Espectáculos

La profusión de actividades de arte logra seducir, pero aturde

La siempre caudalosa oferta artística de Buenos Aires superpone muestras de museos, galerías porteñas y más de 20 instituciones.

Poco antes de la apertura de la feria Arte BA y su paralela MAPA, la siempre caudalosa oferta artística de Buenos Aires ya había sumado las muestras de museos, galerías porteñas y más de 20 instituciones públicas y privadas. Luego, con un ímpetu novedoso, las actividades de la Semana del Arte y del programa Art Basel Cities, se sucedían sin pausa durante una seguidilla imposible de abarcar.

Mientras unos celebraban la agitación de esos días, la aceleración y el vértigo, otros tomaban distancia de una velocidad que aturde. Gente con la mirada entrenada disfrutaba de una escena tan poblada que acertaban a comparar con las de Miami o Nueva York. Pero gente también entrenada, sabe que el arte, por su propia naturaleza, demanda un tiempo prolongado de análisis y contemplación.

Los apurones suelen provocar inconvenientes. Y, de hecho, le trajeron dolores de cabeza a más de uno. Para comenzar, la joven galerista María Calcaterra, que realizó la primera operación millonaria del arte argentino, desdeñó la oferta del Museo Malba y vendió una obra cumbre de Jorge de la Vega en pocos minutos, con una urgencia acaso desmedida. El comprador le reclamó permanecer en el anonimato cuando nadie hablaba de otra cosa. Así quedaron expuestos los nombres de los personajes poderosos. En medio de la ansiedad, los compradores terminaron por apurar sus adquisiciones y antes de que arte BA abriera sus puertas, gran parte de las 80 galerías de la feria celebraban sus ventas.

A instancias del fotógrafo y curador Facundo de Zuviría, Eduardo Costantini junto a su equipo, seleccionó una carpeta de imágenes de George Friedman, hasta hoy desconocido fotógrafo de fotonovelas. Lo curioso fue el aplauso del público, festejando la transacción como si fuera una hazaña. Este episodio ilustra la confusión reinante, porque ventas excelentes se realizaron y muchas.

El Gobierno porteño compró hace tres años el proyecto de Art Basel. La feria suiza más poderosa del mundo ofreció sus servicios para convertir a Buenos Aires en un centro del arte mundial y firmó un contrato por más de dos millones de dólares. Nadie acierta a revelar si los suizos que, este año terminaron su trabajo, cumplieron aunque sea en parte con su objetivo. Lo cierto es que la dimensión arrolladora de las acciones porteñas impide cuantificar la experiencia. Muchos visitantes y compradores extranjeros llegaron de la mano de los suizos, pero otros tantos están financiados por el Estado nacional.

Este año la feria FACA, que realizó dos ediciones en el Hipódromo de Palermo, abrió la tercera en Chacarita con un nuevo nombre, MAPA, y el mismo director, Agustín Montes de Oca. El lugar tiene el encanto de un galpón abandonado y la experiencia resultó positiva. El ministro de Cultura porteño, Enrique Avogadro, sabe que MAPA no cuenta con los generosos aportes financieros que a lo largo de casi 30 años supo reunir arte BA y visitó cada uno de los estands.

Entretanto, el Museo Nacional de Bellas Artes abrió las nuevas salas dedicadas al arte prehispánico con la donación de 1583 piezas del coleccionista Matteo Goretti que ocupan entre un 70 y un 80 % de la formidable exhibición que se completa con los metales de la colección Di Tella. Allí mismo están las deslumbrantes tablas de la Conquista de México con incrustaciones de nácar y las salas de arte argentino del siglo XIX, con una pintura del viajero Monvoisin cedida en calidad de préstamo, “Soldado de la guardia de Rosas”. Las exposiciones temporarias de Carlos Alonso y Diana Dowek traen al presente el temor y el horror de los tiempos de la dictadura. Por su parte, Gastón Burucúa investiga en una muestra y en un seminario en la Biblioteca Nacional, los postulados teóricos del historiador alemán Aby Warburg. Burucúa fue un precursor, analiza desde hace décadas estos fundamentos teóricos, antes de que Didi Huberman colocara su nombre y sus ideas en el candelero.

En el Parque Semana del Arte, en Plaza Francisco Seeber (av. Sarmiento y Libertador), se levantó un pabellón para albergar desde la mañana a la noche, arte público, los ciclos de conferencias, performances y el cine del Bafici. Allí estaban las obras de Carlos Huffmann, Luna Paiva, Margarita Paksa, Mariana Telleria y Marie Orensanz.

El francés Paul Virilio destaca en su libro “Velocidad y política”, un texto para leer y releer, que el drama de nuestra época es que la misma ciencia que prolonga indefinidamente la esperanza de vida, “nos arroja a un torbellino de agitación cuyo ritmo vertiginoso no cesa de acelerar, y lo que debería ser fuente de comodidad termina generando unas condiciones de vida que nos enferman, como manifiesta el nuevo malestar en la cultura que expande su influencia, silente pero lacerante, en la plenitud de su pujanza”. Sin embargo, frente al aturdimiento reinante, es preciso recordar que el arte debería ser una isla de calma y desaceleración, ajeno a estos impulsos frenéticos.

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