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La Rosa, o el arte de captar la expresión de un rostro

Para el artista, seguir pintando o dibujando retratos o autorretratos se ha convertido en un lugar de resistencia y en un encuentro con la naturaleza.

Según las estadísticas el número de selfies llega a más de 1.500.000 por día, hay más de 24 tipos de selfies, por lo que el autorretrato tiene ya características de plaga.

Sin embargo para el artista que aún cree que la pintura o el dibujo no se han extinguido, seguir pintando o dibujando retratos o autorretratos se ha convertido en un lugar de resistencia.

Ese es el lugar elegido desde siempre por Martín La Rosa y con mayor razón el desafío de su actual muestra en Otto Galería.

En su texto el artista confiesa que "pintar es un diálogo, una forma de autorretrato, un encuentro con la naturaleza y el paisaje, una conversación con la persona y el retrato"

En general, al artista siempre le ha fascinado tratar de captar las posibilidades expresivas de un rostro que revela sus estados emocionales y psicológicos.

¿Qué significa hacerlo hoy? Es una actitud subjetiva y vale la pena recordar que a partir del siglo XX no importa captar la identidad del retratado sino la interpretación del artista.

Tampoco se trata de la idealización de la belleza, en nuestra contemporaneidad también está aquello del horror que obliga a cerrar los ojos y también lo fragmentario para que el espectador pueda reconstruirlo.

En "Diálogos", título de la muestra, no sólo hay rostros, sino torsos, que muestran la serenidad de la pose, la superficie tersa de los óleos y un cromatismo que puede llegar a confundirse con una foto en blanco y negro e infinitos matices de grises.

La Rosa domina su técnica pero no es solamente lo que se desprende de la observación de estos magníficos retratos, personas a las que es difícil identificar con excepción de aquél de Rembrandt, "Autorretrato con gorguera", realizado en 1629 a los 23 años perteneciente a la FrickCollection al que el artista revisita cada vez que se encuentra en Nueva York.

También debe recordarse que Rembrandt pintó más de 40, sin concesiones, desde su desafiante estampa de juventud hasta los estragos de la vejez.

La Rosa lo interviene con moscas caladas que revolotean por su imagen, quizás como un anticipo de cómo sería en las postrimerías de su vida. Con esta intervención, lo modifica y evita caer en el cliché de pintar a la manera de.

Con "Pájaro de Nueva York", La Rosa inicia una nueva serie de diálogos que metafóricamente se relacionan con la fragilidad del hombre. Este magnífico tríptico muestra a un pájaro que el artista vio sorpresivamente sobre una vereda y "me hundieron en la necesidad de trasladar aquellas sensaciones a una pintura".

Paraná 1158. Martes a viernes de 11.30 a 13hs y de 15 a 19.30hs Clausura el 5 de agosto.

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