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La "Revolución de los Aviones" transita zona de turbulencias

Tras la devaluación, las aerolíneas apostaron al mercado interno para compensar la caída de pasajeros internacionales. Pero eso no alcanza.

El 14 de septiembre pasado en estas mismas páginas publicamos una nota con el título “Vuelos de cabotaje: aumentan viajeros pero caen ingresos”. Se alertaba en ese texto sobre un fenómeno de alto riesgo para el mercado aerocomercial argentino: la combinación letal que implicaba el fuerte aumento de los costos en dólares de las líneas aéreas con ingresos en pesos devaluados. Esto, sumado a una competencia feroz por ver cuál era la compañía que ofrecía los precios más bajos en el marco de la irrupción low cost y la eliminación del piso tarifario.

La “Revolución de los Aviones” impulsada por el Gobierno entró en zona de turbulencias y destino incierto. El secretario general del gremio de pilotos APLA, Pablo Biró, la rebautizó “La Devolución de los Aviones”, en función de lo que está pasando con algunas compañías que redujeron sus flotas.

Casi tres meses después quedó armado un panorama que dista mucho de ser el que imaginaban sus protagonistas. En ese lapso la crisis económica se siguió profundizando y arrastró al sector aéreo al mismo pozo.

Así, las principales compañías que vuelan dentro del país quedaron expuestas de distinta manera:

Aerolíneas Argentinas: la crisis puso al desnudo todas sus urgencias financieras, se postergó el objetivo de llegar al equilibrio operativo en 2019 y este año aumentaron los subsidios que la compañía necesita para sobrevivir. “La empresa está virtualmente quebrada”, se sinceró su presidente Luis Malvido. El futuro de la aerolínea de bandera pasó a ser motivo de un debate nacional que promete seguir escalando en los próximos meses. Los gremios están en alerta por la discusión paritaria y rechazan la política aerocomercial.

La compañía decidió no avanzar con el recambio de dos aviones de fuselaje ancho usados para vuelos intercontinentales. Y optó por reducir frecuencias y destinos en plena temporada de vacaciones.

Reclama a los gremios que acepten renegociar algunas condiciones laborales que serían contrarias a los objetivos empresarios de mejorar la productividad.

LASA: esta línea aérea comenzó a volar hace poco más de un mes desde Neuquén a diferentes puntos de la Patagonia. A fin de noviembre suspendió sus operaciones y dijo que seguirá así hasta mañana, sábado 8 de diciembre, mientras busca nuevos socios para poder seguir operando. Lejos de cualquier eufemismo, su director, Juan Carlos Silenzi, atribuyó la decisión a la situación económica actual del país, la devaluación del peso y la dolarización del combustible. También dijo que todo lo anterior sumado a “la perforación de la banda mínima de tarifas, hacen un combo explosivo que lleva a nuestra compañía a reconfigurarnos para continuar con las operaciones”.

“Por este motivo -añadió en un comunicado- Lasa sale a la búsqueda de socios estratégicos para atravesar esta coyuntura”.

Andes: la compañía de capitales nacionales llegó a ser la tercera del mercado doméstico detrás de Aerolíneas/Austral y Latam. La crisis la obligó a devolver cuatro aviones que utilizaba para vuelos chárter a Brasil y el Caribe. Quedó con su flota para vuelos regulares dentro del país. Esto derivó también en un recorte de personal, que fue reubicado en las empresas de bajo costo Norwegian y JetSmart. El gerente general de Andes, Horacio Prenestes, denunció en una entrevista publicada a mitad de octubre en Ámbito Financiero que en este contexto sólo podrán sobrevivir “las empresas extranjeras que llegan con espaldas para perder plata y ofrecer servicios a precios de dumping”.

Vuelos

Latam: la compañía levantó rutas y viene subsidiando las pérdidas en Argentina con ingresos provenientes de otros destinos regionales del grupo. Desde marzo próximo dejará de volar la ruta entre Tucumán y Santiago de Chile y San Pablo. Desde la empresa evitaron plantear crudamente el escenario económico que impulsó esa decisión, pero desde el gobierno tucumano apuntaron hacia la política económica nacional. El titular del Ente de Turismo, Sebastián Giobellina, dijo que era imposible sostener un plan de negocios que se armó cuando el dólar estaba en $17 y que ahora se acerca a 40 pesos.

Las low cost Flybondi y Norwegian parecen haber quedado mejor paradas frente a la crisis que las aerolíneas tradicionales, que tienen una estructura de costos más grande. Sin embargo, ambas moderaron el ritmo de incorporación de aviones y terminarán 2018 con menos aeronaves que las proyectadas a la espera de ver cómo arranca el año nuevo. Lo mismo pasó con los planes de expansión de la versión local de la colombiana Avianca. La panameña Copa también redujo frecuencias entre ciudades argentinas y el Caribe.

Igual, las perspectivas de corto plazo no son las mejores, según admiten los propios empresarios del sector. “Ahora hay que adaptarse a las condiciones de mercado para sobrevivir. Y luego esperar que la situación se estabilice. Que baje el combustible, que haya certidumbre sobre el tipo de cambio, que se frene la inflación, que se recupere el nivel de actividad, y que la gente vuelva a considerar la posibilidad de volar”.

La rentabilidad del mercado doméstico, pese a que se sumaron pasajeros, sigue sin ser suficiente para compensar las pérdidas que ocasiona el aumento de los costos dolarizados.

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