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La política policialista no pudo solucionar la violencia en el fútbol

Según un informe de la ONG Salvemos al Fútbol hubo 220 muertos desde el regreso de la democracia.

La violencia en el fútbol acumuló 220 muertes desde el retorno de la democracia en 1983, justo cuando el Estado empezó a involucrarse directamente con leyes para combatirla. La ONG Salvemos al fútbol, que preside el exjuez Mariano Bergés, elaboró un informe muy documentado que demuestra que todo lo hecho por el Estado hasta ahora fracasó y que en el período de Mauricio Macri como presidente y de Patricia Bullrich como ministra de seguridad se trabajó con una lógica de que “el hincha de fútbol es un sujeto potencialmente peligroso que debe ser controlado y no un sujeto de derechos que debe ser cuidado”. Por eso se instaló el programa “Tribuna Segura”, que le permite a la policía (en una medida de dudosa constitucionalidad) pedir documentos a todos los espectadores, sospechando que todos son delincuentes o sujetos violentos.

La realidad demuestra que para bajar la violencia no hay que mostrar hostilidad y hasta represión, sino todo lo contrario, es decir, darle comodidad a los espectadores y un trato amable. Normalmente las personas “tratadas como personas” se comportan “como personas” ahora si se los maltrata, pueden convertirse en sujetos violentos. Aquellos que vamos a la cancha, con el privilegio de ser periodistas y pasar algunos retenes, vemos cómo se maltrata a los espectadores en las colas de las populares para entrar y cómo los barrabravas tienen algunos privilegios. Un hincha para ingresar a una tribuna popular tiene hasta que descalzarse y mostrar que tiene en todos sus bolsillos, como si fuera un delincuente y esa fue la lógica que aplicó este Gobierno.

Lo cierto es que con “Tribuna segura” se controlaron a tres millones de personas, de las cuales se les prohibió la entrada a 3.200 que tenían “derecho de admisión”, menos del 0,1%, y eso que el Gobierno subió de 1.500 personas que tenían prohibición judicial a 5.000, con el agravante de que no se les comunicó a los involucrados y muchos fueron “de buena fe”, sin saber que no podían entrar y les terminaron labrando un acta de contravención. Este operativo sirvió para detener en cuatro años a 752 personas que tenían pedido de captura por hechos ajenos al fútbol.

La lógica marketinera del Gobierno fue con el slogan del “combate a las barrabravas para que vuelva la familia a la cancha”, pero, salvo en contadas ocasiones, nunca le permitieron al visitante volver y muchas veces, cuando lo propusieron, los propios clubes locales se opusieron a que se juegue con dos hinchadas. La medida de prohibir a los visitantes fue hecha por el Gobierno de Cristina Kirchner, a pedido de Javier Castrilli, que en aquel momento era el encargado de la seguridad deportiva, y no sirvió para nada porque no atenuó la violencia, sino que creó una nueva forma de violencia entre sectores de la barra que luchaban por privilegios y por negocios.

En esto de sacarle negocios a los barras se basó el actual Gobierno para prohibir la venta de choripanes en las cercanías de los estadios porteños, con lo que dejó sin trabajo a mucha gente que completaba su salario con ese negocio. Eso tampoco sirvió para mejorar la situación por lo que ir a la cancha parece seguir siendo una odisea para la gente pacífica, que ahora tampoco puede ver sin pagar el fútbol por televisión porque llega codificado.

Según el informe de Salvemos al fútbol: “La gestión Macri le dio una fuerte impronta policialista que genera un gasto excesivo del Estado, que obliga a las fuerzas de seguridad a prever una asignación desmedida de recursos humanos, que no logra resolver la prohibición del público visitante y que no se sostiene sobre protocolos de actuación policial”.

Los costos de los operativos policiales son prohibitivos para los clubes, que tienen que poner más plata que la que recaudan por venta de entradas y no solucionan ni menguan el problema, sino que a veces lo complican porque la mayoría de los incidentes son entre hinchas violentos y la policía. Un sabio en organización deportiva como fue Juan Carlos “Tito” Lectoure decía “Diez policías uniformados es presencia policial y seguridad, en cambio cien policías es para que se arme lío seguro, aunque sea para justificar el operativo”. En la Argentina se han hecho operativos con mil policías, que ni siquiera pudieron proteger al micro de los jugadores, como pasó en el famoso River-Boca que tuvo que suspenderse y terminar jugándose en Madrid.

El problema de la violencia en el fútbol es un tema muy complejo porque las barrabravas se convirtieron en verdaderas empresas que venden violencia y porque tienen muchos clientes dispuestos a pagarla. También es un problema social, en el que el fútbol parece ser la descarga de todas las tensiones sociales que tiene el ser humano. El premio nobel de literatura Albert Camus decía que “el fútbol es la excusa que tienen los pueblos para poder odiarse, sin tener que matarse”. En su tiempo (mediados del siglo veinte) era así, ahora también se matan.

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