamas como parte del Commonwealth), unas cuatro veces más que quien le sigue: Holanda.

Uno de los principales contratiempos que enfrentan las emisoras, especialmente las más riesgosas, es que ciertos inversores están dispuestos a facilitarles fondos solo si pueden acceder a información que las empresas consideran “sensible”. En la medida que los montos y tasa lo justifiquen y el inversor se comprometa a no divulgar estos datos, las sociedades suelen no tener problemas con esto. En los EE.UU., la respuesta son las emisiones denominadas “144 for life”, que permiten a las sociedades abiertas al público colocar deuda en el país por fuera del contralor de la SEC (existen otros mecanismos para hacerlo en el extranjero). Claro que esto obliga a quedarse con los papeles “a finish”, lo que se salva con cláusulas de rescate anticipado inverso, la posibilidad de conversión, etc. (para cada dificultad, en el mercado encontramos una “solución”). El problema para la UE es que con la extensión de las reglas sobre Inside Information en 2016 se anuló en la práctica –formalmente no, pero la hizo inmensamente onerosa- esta posibilidad de “digitar la información”,… salvo para los bancos. Si bien dos tercios de las emisiones en TISE abren todos sus números al público, el gran acierto fue permitir que el acceso a la información financiera de sus listadas se realizara electrónicamente y con “claves” de distinto nivel. Entre otras, Netflix, sociedades vinculadas al fondo Blackstone, al KKR, a Reuters Thompson, etc., ya están aprovechando este sistema. Esta libertad para celebrar acuerdos entre emisores y tomadores, más que las ventajas impositivas, es lo que explica el impresionante éxito de Guernesey como plaza bursátil.

Desde ya que esto no es gratis. El recorte en la información puede tener un efecto detrimental sobre “la marca” del colocador y acotar el universo de posibles inversores, derivando en una menor liquidez y valuaciones menos substanciosas. Claro que nada de esto le preocupa demasiado a quienes invierten en estos papeles, para los que lo que más les preocupa es estar un paso adelante del resto cuando “las papas quemen”.

Si lo que pasa en Guernesey nos demuestra algo, es que los mercados de capitales solo crecen y tienen éxito donde hay libertad y competencia. Si no nos cree, mire lo que pasa en nuestra plaza.

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